CAPÍTULO 12
No tenía ni idea de dónde me encontraba exactamente, pero estaba convencida de que iba por el camino correcto. O al menos tenía que convencerme a mí misma de eso, porque, si no, me iba a volver loca.
La lluvia no daba tregua y todo a mi alrededor estaba empapado. El barro hacía que cada paso fuera más lento y duro, y Liberty empezaba a notarlo también. Seguimos avanzando entre árboles y terreno irregular hasta que, de repente, el sonido del agua corriendo con fuerza nos hizo parar.
Un río.
Miré el mapa. Efectivamente, estaba marcado, así que debía cruzarlo.
—Bueno, Lib, no queda otra —le dije para animarle.
Intenté acercarlo al agua, pero Liberty clavó los cascos en el suelo y sacudió la cabeza, esto no era como el lago tranquilo del campo de cross que habíamos pasado el segundo trimestre, aquí el agua descendía con fuerza.
—Vamos, chico, sé que no te gusta, pero tenemos que cruzar.
Liberty bufó, claramente nada convencido. Miré alrededor. Podía intentar rodearlo, pero eso nos haría perder un tiempo que no teníamos.
Mientras me esforzaba por pensar en una solución, escuché el sonido de cascos contra el barro y, antes de poder girarme del todo, Valkyrie pasó a nuestro lado al galope con Hans encima, mirándome con superioridad.
Claro, se notaba que eran de completo. Seguro que para ellos esto era pan comido.
Valkyrie era una yegua preciosa, no me había dado cuenta en la pista cubierta de lo mucho que imponía esta hannoveriana , que era negra como el carbón.
—Sí, sí, muy bonito —murmuré—. Ojalá…
No terminé de decir lo que pensaba porque no me gustaba meterme con nadie, pero es que en estos momentos era impotencia, podría haberme ayudado un momento poniéndose delante de Lib para que él viera que no pasaba nada.
Liberty seguía sin moverse. No había manera de que cruzara montada, así que decidí bajarme.
—Está bien, lo haremos juntos, ¿vale? —dije, dándole una palmada en el cuello.
Me puse a su lado y avancé con cuidado, metiendo los pies en el agua helada.
Madre mía.
Sentía cómo el agua me subía por las piernas y se me metía dentro de las botas, empapándome hasta las rodillas. Justo lo que necesitaba. Constipado asegurado.
—Venga, Lib, poco a poco —insistí, tirando suavemente de las riendas.
Liberty olfateó el agua y, después de unos segundos que parecieron eternos, avanzó dando un salto de improviso dentro del agua y terminó de mojarme entera.
—Eso es, buen chico.
El agua del río bajaba con mucha fuerza, y por un momento pensé que la corriente iba a arrastrarnos, pero finalmente llegamos a la otra orilla.
Suspiré aliviada y me apoyé en Liberty, intentando recuperar el aliento. Entonces, vi una de las cámaras colocadas a lo lejos.
Oh, fantástico, justo lo que necesitaba.
¿Me habrían visto Emily y Brooke en la retransmisión? Me imaginé a Brooke gritándole a la pantalla que me diera prisa y a Emily tapándose los ojos en cada momento crítico.
Esas imágenes en mi cabeza me hicieron sonreír un poco antes de volver a subir a Liberty.
Habíamos perdido mucho tiempo, así que decidí intentar acortar camino. Vi un camino estrecho que parecía llevar en la dirección correcta, pero estaba lleno de zarzas.
Bueno, no puede ser tan malo, pensé.
Error.
A los pocos metros ya tenía arañazos en el cuello y en la cara. Menos mal que llevaba casco, porque, si no, seguro que también me hubiera enganchado el pelo en alguna rama o golpeado con ella.
Liberty avanzaba con cuidado, estaba claro que tampoco le hacía mucha gracia el camino.
—Ya casi estamos, Libs —le dije, intentando convencerle y pensando que no se merecía esto, que a él la copa y hacerlo bien le daba más bien igual y ni tan solo era consciente de lo que significaba este torneo, como para tener que pasar todas estas penurias.
Después de lo que parecieron siglos, logramos salir a un campo más despejado. A lo lejos, vi la bandera del primer control.
—¡Sí! ¡Lo conseguimos!
Pero la emoción desapareció rápido. Tenía frío, estaba empapada, únicamente había llegado al primer control, no dejaba de llover y solo me quedaban dos bolsitas de calor. Liberty también empezaba a estar cansado.
—Vamos, Lib, un poco más.
Intenté animarlo mientras avanzábamos, pero no podía dejar de preguntarme en qué momento se me ocurrió aceptar todo aquello, especialmente viendo cómo estaba el tiempo afuera desde primera hora de la mañana.
Con lo bien que estaría ahora mismo en la pista cubierta, viéndolo en Horse.tv con todos mis amigos y con un chocolate caliente en las manos.
Al llegar al control, nos revisaron tanto a mí como a Liberty, que estuviéramos mínimamente bien, si estar así se le podía llamar estar bien.
—Gr-rracias —dije con los dientes castañeteando.
No perdí el tiempo y volví a salir a por el próximo control. No llevábamos más de dos kilómetros andando, mirando el mapa y el camino constantemente, cuando a lo lejos vi una figura parada debajo de un árbol.
Marie.
Estaba temblando de frío al lado de Belle Étoile, que tampoco se veía en su mejor momento.
—Marie, ¿estás bien?
— J’ai froid… muchísimo frío… —respondió con la voz temblorosa y su acento francés.
Me coloqué debajo del árbol que nos cubría un poco de la lluvia y me quité el jersey que llevaba debajo de la chaqueta y del chubasquero para dárselo.
—Toma, póntelo. Y esto dentro de los guantes —le dije mientras le daba dos de mis bolsitas de calor—. ¿Has pasado el primer control?
Marie negó con la cabeza.
—No lo he encontrado —me dijo casi llorando.
Suspiré y miré el mapa.
—Vale, escucha. Retrocede dos kilómetros y gira a la derecha. El control está ahí. ¿Crees que puedes hacerlo?
Marie asintió, con algo más de determinación.
—Gracias, Olivia —respondió.
—Nada, ve con cuidado.
Respiré hondo y volví a enfocarme en mi propio recorrido. Habíamos pasado el primer control, debíamos haber hecho ya unos seis kilómetros en total.
El segundo no quedaba muy lejos. Lo pasamos sin más imprevistos, aunque el cansancio y el frío se estaban apoderando de nosotros y de nuestra energía.
Decidí seguir el resto del recorrido al paso. No quería que Liberty sudara y luego se quedara frío. Además, con el barro era demasiado arriesgado galopar.
El camino nos llevó hasta una colina bastante alta, llena de piedras enormes.
¿Es una broma?, pensé. No había forma de rodearla.