CAPÍTULO 18
Acaricié a Liberty con mucha tranquilidad, intentando respirar, a pesar de que por dentro me sentía desbordada. Al final, me había quedado solo con una camiseta de manga corta, porque tanta ropa encima aún me ponía más nerviosa y confiaba en que no iba a ser como la prueba anterior.
Cogí a Liberty de las riendas y tranquilamente al paso, entramos por un túnel oscuro de unos diez metros de largo que al final se abría al gran estadio.
Este era impresionante, mucho más grande de lo que imaginaba cuando lo había visto por fuera.
Había gente por todas partes: levantándose, sentándose, charlando alegremente con quienes tenían alrededor.
En la parte superior, ondeaban numerosos estandartes con los colores de las diferentes academias y países participantes, llenando el espacio de vida y color.
En uno de los laterales, dos grandes zonas acristaladas destacaban claramente.
En una de ellas, un grupo de técnicos y cámaras trabajaba concentrado, asegurándose de que la retransmisión y la producción audiovisual salieran perfectas.
La otra zona acristalada, mucho más exclusiva, parecía un área VIP; desde allí, la gente entraba y salía con total libertad, paseando entre cómodos sillones y con una vista privilegiada al espectáculo, lejos del bullicio de las gradas.
Los tambores resonaban en mis oídos mientras me dirigía al centro de la pista con Liberty, que parecía tranquilo, aunque observaba este nuevo lugar con mucha atención.
Yo sabía que, por dentro, también lo estaría pasando un poco mal, aunque no quisiera mostrármelo, porque se pegaba a mí sin dejarme casi espacio, como si buscara algo conocido.
El suelo era de sílice, perfectamente nivelado, con esa arena tan blanca que parece que brille bajo la luz del sol.
En cada esquina del estadio había enormes carteles con los símbolos de los cuatro elementos.
A lo lejos, en la esquina del fondo a la derecha, había una lona con un dibujo de una llama roja y naranja, y delante antorchas y un gran fuego.
A la izquierda, una enorme ola en unos tonos azules preciosos, aunque de momento no veía agua.
No sabía qué esperaba encontrar en la pista del estadio, pero ver esos carteles me dejaba claro que lo que íbamos a hacer iba a ser complicado.
El camino hasta el centro del estadio se me hizo eterno, nunca había estado delante de tanta gente, ni yo ni Liberty, y menos siendo yo el centro de atención, me sentía extremadamente observada.
El presentador empezó a hablar:
—Y ya tenemos aquí a la última participante de la prueba de hoy…
¡Oooooooliviiaaaaaa y Liberty! —La multitud aplaudió de golpe, creando una gran ovación.
—Efectivamente, tal y como comentamos durante la primera prueba, un binomio que hay que tener en cuenta y no perder de vista.
Olivia, tienes veinte minutos para pasar por todos los elementos.
Empezarás por el fuego, seguido del agua, aire y, finalmente, tierra, donde se encuentra la pista para la próxima prueba. Puedes empezar cuando quieras.
FUEGO
La voz del presentador tenía un tono que me hacía estar aún más tensa. No podía dejar que nada ni nadie me distrajera de mi misión: mantener la calma, superar esto y asegurarme de que Liberty estuviera bien durante la prueba.
Miré el primer elemento: el fuego. Tenía que pasar entre un camino de antorchas más bien estrecho, y después cruzar por en medio de un gran arco en llamas.
Sabía que eso no le haría ninguna gracia a Liberty.
Al fin y al cabo, el fuego es una de las cosas que más miedo le da a cualquier caballo.
Pero también sabía que él confiaba plenamente en mí.
Si yo me ponía a su lado y lo guiaba, él pasaría por donde yo dijera.
Tenía que ser rápida, porque solo teníamos cinco minutos por cada elemento, y el reloj estaba corriendo.
Decidí que debía preparar a Liberty antes de pasar por el fuego.
No iba a arriesgarme a que se quemara y empezaba a verle un poco nervioso.
Fuimos rápidamente a un lateral del estadio y cogí una tela que cubría parte de la valla.
Obviamente, por seguridad de todos, al otro lado del arco había mangueras con agua por si ocurría algún accidente, así que mojé bien la tela con agua, y luego se la puse a Liberty modo manta en el cuerpo.
Tampoco estaba muy empapada, pero sería suficiente para protegerlo un poco del calor intenso.
Después de taparle de la grupa a la nuca, también le tapé ambos lados de los ojos. Parecía un fantasma, impasible.
Para mí, el fuego también era aterrador, pero lo que más me preocupaba era que Liberty se asustara a la mitad y decidiera salir corriendo, desesperado, hacía algún lado.
Con una voz tranquila, lo guie hacia la primera parte del recorrido: el camino entre antorchas.
Por suerte, Liberty me estaba escuchando en todo, y en cuanto lo animé a andar, lo hizo sin problemas.
La multitud aplaudió en las gradas mientras avanzábamos, y aunque el calor aumentaba, Liberty seguía confiando en mí, paso a paso.
Pero lo peor aún estaba por llegar. Una vez pasado el camino, se levantaba delante de nosotros una estructura impresionante y aterradora al mismo tiempo.
Llamas por todos lados, rodeando el arco estrecho por el que debíamos cruzar.
Estaba diseñado para que pasáramos montados, pero, claro, yo iba a pie, guiando a Liberty, lo prefería de esta manera.
No estaba segura de si iba a pasar, pero lo miré una vez más, respiré hondo, y con toda la convicción del mundo, me lancé a través del arco de fuego, con Liberty a mi lado.
En cuanto cruzamos, el calor era insoportable.
Las llamas parecían tocar mi piel, más bien la tocaban, justo en mi brazo y aunque traté de mantener la calma, no pude evitar hacer una mueca de dolor.
—Vamos, Liberty, solo un poco más —le animé.
Me dolía el brazo por la quemadura, pero no podía quedarme ahí lamentándome. Habíamos conseguido pasar el arco, pero había más pruebas por delante y poco tiempo para hacerlas.
AGUA
Era el momento del elemento del agua, aunque por el momento no veía nada preparado.
Los tambores empezaron a sonar tan fuerte que el suelo del estadio vibró debajo de mis pies y de los cascos de Liberty, y un rincón de la pista comenzó a moverse. Giré la cabeza, justo a tiempo para ver cómo una gran plataforma se abría, revelando una piscina enorme.
—No puede ser… Esto tiene que ser una broma —murmuré.
—Prueba del elemento agua. En el fondo de esta piscina, hay un objeto que tenéis que recuperar. Recuerda que el jinete y caballo no pueden separarse. Fácil, ¿verdad? —comentó el presentador.
Sí, facilísimo. Como si nadar con un caballo fuera lo más normal del mundo, pensé viendo que Liberty ya estaba mirando el agua como si fuera lava.
Nos acercamos un poco más y Liberty dio un paso atrás.
Yo no, porque estaba demasiado ocupada mirando a mi alrededor como una loca, intentando encontrar algo que pudiera usar.
Sabía perfectamente que Liberty no iba a entrar ahí.
Nos había costado un mundo pasar el río de la primera prueba, ¡y eso que el agua apenas nos llegaba a las rodillas!
Esto era una piscina que seguramente nos cubría enteros.
Tenía una rampa de entrada y de salida, sí, pero aun así… ¡era mucho! ¡Muchísimo!
En medio de la piscina, en el fondo, había una especie de pelota bastante grande, y a juzgar por cómo se quedaba quieta, seguro que pesaba lo suyo.
Pensé en mi hermano, Tyler. Seguro que a él se le habría ocurrido una genialidad en segundos. Pero yo no era Tyler. Así que me obligué a ponerme en modo ingeniera en supervivencia.
Cerré los ojos un momento, respiré hondo y los abrí buscando…
¡lo que fuera! Cualquier cosa útil. Y entonces lo vi: una bandera caída en uno de los extremos del estadio.
El mástil era de fibra ligera, y el banderín estaba roto por la mitad, colgando.
Corrimos pie a tierra hacia allí y lo cogí. Era bastante largo y flexible.
Al lado, pegado a una valla, había un cubo lleno de utensilios de construcción varios. Me acerqué y lo vacié por completo. Solo cogí un alambre que iba a usar para atar el cubo al mástil, creando una especie de cuchara enorme.
Enrollé el alambre alrededor del mástil y el cubo. Usé un trozo del banderín roto para terminar de reforzar bien el invento, haciendo presión. No tenía ni idea de si eso iba a funcionar, pero era lo único que tenía.
—Vamos, Olivia, tú puedes —me dije bajito.
Nos acercamos a un lateral. Liberty se paró y ya no se movió, solo resopló y me miró. Le acaricié el cuello y le susurré:
—No hace falta que entres, pinky promise .
Me arrodillé al borde de la piscina y estiré mi invento como si fuera una caña de pescar rara. Me temblaban los brazos, pero conseguí empujar la pelota un poco hacia la rampa. No terminaba de poder introducirla dentro del cubo, pero al menos podía empujarla.
Avancé, empujándola poco a poco con mi invento, hasta que quedó a una distancia asequible. Entonces, metí un pie en el agua. Fría. Muy fría. Pero solo uno. Me incliné, alargué un brazo y… ¡la cogí!
La levanté como si fuera un trofeo.
Yo estaba casi seca. Solo con una bota mojada.
El público estalló en gritos y aplausos.
—Muy ingenioso… No os habéis separado — dijo el presentador, incrédulo—. No habéis tocado casi el agua. Y habéis conseguido el objeto.
—Cumple las normas, ¿no? —pregunté con una sonrisa. Por ser mi mote Rompenormas, esta vez me había controlado.
—Cumple. Y de forma brillante —contestó sorprendido.
Y el estadio comenzó a aplaudir una vez más.
AIRE