La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

Las pantallas empezaron a parpadear con luces de colores, como si fuera una enorme ruleta. Cogí con más fuerza las riendas de Liberty, que ya no se había movido ni un centímetro de mi lado. Estaba completamente inmóvil, casi tan impresionado como yo.

—Vamos a empezar —dijo el presentador—. Para todo el público, el examen de Olivia tratará sobre las disciplinas ecuestres. Y qué mejor manera de empezar que por la tuya: doma clásica.

Bien. Doma. La sabía seguro. O eso esperaba.

—Primera pregunta: DOOOOMA CLÁSICA —dijo con energía mientras nos colocábamos en la primera sección.

En la pantalla, empezó a escribirse la pregunta en letras grandes mientras el presentador también la leía de manera simultánea.

—En una reprise de doma clásica, si un caballo pisa fuera del cuadrilongo con una de sus extremidades, ¿se consideraría eliminación automática o habría alguna penalización específica?

—El presentador me acercó el micrófono y sentí la boca seca.

Vale, Olivia, esto lo sabes. Has estudiado el reglamento de pe a pa.

Pasaste un trimestre entero con este tema.

Aunque, claro, también es el que menos había repasado en estos días.

Pero sabía la respuesta.

—No se considera eliminación ni hay penalización. Debe salir con las cuatro extremidades para ser una eliminación.

Mi voz resonó por todo el estadio, clara y firme.

El presentador sonrió.

—Y es… ¡correcto! Puedes avanzar a la siguiente sección.

Suspiré con alivio y avance hacia delante con Liberty. Una pregunta menos de la que preocuparme.

Segunda pregunta:

—Vamos con raid —comentó el presentador.

Vale. No era mi disciplina, pero Emily había preparado unos superesquemas de raid, que había leído varias veces. Seguro que algo me sonaba.

—¿Cuántas veces se debe presentar un caballo en el vet-gate y superarlo en una prueba de ciento sesenta kilómetros? —dijo el presentador.

Sentí un escalofrío. Mi mente trabajó a toda velocidad, intentando recordar. Sabía que, en las pruebas de raid, los caballos tenían que pasar por controles veterinarios antes del inicio, después de cada fase y al final, y que variaba según la distancia, pero… ¿cuántas fases había en un raid?

Cinco. ¿O seis? ¿Se contaba la final?

—Cinco —dije sin estar convencida del todo.

El presentador hizo una pausa y sonrió con algo de pena.

—Lo siento, Olivia, pero la respuesta es incorrecta. Son seis. Cinco más la inspección final.

¡Maldita sea!

Miré dentro de la sección delimitada y vi el obstáculo que quedaba en medio. Un salto de sesenta centímetros. Bueno, nada complicado, pensé, hasta que el presentador habló de nuevo.

—Olivia, tu challenge por haber fallado esta pregunta es este obstáculo de sesenta centímetros, pero no puedes tocar a tu caballo para superarlo.

Parpadeé.

—¿Perdón? —dije sin terminar de entenderlo.

—Debéis saltarlo juntos, pero sin montar a Liberty ni tocar sus riendas.

Tragué saliva. Saltar estando encima de Liberty era una cosa. Hacerlo uno al lado del otro y sin tocarlo era otra historia.

—¿Puedo al menos dar un par de vueltas antes? —dije, pensando en poner en práctica lo que habíamos aprendido con Magnus en nuestra introducción a la doma en libertad.

El presentador asintió y solté las riendas, dejando a Liberty a mi lado y respirando.

Empecé a andar con él, haciendo algunos cambios de velocidad, de paso largo a paso reunido, para asegurarme de que se mantenía a mi lado, atentos el uno al otro. Lo coloqué recto hacia el obstáculo junto a mí, alineados como si fuéramos uno solo.

Respiré hondo, empecé a trotar suavecito mientras él seguía mi ritmo, y salté. Mis pies pasaron al otro lado sin problemas y, justo a mi lado, Liberty saltó conmigo.

El público enloqueció.

Pero Liberty…, bueno, Liberty decidió que era el momento de celebrarlo. Salió disparado en línea recta, dando pequeños botes de alegría.

—¡Liberty! —grité, sin saber si reír, preocuparme o salir corriendo e ir detrás de él.

Pero no hizo falta. Apenas había dado diez trancos cuando se detuvo en seco, giró la cabeza y volvió trotando a mi lado.

Sonreí y le acaricié el cuello.

—Gracias, compañero —le dije mientras escuchaba las gradas reír.

El presentador no nos dio mucho tiempo para relajarnos.

—¡Muy bien, Olivia! Has superado el reto. Procedamos con la tercera pregunta —dijo mientras nos colocábamos en la siguiente sección.

Las luces volvieron a parpadear en la pantalla, y el nombre de la siguiente disciplina apareció en letras grandes.

Escuché al presentador leer la pregunta:

—Vamos con otra disciplina, horseball . ¿Cuántos pases mínimos deben hacerse entre jugadores diferentes antes de que un equipo pueda marcar gol en una competición oficial?

Mi mente trabajó rápido. Segundo trimestre, Olivia. Piensa. Habíamos jugado un día en la Academia Internacional de Horseball, y esta pregunta era bastante básica. Esperaba que no hubiera trampa.

Recordé los apuntes de Grace. Lo tenía subrayado bien grande.

—Tres pases a tres personas diferentes.

El presentador hizo una pausa dramática y luego sonrió.

—Y… avance, señorita, porque… ¡esta respuesta es correcta!

Sentí un alivio inmenso. Tres de diez. Dios, quiero que esto termine ya, pensé.

Una vez más en la pantalla, apareció el nombre de la siguiente disciplina: completo y la grada respondió con un estallido de aplausos y vítores.

El presentador leyó la siguiente pregunta sin darme tiempo a relajarme:

—Vamos a por la cuarta, si un jinete supera el tiempo máximo en la prueba de cross , ¿qué sucede?

Fácil.

Sonreí, porque esta me la sabía de sobra.

Me acordaba perfectamente de haberle preguntado a Grace mil veces qué pasaría si alguna vez me presentaba con Liberty a un cross y lo hacíamos a ritmo de tortuga.

Siempre me respondía lo mismo: «Olivia, os eliminarían por exceso de tiempo a vuestro ritmo domero».

—Eliminación inmediata.

—¡Correcto! ¡Siguiente pregunta!

Habíamos llegado casi al ecuador de la prueba y mi balanza era más bien positiva hasta el momento.

La organización, para hacerlo ágil, giraba la ruleta digital en la macropantalla inmediatamente después de que yo acabara de contestar la pregunta, y en ese momento apareció la siguiente disciplina: western .

Era la quinta pregunta y ya no sonreí tanto.

—Si un jinete cruza la línea de salida antes de que el juez dé la señal, pero no empieza la maniobra, ¿qué penalización recibe?

Western . Joder. Era de Emily, y la verdad es que me entraba sueño cada vez que empezaba a leer los apuntes.

No tenía ni idea. En mi vida había practicado reining o barrel racing y menos visto una competición. Apenas había prestado atención cuando nos enseñaron lo básico en la clase de disciplinas.

Respiré hondo y respondí lo primero que me vino a la cabeza.

—Penalización de… cinco puntos.

El presentador negó con la cabeza.

—Lo siento, Olivia. Respuesta incorrecta.— anunció mientras el público dejaba escapar un lamento.

Suspiré, ya esperando ver que era el nuevo reto, ya que en la sección en la que estábamos no había objetos ni nada que indicara lo que iba a tener que hacer.

—Para superar esta sección, tendrás que completar una serie de ejercicios físicos: quince flexiones, cien jumping jacks , quince burpees y treinta sentadillas. Todo en menos de cinco minutos.

Una cuenta regresiva apareció en la pantalla gigante. El público gritó y me animé un poco al escuchar el apoyo.

Vale, Olivia, tú puedes. Tampoco es tanto, ¿no?, pensé.

Me puse en posición y empecé con las flexiones. Las primeras fueron fáciles, pero a partir de la décima empecé a sentir que mis brazos fallaban. Apreté los dientes y seguí.

Los jumping jacks los hice rápido, sintiendo cómo mi respiración se aceleraba. Pero los burpees …, eso fue otra historia.

Cada salto se me hacía eterno; además, eran burpees completos con flexión incluida, por si antes no había hecho ya suficientes flexiones, pero en mi cabeza solo escuchaba la voz de Mark, gritándome en cada sesión: «Vamos, Olivia, más rápido, no quiero tortugas aquí».

Cuando terminé las sentadillas, miré la pantalla.

Cuatro minutos con treinta y dos segundos.

Lo había conseguido.

Me dejé caer de rodillas un segundo, respirando con dificultad. El público aplaudía y yo solo quería agradecerle a Mark por haberme machacado tanto el último mes.

—¡Reto superado! —anunció el presentador—. ¡Sigamos con la sexta pregunta!

Todavía con la respiración entrecortada, leí en la pantalla: salto de obstáculos.

—Si un jinete sufre una caída después del último obstáculo, pero antes de cruzar la línea de meta, ¿su recorrido es válido o queda eliminado? —preguntó el presentador.

Esto lo tenía claro.

—Eliminación automática —contesté aun intentando recuperar el aliento.

—¡Correcto! ¡Puedes avanzar!

Suspiré. Ya llevaba seis preguntas. Cuatro más y terminaba. Pero ¿cuántos retos más me tocaría hacer? Este último me había dejado muy cansada.