La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

Jack se despertó a mi lado. Últimamente pasaba más noches en mi habitación del ala oeste que en la suya.

No me importaba, me gustaba despertarme y encontrarlo allí, con su pelo revuelto y su eterna sonrisa.

Lo que sí me preocupaba era que en cualquier momento Mrs. Sabina o Mark aparecieran por sorpresa.

Y entonces sí que estaríamos en problemas.

Jack abrió los ojos poco a poco y sonrió mientras lo miraba.

—Buenos días, Rompenormas.

No pude evitar sonreír.

—Buenos días.

Me senté en la cama y miré el móvil. Ya me habían retirado la venda del brazo hacía unos días, y ahora solo tenía algunas pequeñas ampollas y el vello un poco chamuscado, aunque apenas me molestaba.

No quedaba mucho para que anunciaran la prueba de hoy.

Algo me decía que esta iba a ser complicada también.

Jack se apoyó en un codo y me miró con curiosidad.

—¿Qué pasa?

—Nada…, solo que tengo la pequeña esperanza de que esta vez sea un examen en un aula. Ya sabes, papel y lápiz. Sin jugarnos la vida.

Jack se rio.

—Olivia, ¿cuándo has visto que algo en esta academia sea normal? Además, ¿cómo iban a grabar eso?

—Ya…, sería aburrido para la gente que sigue las pruebas.

Aunque lo último que iba a perder era la esperanza. Seguía dándole vueltas a lo que Mrs. Sabina me había dicho los días anteriores: «Prepárate bien, Olivia. Una respuesta incorrecta puede ser muy dura».

Cuando salimos de la habitación, como siempre, había un papel colgado en el tablón con las instrucciones del día.

En el estadio a las diez para afrontar la siguiente prueba. Debéis venir con vuestros caballos preparados.

Marie, que pasaba por allí con una taza de café, frunció el ceño y lo leyó en voz alta.

—¿Nuestros caballos? —dijo—. ¿Qué pintan en un examen de un libro?

Magnus suspiró.

—Yo ya no sé qué podemos esperar.

Emily, Brooke y Jack me habían ayudado a estudiar lo mejor que pudieron. Cada noche repasábamos, hacíamos preguntas y buscábamos formas de memorizar datos importantes. Pero nada de eso serviría si lo que nos tenían preparado no era lo que esperábamos.

Volver al estadio una vez más me ponía nerviosa.

Todo estaba tan lleno de vida que costaba no quedarse mirando. Había colores por todas partes: banderas gigantes que ondulaban sin parar, camisetas de todos los tonos, globos, carteles, caras pintadas. La gente no paraba de gritar, de reír, de cantar…

Cuando fueron las diez, nos llamaron para la reunión inicial como antes de cada prueba, ya se había vuelto costumbre:

— ¡Riders! —exclamó Mr. Thomas—. Bienvenidos a la tercera prueba.

Con esta, vamos a pasar el ecuador de la Copa de Naciones.

Ya solo quedáis siete jinetes. Aunque Trovao está bien, el equipo de Portugal ha decidido abandonar la copa.

Como pudisteis averiguar con la llave, cada uno de vosotros tiene un tema sobre el que responder preguntas.

Cada respuesta válida os dará paso a la siguiente.

Son diez en total, pero pensad bien la respuesta, porque si dais una respuesta errónea, vais a tener que afrontar un desafío.

Si pasáis el desafío bien, vuestra puntuación será como si hubierais dado una respuesta correcta. Hasta aquí puedo contar.

Mr. Thomas hizo una pausa, dejando que asimiláramos la información.

—Mucha suerte a todos. Que gane el mejor.

Hicieron el sorteo y, para mi desgracia, fui la segunda. Ya no sabía qué era peor, si ser de las primeras o la última. Pero bueno, al menos así me lo quitaba de encima rápido.

Antes de entrar, miré mi teléfono. Todos nos estaban deseando suerte a mí y a Liberty, pero el mejor mensaje fue el de Jack: una foto de él y Mark con el pulgar hacia arriba que solo decía: «Esperamos que hayas desayunado bien hoy. Suerte, Rompenormas».

¿Desde cuándo estos dos veían las pruebas juntos y eran tan amiguitos?

Entré a pie con Liberty, hablándole en voz baja mientras andábamos por el pasillo estrecho que se abría al estadio.

Necesitaba que estuviera tranquilo, pero cuando la luz nos dio de lleno, salimos a la pista y el público estalló en aplausos, Liberty se puso a piafar en el sitio, nervioso, intenté calmarle y sorprendentemente lo conseguí con un par de caricias en el cuello.

Miré a mi alrededor y vi carteles con nuestros nombres.

Olivia y Liberty, os queremos.

Se me hizo un nudo en el estómago.

En el centro de la pista había una tarima con el presentador y, alrededor, varias líneas dibujadas en la arena que iban del centro a las gradas y dividían el espacio en diez secciones. Cada una tenía algo distinto: obstáculos, muros, conos y hasta una señal de salida y meta.

Entonces lo entendí.

Cada una de esas diez partes era una pregunta. Si la respondía bien, avanzaba. Si me equivocaba, tenía que superar el reto que había en esa zona.

El presentador me sonrió y habló por el micrófono.

—¡Damos la bienvenida a nuestra segunda participante! ¡¡¡Olivia!!! —Hizo una breve pausa—. ¿Has escuchado cómo gritan tu nombre?

El estadio rugió de nuevo. Intenté no distraerme.

—Espero que te hayan explicado bien cómo funciona esto —continuó el presentador.

En las grandes pantallas del estadio aparecía mi cara. Me veía tensa en la imagen.

—No pongas esa cara de susto, Olivia, lo estás haciendo genial. ¿Empezamos? —dijo el presentador.

Respiré hondo y acaricié a Liberty, preparada para responder a la primera pregunta.

—Sí…