CAPÍTULO 20 #2
Uno a uno, los caballos y sus jinetes empezaron a demostrar lo que sabían hacer.
Galopaban en círculo alrededor de sus jinetes sin cuerda, sin voz, sin contacto.
Se detenían en seco con una mirada y cambiaban de dirección, hacían paso español sin que nadie los tocara, ¡y todo sin cabezada!
Era como si cada caballo estuviera conectado por un hilo invisible a su jinete.
Se miraban, se entendían, se movían juntos.
Era mejor que cualquier espectáculo ecuestre que hubiéramos visto nunca.
Brooke y Emily estaban literalmente boquiabiertas. Jack no decía nada, solo miraba, como si su mente estuviera a punto de explotar.
—Yo quiero eso —dijo Harper al fin, con voz bajita, como si hablara para sí misma—. Quiero aprender a trabajar así.
—Yo también —añadí en voz más alta, sin pensarlo.
Magnus se acercó a mí con una sonrisa.
—¿Quieres probar algo con Liberty? Puedo darte una pequeña introducción al trabajo en libertad, aunque para llegar a este nivel son años, los entrenamientos de doma clásica se pueden compaginar con target training o refuerzo positivo.
Obvio que dije que sí. Algo más diferente que hacer con Liberty, pensé, seguro que en la academia están encantados de tener un caballo aún más polivalente.
Fui a buscar a Liberty, que estaba tranquilamente en su paddock comiendo heno. Cuando me vio llegar con la cabezada, levantó la cabeza y vino hacia mí como si supiera que íbamos a hacer algo diferente. Y tenía razón.
Magnus empezó enseñándonos lo más básico: cómo respetar el espacio y esperar a que él se interese por ti y el juego.
Al principio me sentía un poco ridícula, como si no supiera ni andar, porque Liberty no entendía que tenía que ir a mi lado, pero con unas cuantas vueltas, Liberty no se alejaba de mi lado.
Después, pasamos al target training . Magnus me dio un pequeño palo con un trozo de churro de piscina en la punta.
—Esto es un target —me explicó—. Le vamos a enseñar a seguirlo. Al principio solo tiene que tocarlo con el hocico y, cada vez que lo haga, le das una recompensa.
—Refuerzo positivo, siempre he escuchado hablar mucho de él, pero ¿en qué se diferencia de lo que hacemos nosotros?
—Existe el refuerzo positivo y el refuerzo negativo, que se llame negativo no significa que sea malo, simplemente es una manera diferente de entrenar, te lo voy a mostrar con ejemplos —dijo Magnus—.
El positivo se utiliza para lograr una acción que deseas mediante un estímulo que le guste al caballo.
En mi caso, con Skadi, utilizo un sonido que asocia con haber hecho algo bien, y lo recompenso con pellets de heno o trocitos de zanahoria.
Asentí mientras escuchaba con atención.
—En cambio, el refuerzo negativo —continuó Magnus— funciona por presión. Por ejemplo, se busca conseguir una acción usando algo que le resulta incómodo al caballo; cuando realiza la acción que queremos, retiramos ese estímulo o presión.
—Entiendo —dije—. Entonces, ¿este último es el que usamos más para domar los caballos dentro de las disciplinas más comunes?
—Exacto, vamos a probar un poco —finalizó Magnus.
Empezamos con el refuerzo positivo, que era la base para después pasar al target training .
Al principio, Liberty no entendía qué queríamos.
Me miraba como diciendo «¿en serio?». Pero al cuarto intento, rozó el trozo de churro con el hocico.
Le di un trocito de manzana. Luego otra vez.
Y otra. En pocos minutos, seguía el target con mucho interés.
—¡Creo que le gusta! —dije, emocionada.
Magnus asintió.
—Tiene curiosidad. Es lo más poderoso que puede tener un caballo. Eso significa que está despierto mentalmente y tiene ganas de aprender.
Cuando acabamos, Liberty estaba relajado, contento, y yo…
alucinada. Nunca había conectado así con él.
Y Magnus me había dicho que hoy Liberty, aunque no lo pareciera, había pensado mucho.
Sentía que definitivamente habíamos abierto un nuevo método de entrenamiento que añadir a nuestra lista de trabajos variados de la semana.
Y por si el sábado no hubiera sido ya un sueño, el domingo fue de película.
Nos organizaron una excursión con los jinetes de España y de Francia para que les enseñáramos los alrededores de la academia.
Nos juntamos un gran grupo y salimos a caballo por los campos verdes que rodeaban el castillo.
Todos alucinaban con el color esmeralda de los prados.
Nil decía que en el sur de España los campos eran más bien verdosos amarillentos, ya que no llovía casi.
Mientras paseábamos al paso, Nil y su grupo, los jinetes de alta escuela de la Real Escuela de Arte Ecuestre de Jerez, iban charlando con nosotros, algunos con un inglés mejor que otros, y otros chapurreando spanglish , siendo extremadamente graciosos, y nos iban enseñando un poco lo que sabían hacer.
Al llegar a un sitio más plano, desmontaron, hicieron un nudo en las riendas y nos hicieron una pequeña demostración. Uno de ellos, con un precioso PRE castaño, empezó a hacer paso español. Otro hizo una posada de varios segundos en el aire.
Nos quedamos en silencio. Incluso los franceses, que estaban más acostumbrados a este tipo de trabajo, se quedaron embobados mirando tanta elegancia.