La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

No sabía bien cómo habían pasado los días tan rápido, apenas habíamos terminado la primera prueba y, de repente, ya nos encontrábamos a las puertas de la segunda. Casi sin darme cuenta, el mes de junio estaba a punto de empezar.

El clima al menos nos daba un respiro: la temperatura había mejorado y el cielo no amenazaba con ninguna tormenta repentina.

Después del caos de la última prueba, ya no confiaba en nada, así que me vestí con varias capas: manga corta debajo, una camiseta térmica de manga larga encima, sudadera, chaqueta e impermeable, toda la ropa que me permitiera adaptarme según lo que nos tuvieran preparado. Había aprendido bien la lección.

Me desperté sin hambre, con una sensación extraña en el estómago, una vez más, y una mezcla de nervios y expectación.

Por suerte, no tenía ningún mensaje de Mark atosigándome con el desayuno que debía tomar, así que me senté en mi minicocina y me preparé un bol de cereales con leche.

Intenté comer, pero cada cucharada se me hacía un mundo. Al final, lo dejé casi todo.

Al salir de la habitación, vi que en el pasillo nos habían dejado una nota, igual que en la anterior prueba.

Os vemos en el estadio a las diez para empezar la segunda prueba. Seguid las indicaciones de los carteles que pone «Jinetes» para saber dónde dirigiros, ya que tenéis un lugar preparado para esperar con vuestros caballos.

Respiré hondo. Esto empezaba ya.

Quedé con el grupo de aliados, Nil, Marie y Magnus, diez minutos después para bajar juntos del castillo y después separarnos para ir a preparar a nuestros caballos. Éramos una piña y eso al menos me tranquilizaba, sabía que no estaba sola en esto.

Liberty estaba tranquilo, lo cual me daba paz, pero no podía parar de pensar.

¿Y si era una prueba en la que él lo pasa mal?

¿Y si es peor que la anterior? No soportaría verlo sufrir.

Aun así, intenté no transmitirle mi tensión mientras le ajustaba la montura de Jack y repasaba cada detalle de nuestra equipación.

Le puse por segunda vez el outfit marrón oscuro de la Copa de Naciones que nos habían dado, pensando que, una vez terminara esto, lo iba a guardar para toda la vida y a enmarcar para recordarlo y contarles a mis hijos esta locura en la que había participado su madre en algún momento de su vida.

Cuando salimos del paddock , pusimos rumbo al estadio, la magnitud del evento me asustó un poco.

A diferencia de la primera prueba, en la que el tiempo no acompañaba y no se veía ni un alma, en esta había ríos de gente moviéndose por los alrededores.

Los organizadores habían habilitado varios parkings para que entraran todos los coches, furgonetas y motos de los espectadores que habían venido a ver la prueba.

Entre la multitud, veía caras pintadas con banderas, pancartas ondeando y grupos enteros de niñas con camisetas a juego.

Para mí, era una prueba. Para todos ellos, estaba claro que esto era un espectáculo.

A medida que me acercaba al estadio, mis nervios crecían sin control, eran tan mastodónticos como la estructura en la que nos encontrábamos.

Esta se alzaba casi veinte metros hacia el cielo, me recordaba a un gran coliseo.

Nunca habíamos ido por ese lado de la academia y, la verdad, me impresionaba muchísimo.

Estaba construido principalmente de piedra, con un aire antiguo que recordaba a un coliseo romano, pero con un toque moderno.

Las entradas estaban señalizadas con grandes letras A, B y C, para que el público supiera dónde sentarse.

Por todas partes, el logo de la Academia Rider decoraba el estadio, dando un aire oficial y elegante al lugar.

Al llegar a la zona habilitada para los jinetes, encontré a Marie, Nil y Magnus esperando con sus caballos. Sin embargo, ni rastro de los representantes de Alemania, Irlanda, Portugal y Países Bajos.

—¿Se habrán dormido? —bromeó Nil, apoyándose contra la valla con su sonrisa habitual.

—O les gusta crear tensión llegando en el último minuto —comentó Marie, cruzándose de brazos.

Atamos a los caballos juntos y pasamos el rato intentando distraernos hablando de nuestras academias y costumbres, pero era evidente que todos estábamos tensos.

Treinta minutos antes de empezar, nos llamaron para entrar en una de las salas privadas del estadio.

Al cruzar la puerta, nos sentamos en las sillas que había disponibles, el otro equipo, los The Elite Four , llegó a toda prisa, casi corriendo, con cara de estrés. Definitivamente no lo habían hecho a propósito, se habrían perdido, pensé.

—Justo a tiempo —murmuré para mí misma.

Ahora sí. Esto estaba a punto de empezar.

Cuando nos encontrábamos todos sentados formando un semicírculo, me fijé en el resto de los seleccionados, la gran mayoría habían tenido la misma idea que yo: capa sobre capa, como si estuviéramos en pleno invierno, aunque la temperatura ya no justificaba llevar tanta ropa.

Todos vestíamos impecables con nuestro outfit del color de la nación, el verde le sentaba genial a Patrick y el azul clarito de Magnus me encantaba, quizás mi marrón oscuro era el color más soso de todos.

Podíamos ver el estadio a través de una ventana de cristal, y realmente imponía, el sonido de los tambores se filtraba a través de las paredes y la gente empezaba a sentarse en sus respectivos puestos.

Sentí un escalofrío cuando Mr. Thomas, el responsable principal de la copa que ya nos había dado las instrucciones en la primera prueba, se levantó para hablar.

— Riders , bienvenidos a la segunda prueba —empezó—.

Enhorabuena a todos los que habéis superado la primera prueba y habéis conseguido puntos.

¡No os asustéis por el estadio! Puede impresionar al principio, pero os vais a sentir muy arropados.

Bienvenidos al desafío de los cuatro elementos.

Usad vuestro ingenio, solo hay una regla muy clara: siempre debéis estar en contacto con vuestro caballo.

Me quedé pensando por un momento, procesando todas las palabras de Mr. Thomas. Los cuatro elementos. Ya me imaginaba que sería algo relacionado con ellos, pero la regla de estar siempre con tu caballo me asustó un poco.

Diez minutos más tarde, hicieron un sorteo digital para asignarnos el orden de salida.

Ya sabía lo que iba a pasar: prueba individual, solos ante el peligro y entrando de uno en uno en el estadio.

Y me tocó salir la última. No sabía si eso era algo positivo o una maldición, porque, por un lado, debería esperar mucho más rato para entrar y los nervios me comerían por dentro, pero, por otro lado, cuando más tarde saliera mejor.

Durante los primeros minutos, escuchar los tambores y las reacciones del público me ponía aún más nerviosa, todo eran «oooooh» o «uuuuui». Se me ponían los pelos de punta, y más sin saber lo que estaba ocurriendo en el estadio.

De repente, uno de los organizadores del evento que pasaba cerca de nosotros comentó que Trovao, el caballo del portugués que justo había entrado en el estadio para hacer la prueba hacía un rato, se había hecho daño y que los veterinarios lo estaban revisando.

Eso solo empeoró mi estado general. Al poco rato, vi cómo João salía tiritando y completamente mojado por la puerta que daba al estadio.

Solo pensar en que le podía pasar algo a Liberty se me removía todo por dentro.

Fueron los minutos más lentos de mi vida mientras paseaba de la mano a Liberty y esperábamos. Al principio, me ayudaba hablar con los demás seleccionados que aún no habían sido llamados, pero poco a poco todos iban entrando y me quedé completamente sola.

—Olivia, prepárate. Te toca en dos minutos —me dijo uno de los trabajadores del evento.

Un sudor frío me recorrió el cuerpo. Pero me repetía a mí misma una y otra vez: «Es solo otra prueba, otra etapa más que pasar. Entiendo que no querrán que nadie se haga daño, no puede ser tan peligroso».

Justo en ese momento, mi móvil vibró:

@Jack.Hawthorne: Sobrevive.