CAPÍTULO 14
La tarde se me había hecho eterna. Dos capítulos más tarde y después de que Mark me subiera algo de cena, bien de proteína, cómo no, al menos había dejado de temblar. La crema que me había puesto en las heridas había hecho efecto, aunque todavía me escocían un poco las de las mejillas.
Cuando desbloqueé el móvil, me pareció raro no tener ningún mensaje de Jack, pero pensé que él también estaría entrenando con Phoenix. Lo que sí me sorprendió fue ver que me habían añadido a un grupo de WhatsApp. El nombre era simple y directo: Copa de Naciones.
Había un mensaje anclado en la parte superior:
@CopaDeNaciones: Aquí os vamos a ir informando de todo lo relacionado con la Copa de Naciones.
En este grupo he metido a todos los jinetes que estáis viviendo en la Academia Rider de las ocho nacionalidades.
Justo después, otro mensaje apareció en la pantalla:
@CopaDeNaciones: Primera prueba superada. El marcador actual es el siguiente:
Puntuación después de la 1. a prueba:
1.° - Hans y Valkyrie - 10 puntos
2.° - Magnus y Skadi - 9 puntos
3.° - Olivia y Liberty - 8 puntos
4.° - Roos y Rembrandt - 6 puntos
5.° - Patrick y Shamrock - 5 puntos
6.º - Joäo y Trovao - 5 puntos
7.º - Nil y Soñador de Vida + Marie y Belle Étoile - 0 puntos
Deslicé el dedo para ver la lista y me quedé congelada al leer los siguientes mensajes:
@CopaDeNaciones: Marie Lafontaine ha abierto el móvil durante el recorrido, así que queda automáticamente descalificada de esta primera prueba y obtiene 0 puntos. Nil Fernández ha vuelto al cubierto porque su caballo no paraba de tiritar, obtiene 0 puntos.
Tragué saliva. Esto estaba siendo más duro de lo que había imaginado.
Unos golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos.
—¿Otra vez tú? —solté, pensando que sería Mark—. ¿Qué me falta por comer ahora?
Dije levantándome de la cama. Pero no era Mark.
Jack se asomó con una sonrisa traviesa y cerró la puerta rápidamente detrás de él.
—Como Mark te pille aquí, nos va a matar —dije, pero no pude evitar sonreír.
—Vale la pena arriesgarme —contestó sin pensárselo.
Se acercó y me besó como si me hubiera echado mucho de menos, se apartó despacio cogiéndome las manos fuerte sin soltarlas y se quedó mirándome un momento mientras su expresión cambiaba.
—Olivia…
Seguí su mirada, que iba directamente a mi ropa, tendida en la bañera y goteando sin parar, perfectamente visible desde donde estábamos, y luego a las marcas de mi cara y mi cuello, que debían de ser más evidentes de lo que yo pensaba.
Jack suspiró y se pasó una mano por el pelo.
—Nos han tenido a todos sin noticias. Mark solo nos puso al día cuando terminó la prueba. No te imaginas lo mal que lo hemos pasado.
No supe qué decir. Yo había estado tan centrada en aguantar el frío, la lluvia y el barro que no había pensado en cómo lo habrían vivido ellos desde fuera.
—Estoy bien, Jack. —Intenté sonar convincente, pero no coló.
Se acercó un poco más.
—¿Bien? Olivia, ¡mírate! —dijo, señalando mis rasguños—. Si esta era la primera prueba, no quiero ni imaginarme las siguientes.
—Viéndolo ahora con perspectiva, no fue tan terrible… —murmuré, intentando convencerle para que no lo pasara mal, pero me interrumpió.
—¡No fue tan terrible! ¿Me estás tomando el pelo? Has cruzado un río helado, te has cortado con zarzas, casi te caes por una colina llena de piedras…
Me crucé de brazos.
—Aunque quiera, no puedo retirarme, no puedo hacerle esto a la academia, tengo que ser valiente, aunque me dé respeto y miedo.
Jack cerró los ojos un momento, como si estuviera intentando no desesperarse.
—Olivia, en serio… No quiero verte salir de una prueba peor de lo que has llegado hoy.
—Jack…
—Solo piénsalo.
Hubo un silencio. Sabía que lo decía porque le preocupaba, pero no iba a renunciar ahora que todo había empezado.
Finalmente, suspiró y negó con la cabeza, rindiéndose.
—Eres imposible —murmuró, pero se acercó y me besó suavemente.
Sonreí contra sus labios.
Antes de que pudiera decir algo, de repente, me levantó en brazos.
—¡Jack! —protesté, riendo—. ¡Suéltame!
—No hasta que estés metida en la cama y debajo de cinco mantas —dijo, metiéndome dentro de la cama.
Cuando me terminó de arropar, vio la bolsita con las pistas de la siguiente prueba sobre la mesita de noche.
Frunció el ceño.
—¿Qué narices es esto? —preguntó, sacando los objetos—. ¿Carbón, una pluma, una concha y una piedra?
—Ni idea, es la pista que he recibido en la primera prueba, pero no sé qué significa.
Jack me miró, esperando que dijera algo más, pero me encogí de hombros.
—Genial, esto es cada vez más raro —murmuró, dejándolos de nuevo en la bolsita.
Se tumbó conmigo en la cama mientras yo me relajaba y Jack seguía comentando la prueba.
—Por cierto, buen gesto con Marie. Se ha hecho viral en TikTok.
Abrí los ojos de par en par y me giré de golpe hacia él.
—¿Qué? —pregunté sorprendida.
—Lo grabaron todo. ¿Recuerdas? La gente te está dejando comentarios tipo «reina del compañerismo».
Me puse la mano en la cara.
—Oh, por favor… —dije, tapándome la boca.
Jack se rio y me revolvió el pelo, mientras miraba de reojo el sofá de la habitación y suspiraba.
—Voy a dormir aquí, más específicamente en ese sofá que tiene tan buena pinta —dijo, haciendo énfasis en el «tan» y señalando el cheslón que así, viéndolo de lejos, parecía más bien poco cómodo—.
Es tarde y salir del castillo sin que me pillen es imposible.
Si Mrs. Sabina me ve, me hace la cruz para siempre y me castiga eternamente recogiendo hierbajos de las pistas.
Me apoyé sobre un codo y puse los ojos en blanco.
—No hace falta que duermas en el cheslón. La cama es suficientemente grande.
Jack arqueó una ceja.
—¿Me estás cediendo la mitad de tu cama, Rompenormas?
—Solo digo que te sientas libre de no destrozarte la espalda —dije, encogiéndome de hombros—. Además, no me mires así, la última vez que dormiste en el sofá de tu casa, sé que no fue precisamente cómodo.
Jack rio por lo bajini y se pasó una mano por el mentón, haciendo como que pensaba.
—Vale, punto para ti.
Se quitó las zapatillas, los pantalones y se metió en la cama con cuidado, como si todavía no estuviera del todo convencido de que yo no le iba a echar de una patada.
Aproveché para acurrucarme a su lado, sintiendo el calor que aún me faltaba después del frío que había pasado durante la prueba.
—Creo que necesito a alguien viviendo en esta habitación —murmuré—. Echo de menos a las chicas por las noches.
Jack me movió un poco más hacia él.
—Me ofrezco voluntario. Puedo venir todas las noches, eh. Por mí no hay problema —bromeó.
Solté una risita y escondí la cara contra su pecho. Se estaba tan bien ahí, en paz, sin lluvia, sin frío, sin barro. Solo Jack y yo, sin preocupaciones.
Él levantó una mano y me apartó un mechón de pelo de la cara con suavidad. Nuestras miradas se cruzaron por un momento y, tras un instante, su voz sonó baja pero firme.
—Te quiero, Olivia.
Mi corazón se detuvo un segundo.
Le miré a los ojos, intentando asimilar lo que acababa de salir de sus labios por primera vez.
Él no desvió la mirada, no se echó atrás. Solo esperó.
Sonreí.
—Yo también te quiero.
Jack me besó en los labios, cerró los ojos y, sin decir nada más, dormimos juntos, después de una locura de día.