La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 11
29%

CAPÍTULO 11

La lluvia golpeaba mi ventana con fuerza. Miré el reloj con nervios. Aún era temprano, pero mi cabeza y el nudo en el estómago no me dejaban dormir más.

Era quince de mayo y nadie, absolutamente nadie, había sido capaz de resolver la maldita pista, cogía el papel entre las manos, incluso pensaba en constelaciones, pero nada.

Me levanté de la cama con una sensación rara, igual era hambre, lo cual tenía sentido. Fui directa a coger mi móvil esperando algún mensaje de Jack, pero por sorpresa tenía otro esperándome.

@Mark.Loxley: Yogur + avena + plátano + una tostada con queso cottage . Necesitarás energía para lo que viene hoy, Olivia.

Puse los ojos en blanco. Odiaba ese desayuno.

O sea, de verdad, ¿quién en su sano juicio elige comer eso pudiendo tomar un bol de cereales de chocolate con leche?

Pero claro, sabría más que yo, y para eso nos habían puesto una persona al cargo de nuestra salud para cada seleccionado, así que, con resignación, seguí sus instrucciones.

Los últimos días, Mark había sido mi peor pesadilla, todos los días me esperaba puntualísimo en la puerta del gimnasio y que ni se me ocurriera llegar tarde porque me ponía cinco minutos más de cardio por cada uno tarde que llegaba, ya creía tener agujetas sobre las agujetas.

Nos centrábamos en trabajar principalmente grupos musculares que se utilizan al montar, para fortalecerlos: abductores, isquiotibiales, tríceps…

La primera conclusión a la que habíamos llegado era que mi tronco inferior era mucho más fuerte que toda mi parte superior, y Mark se desesperaba un poco al ver que podía cargar pesos de más de treinta kilos en las piernas, pero no podía aguantar dos kilos en los brazos.

Solo había conseguido arrancarle una sonrisa cuando parecía un pato haciendo algún ejercicio nuevo, pero en general era un sargento, aunque le iba cogiendo el gustillo a esto de entrenar.

Mientras masticaba mi tostada con desgana, miré por la ventana. El tiempo en el exterior daba miedo. El viento hacía crujir los árboles y todo estaba tan gris que parecía que aún era de noche.

Mi móvil vibró de nuevo. Era un mensaje en el grupo que teníamos con Emily y Brooke:

@Emily.Delacroix: ¿Lista para dar guerra?

@Brooke.Ashcroft: Es normal que tengas miedo, pero seguro que te sale genial y es una prueba fácil. Es la primera, tendrán que empezar con algo asequible para todos.

@Olivia.Thorn: Gracias por el apoyo emocional, chicas.

@Emily.Delacroix: De nada, Libby. Ahora, concéntrate y dale caña. Estaremos ahí.

Suspiré. Ojalá sea fácil.

Cuando salí de la habitación, casi me choco con el grupo de seleccionados que estaban pegados a un enorme cartel en el pasillo. Me acerqué y leí el mensaje:

Esta es la única prueba que no se correrá en el estadio.

Por favor, jinetes, a las diez debéis estar preparados en la pista cubierta de salto con vuestros caballos.

Traed un ayudante para que os aguante el caballo mientras os explicamos la primera prueba y, si queréis progresar, traed la primera pista.

Vale, al menos no nos van a lanzar directamente a la tormenta, pensé, estaremos en la pista cubierta.

Corrí hacia el paddock ya que no quedaba mucho tiempo. Liberty, que estaba dentro de la cuadra resguardado del viento y la lluvia, en cuanto me vio con la cabezada de cuadra, me miró con una cara en plan: «¿En serio tienes idea de salir con el tiempo que hace?»

—Lo sé, Lib, yo tampoco quiero salir —le dije mientras le acariciaba.

Lo preparé y le puse la manta impermeable por encima, aunque en la pista cubierta no la necesitaría. Solo quería evitar que se mojara en el trayecto hasta ahí.

Jack apareció apoyado contra la puerta del box con su eterna sonrisa.

—¿Lista para la primera misión suicida de esta copa? —dijo.

—Ojalá pudiese decir que sí sin mentir —dije, ajustando el ahogadero—. Pero bueno, en la pista cubierta con las dimensiones que tiene, tampoco pueden poner algo muy difícil.

Él se rio, me dio un beso y me ayudó a ajustar la cincha.

—Si has cambiado de opinión, nos podemos quedar aquí, escondidos del mundo.

—Jack…, no me lo pongas más difícil —dije, zanjando la conversación mientras le devolvía el beso.

—Cambiando de tema, bonita montura —dijo Jack, pasando la mano por encima—. No sé de quién será —añadió, disimulando.

—Seguro que me va a traer suerte —respondí—. Como no sé qué nos van a mandar hacer, prefiero usar esta, que es más cómoda para hacer un poco de todo, antes que la de doma.

Cuando llegamos a la pista cubierta, la escena era imponente. Habían instalado una gran pantalla, de esas que solo se ven en los cines. Las gradas de la pista estaban abarrotadas de alumnos, creo que era el sábado que más alumnos había visto en la academia.

En la pista había personas trabajando sin parar, con grandes cámaras grabando a cada uno de los jinetes, y esas imágenes supongo que se retransmitían en directo por la pantalla de Horse.tv .

Todos los jinetes ya estaban con sus caballos. Algunos parecían tan nerviosos como yo; otros, en cambio, tenían cara de estar listos para comerse el mundo.

Y los caballos… ¡Dios!

Me enamoré al instante del fjord del jinete noruego.

Era monísimo, pequeño y rechoncho, con una capa baya preciosa.

Luego vi a Belle Étoile, el caballo de Marie, que parecía sacado de un cuadro.

Cada caballo era más impresionante que el anterior: un connemara bajito, pero con cara de no dejarse pisar por nadie, un tordo rodado pura raza español, con una crin de escándalo, y un lusitano castaño que brillaba como si lo hubieran bañado en aceite, realmente visto en directo era todo un espectáculo.

Liberty no se quedaba atrás, por supuesto, aunque no llamaba tanto la atención como los otros; de todas formas, yo lo veía el más bonito de todos. Amor de madre, supongo.

En la pista, me sorprendió ver que tampoco había un gran despliegue escénico, me esperaba algo espectacular para la primera prueba, pero solo en el centro de la pista se alzaban ocho palos clavados en el suelo, cada uno con una alforja de diferentes colores colgada.

Por los colores que tenían, entendí que nos pertenecía una alforja a cada seleccionado.

Jack sujetó a Liberty mientras los seleccionados entrábamos en una pequeña sala.

Lo primero que hicieron fue precintarnos los móviles en bolsas pequeñas, asegurándolos con varias vueltas de celo transparente, para que no se abrieran por accidente, indicándonos que solo podríamos abrirlos en caso de emergencia.

Genial. Ahora sí estábamos aislados del mundo.

Luego nos entregaron un mapa. Lo abrí con curiosidad y…

Nada.

O sea, sí, era un mapa de la academia y sus terrenos, pero no tenía caminos ni referencias claras. Solo tres pequeñas cruces en distintos puntos.

Mr. Thomas, el organizador principal del concurso y a quien ya había visto en La Noche de los Elegidos, tomó la palabra:

— Riders , bienvenidos a la primera prueba de la Copa de Naciones. Tenéis cinco horas para completarla con éxito. Los puntos se os asignarán al final, según vuestra destreza.

Hubo un murmullo general.

—En el mapa hay dos puntos de control y el último es la meta, es al que debéis llegar si queréis obtener la próxima pista. Tenéis que pasar los controles en el orden correcto.

Fruncí el ceño. Mapa igual a ir al exterior, igual a salir con este tiempo. Mi mente creo que no lo estaba procesando, aunque enseguida dije:

—¿Y cómo sabemos cuál es el orden de los controles? —me salió de dentro.

Mr. Thomas sonrió, como si estuviera disfrutando de nuestra desesperación.

—Eso lo tendréis que descubrir.

Vaya…, qué considerado. Gracias por la ayuda. Superútil.

Finalmente añadió:

—El camino será traicionero y os llevará al límite. No os confiéis.

Las quejas no tardaron en llegar.

—¿Habéis visto el tiempo que hace fuera? —se quejó Nil, el jinete español—. Es una locura salir así.

El organizador ni se inmutó.

—Las pruebas no se pueden aplazar ni mover. Tenéis que adaptaros.

Perfecto. Así, sin anestesia.

Miré de nuevo el mapa. Entre la tormenta y la falta de referencias, encontrar esos puntos iba a ser un infierno.

Pero no había marcha atrás.

Salí de la sala, buscando a Jack y Liberty. La voz del presentador resonó por toda la pista cubierta:

—Jinetes, a partir de ahora, empieza la prueba. Cada uno saldrá con diez minutos de diferencia que el anterior. Mientras estéis esperando, no podéis hablar con nadie, y los ayudantes deben retirarse.

Fantástico. Me tocaría esperar sola, con los nervios comiéndome viva.

Llegué donde estaban Liberty y Jack, cogiendo por el camino la alforja que me habían dado.

Dentro había un montón de cosas: una brújula, cuerda, regla, bolígrafo, un bloc de notas, bolsitas de calor y…

¡una funda de plástico para el mapa! ¡Qué considerados!

Al menos habían tenido la decencia de incluir eso, porque con la que estaba cayendo, un simple papel no iba a durar ni cinco minutos fuera.

Abrí el mapa una vez más y me quedé mirándolo con frustración. No tenía ninguna indicación clara.

—Jack —susurré cuando llegué a su lado disimulando para que nadie nos escuchara—, nos han dado un mapa. Soy nula, un cero a la izquierda en orientación. Sigo sin entender la primera pista: unas líneas dibujadas en un papel de calcar, y esto no tiene nada marcado.

Jack echó un vistazo y su rostro se iluminó.

—Es TREC, Olivia. ¡Claro!, técnicas de rutas ecuestres de competición.

Es una prueba de orientación, es una disciplina que se practica en algunos países.

Pon el mapa uno encima del otro y encontrarás el camino.

¿Cómo no lo pensé antes? —dijo, mientras me cogía la mano disimuladamente—. Lo siento, debería haberlo visto.

Lo miré a los ojos y negué con la cabeza.

—No te preocupes. Me acabas de salvar —le susurré.

Me quedaban unos treinta minutos antes de salir. Era mi oportunidad de memorizar el recorrido. Revisé la escala del mapa. Había aprendido sobre esto en el colegio, tenía que calcular los metros que representaba cada línea del papel de calcar para saber en qué punto debía girar.

—Tres coma ocho metros al galope, uno coma cinco metros al trote y cero coma nueve metros al paso. Puedes hacerlo. —Jack me soltó esa información en voz baja mientras pasaba por mi lado.

—Jack… —intenté decir algo, pero ya se había ido.

Vale. Recuerda los números, Olivia. Son los metros que aproximadamente recorre el caballo en los tres aires.

Seguí repasando el mapa, trazando mentalmente el recorrido, intentando visualizar cada punto clave. No podía permitirme perderme.

A mi alrededor, la pista cubierta se encontraba llena de gente.

En las pantallas ya se estaban retransmitiendo las salidas de los jinetes y algunos fragmentos de la prueba.

Seguramente había cámaras repartidas por el recorrido para capturar cada momento.

De fondo, escuchaba al presentador cómo seguía amenizando el ambiente:

—Patrick con Shamrock, representando a nuestro país vecino Irlanda, están a punto de tomar la salida, seguro que son los más acostumbrados a este maravilloso clima que nos acompaña hoy. Un connemara de nueve años, capa appaloosa muy llamativa. Les deseamos toda la suerte del mundo.

La voz del presentador sonaba por toda la pista. Mientras me quedaba embobada mirando la pantalla. Realmente se iba retransmitir en televisión, ¡yo y Liberty íbamos a salir por la tele!

Suspiré.

Menos mal que había traído la manta de lluvia de Liberty.

Miré alrededor y noté que la mayoría de los otros jinetes no habían pensado en eso.

Algunos, sobre todo los del sur de Europa como Nil y João, que representaban España y Portugal respectivamente, ni siquiera parecían haber traído protección para ellos contra la lluvia.

No debían estar tan acostumbrados como nosotros a este clima.

Liberty resopló, moviendo las orejas con inquietud.

—Estamos solos, Lib. Completamente solos.

Y tan solos, porque en esta prueba no iba a haber nadie por el camino para animar o decirnos de extranjis hacia dónde ir. Con este temporal, iba a ser durísimo.

Saqué una bolsita de calor de la alforja y la puse dentro de uno de los guantes. No quería que mis manos se congelaran antes de siquiera empezar.

La lluvia no había parado en toda la noche y probablemente los caminos estaban convertidos en un lodazal.

Respiré hondo, intentando calmar los nervios.

No había vuelta atrás.

—Y nuestra próxima participante es Olivia Thorn. Una alumna de primer año representando a Reino Unido que, contra todo pronóstico, decidió apuntarse a esta Copa de Naciones —dijo.

Le iba a corregir al instante: no me apunté, me apuntaron y aún no había descubierto quién, pero me iba a escuchar cuando lo descubriera. Decidí no gastar energía con eso. Solo acaricié a Liberty mientras seguía presentándonos:

—Va a ser todo un desafío, no sé si son muy conscientes de dónde se han metido. Su caballo Liberty, un KWPN, también joven con tan solo seis años, no suma mucha experiencia al binomio, pero deberemos seguirlos bien de cerca, a ver si son la sorpresa de esta copa.

Maravilloso, gracias por la presentación tan positiva, pensé mientras sonaba un PIIII, dando luz verde a la salida de nuestra prueba.

Al salir, una cortina de agua cayó encima de nosotros.