CAPÍTULO 13
Alo lejos, vi acercándose al trote a Magnus con su fjord , Skadi.
Me miró y sonrió. Me seguía encantando este caballo, aunque ahora se asemejaba más a un gato mojado que a otra cosa.
El color bayo parecía un café con crema y la crin la tenía arreglada con cortes para que se vieran triángulos, uno de color crema y otro de color negro, ya que el interior de su crin era negra y por fuera beige .
Creo que todos los caballos fjords eran de esta capa y hacían verdaderas obras de arte con sus crines.
—Eh, eres Olivia, ¿no? Vamos, queda nada. La meta está detrás de esta montaña.
Miré las piedras y luego a él.
—Son demasiado grandes —chillé para que me escuchara por encima de la lluvia, mirando otra vez las piedras.
Magnus rio.
—Confía en tu caballo. En Noruega pasamos por pasos más complicados. Siempre encuentran la manera.
Lo vi subir con Skadi como si fuera lo más fácil del mundo. Mi mente no podía parar de pensar que este binomio, viniendo de Noruega y la doma natural, se debían dedicar a hacer salidas al campo así todos los días, y seguro que con nieve también, porque se les veía más frescos que una rosa.
—Pues vale…, vamos a ello, Liberty. Confío plenamente en dónde pisas.
Subimos despacio. Liberty lo intentaba, pero a mitad de camino resbaló en una piedra mojada, las herraduras que llevábamos no estaban hechas para este terreno.
—¡Lib! —solté con un hilo de voz.
Retrocedimos casi un metro y sentí cómo mi corazón se iba a la garganta.
Liberty intentó estabilizarse, moviendo las patas como podía.
—Tranquilo. Lo tienes. Lo tenemos, estamos bien.
Cerré los ojos un instante y recé a lo que fuera que estuviera escuchando. Quería llorar; sentía cómo las lágrimas empezaban a asomarse, humedeciendo mis ojos poco a poco. Pero tenía que ser fuerte, la meta no podía estar muy lejos.
Por suerte, logramos recuperar el equilibrio, y Liberty estaba decidido en seguir.
—Vale… Vale, ahora con calma —le dije acariciándole el cuello.
Esta vez, llegamos hasta arriba sin más incidencias.
Me asomé para ver qué nos esperaba en el otro lado y casi lloré de felicidad.
Una bajada llena de barro, pero sin piedras. En esos momentos, amé el barro.
Y a unos seiscientos metros… ¡la meta!
Me incliné sobre el cuello de Liberty y le susurré:
—Lo conseguimos, Lib. Solo un poco más.
Y con lo que nos quedaba de energía, avanzamos hacia la línea de meta.
Cuando la crucé, todo fue rápido. Apenas podía sentir las piernas, los rasguños de la cara y el cuello, que ni siquiera sabía lo grandes que eran, me ardían con el agua congelada de la lluvia, y el frío lo tenía metido hasta los huesos, pero lo primero que hice fue bajarme de Liberty y empezar a mirar si él estaba bien.
Había una persona encargada esperando a cada jinete con mantas y abrigos, en mi caso era Mark, pero no le hice mucho caso mientras seguía evaluando a Liberty y descubriendo algunos mini cortes en su cuerpo de las zarzas.
Diferentes grooms también estaban ahí, esperando la llegada de los caballos.
A mí me tocó Joe, que se acercó al momento para llevárselo a la cuadra.
Cuando vi que intentaba cogerlo, cogí las riendas más fuerte, sin pensarlo.
Aunque sabía que Joe sabía cuidar perfectamente de Liberty, tal y como había hecho en las vacaciones de Navidad y algún día que le había pedido algún favor, estaba aterrada de que se nos pasara alguna herida o corte.
—Joe, déjalo en la cuadra, en mi guadarnés hay crema para los rasguños.
Por favor, ponle bastante crema —dije rápido mientras una cámara me grababa bien de cerca—.
Y revísale bien las patas, ha pisado muchas piedras y ha hecho un gesto raro subiendo esta última montaña. Asegúrate de que no cojee, ¿vale?
—Olivia, tranquila, conozco a Liberty. Confía en mí —dijo, apoyando su mano en mis dedos, que seguían agarrados a las riendas, indicando que soltara.
No podía dejar de mirarlo. Por un momento me había olvidado de que seguía lloviendo a mares, pero yo solo tenía el agobio de no saber si Liberty estaría bien después de esta aventura/tortura.
Estaba empapado, pero sus riñones seguían calientes, gracias a la manta riñonera, así que al menos no había pasado demasiado frío.
Respiré hondo, tratando de calmarme, hasta que sentí una mano en mi hombro.
—Olivia, ven ya, tienes que cambiarte —dijo una voz detrás de mí.
Era Mark, que me miraba con cara de que no pensaba aceptar un no por respuesta.
—Pero Liberty… —contesté con un hilo de voz.
—Estará bien, Joe sabe cómo hacerlo. Tú también necesitas entrar en calor.
Mark quería llevarme hacia donde tenía mantas y ropa de abrigo, pero antes me dirigí al lugar donde colgaban las pequeñas bolsitas con la pista de la siguiente prueba.
La mía, de color marrón oscuro y con el logo de la Academia Rider, pendía de un palo.
Si había llegado hasta aquí y había superado la prueba pasándolo fatal, ¡qué menos que coger lo que sería la próxima pista!
Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba temblando como una hoja.
Tenía la ropa empapada, los labios ligeramente más pálidos y del impermeable resbalaban gotitas de agua sin parar hacia mis botas y pantalones.
Mark me obligó a quitarme las dos chaquetas empapadas que llevaba antes de ponerme varias mantas encima.
—Lo he pasado fatal —conseguí decir entre castañeteos de dientes.
Mark no dijo nada, solo me pasó un brazo por los hombros y me llevó hacia el castillo en un pequeño coche antes de subir a las habitaciones.
Me metí en la ducha temblando. Cuando el agua caliente tocó mi piel, solté un suspiro de alivio, aunque los rasguños me ardían.
El vapor llenaba el cuarto de baño de la habitación y poco a poco empecé a sentirme humana otra vez. Me quedé ahí más tiempo de lo normal, dejando que el agua caliente mojara todo mi cuerpo y hasta que mis piernas dejaron de ser bloques de hielo.
Cuando salí, me puse un chándal peludo y los calcetines más gruesos que encontré. Lo único que quería ahora era meterme en la cama y no salir en tres días o en tres años. Me estaba empezando a dar el bajón postdescarga de adrenalina.
Mark apareció con una taza de chocolate caliente y se sentó en el borde de la cama.
—¿Me dejas ver? —preguntó, señalando mi cuello y cara.
Me incliné un poco hacia él y sentí cómo sus dedos fríos rozaban los rasguños.
—No es grave —dijo, aunque su ceño fruncido mostraba preocupación—. Te voy a poner un poco de crema.
Asentí en silencio mientras él sacaba un botecito y empezaba a aplicármela por encima.
No sé por qué, pero sentí un nudo en la garganta. Había sido demasiado. La lluvia, el frío, el miedo a perderme, la subida por las piedras, el barro, Liberty pasándolo mal… Todo de golpe.
—Olivia… —dijo Mark, pero antes de que pudiera seguir la frase, empecé a llorar.
No sabía si era de cansancio, de alivio o por todas las emociones acumuladas, pero no podía parar. Mark no dijo nada, solo dejó la crema a un lado y dejó que me desahogara.
—Tienes que prepararte —dijo después de un rato—. Siento informarte, señorita, de que esto era solo la primera prueba —añadió con un tono divertido.
Me reí entre lágrimas.
—No me lo recuerdes.
Él sonrió, y volvió a su mood serio.
—Vas a estar bien, Olivia —dijo, levantándose del borde de la cama para poner dirección a la puerta.
—Antes de irte —dije sin pensar—, ¿puedo ir a ver a mis amigos?
—Buen intento —dijo girándose de golpe—. Tienes prohibido salir de esta habitación hasta mínimo mañana por la mañana. A las diez de la noche te quiero durmiendo, yo ya he informado a tus amigas y a un tal Jack que estaba extremadamente preocupado, demasiado para ser solo tu amigo…
Mierda, lo sabe, pensé.
—Tus amigos también tienen prohibido venir a verte hoy, te estaré vigilando. Así que tarde de sábado de descanso. El lunes prepárate, porque la próxima prueba va a ser en quince días, todos están mucho más en forma que tú y hay que mejorar este físico si quieres sobrevivir.
Soldado Mark entrando en la conversación, pensé.
—Ehh —le dije antes de que se fuera—, dame un poco de tregua, que he superado la primera prueba —dije orgullosa.
Mark se giró justo en la puerta y me miró con una ceja levantada.
—Sí, por los pelos.
Puse los ojos en blanco, pero no pude evitar sonreír un poco.
—Anda, descansa, que mañana te vas a sentir como si te hubiera atropellado un camión. —Su tono seguía con ese punto de autoridad, pero esta vez sonaba más suave—. Y no intentes escaparte, porque te juro que tengo espías en cada esquina.
—Sí, sí, lo que tú digas… —murmuré, hundiéndome entre las mantas.
—A las diez quiero silencio absoluto —insistió.
—¡Qué miedo! UUUU —dije, poniendo tono burlesco.
Mark me miró con cara de «te estoy observando» antes de salir, y cuando cerró la puerta, solté un suspiro.
Me hundí dentro de la cama cubriéndome con las tres mantas y con el pensamiento de que había superado la primera prueba. Y en dos semanas, debería volver a hacerlo. Ya podía empezar a mentalizarme.
Eran las cuatro de la tarde, pero sentía como si hubieran pasado tres días enteros. Me había terminado el chocolate caliente y abrí Netflix, sin mucha intención de ver algo en serio, solo para desconectar un rato. Ya era aburrimiento.
Me levanté antes de darle al play para encontrar en el bolsillo de mi pantalón, que seguía chorreando agua en la bañera, la pequeña bolsita que había cogido y contenía la pista.
Suspiré y la abrí. Rezando para que por favor fuera una pista clara y concisa.
Dentro había cuatro objetos.
—¿Qué…?
Los saqué uno a uno y los puse sobre la manta:
Un trozo de carbón
Una pluma
Una concha
Una piedra
Me quedé mirándolos, tratando de encontrarle sentido.
¿Qué se suponía que significaban estos objetos? Uffff con los jueguecitos, suspiré mientras me volvía a tirar a la cama para ver un nuevo capítulo de la serie Anatomía de Grey .