La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

Cuando volví a la habitación de la residencia para hacer mi maleta, el ambiente dentro era un poco extraño.

Brooke, Emily y Jack estaban reunidos, hablando en voz baja, pero en cuanto abrí la puerta y entré, se hizo un silencio absoluto.

Todos, incluidas Harper y Grace, que se habían colado en nuestra residencia junto con Jack, me miraban con expresiones que oscilaban entre la confusión y el enfado.

—¿De verdad, Olivia? —Jack fue el primero en hablar, con los brazos cruzados y el ceño fruncido—. ¿Por qué no nos dijiste nada?

—¿Cómo qué por qué no os dije nada? —pregunté, dejándome caer sobre la cama.

—Que hayas puesto tu nombre sin hablarlo antes… —intervino Emily—. No sé, es raro.

—¡Pero es que yo no lo puse! —exclamé, sintiendo que el nudo en mi estómago se apretaba más.

—Olivia, por favor… —Brooke suspiró—. No pasa nada, solo nos habría gustado saberlo antes. Lo habíamos estado hablando justo la noche anterior y dijimos que ni locas lo pondríamos.

—¡Es que no lo puse! —insistí, rozando ya la desesperación. Miré a Jack en busca de apoyo, pero su expresión seguía seria—. Os juro por Liberty que no puse mi nombre en la urna. No tengo ni idea de cómo ha acabado ahí.

Jack me miró en silencio por unos segundos antes de suspirar y pasarse una mano por el pelo. Sabía que, si lo juraba por Liberty, la cosa iba en serio.

—Si no fuiste tú, entonces… —dijo Harper, pero no terminó la frase.

—Alguien tuvo que hacerlo por mí —afirmé, sintiendo la indignación y la curiosidad en mi cuerpo—. Pero no sé quién ni por qué.

La habitación quedó en silencio mientras yo sacaba mi maleta de debajo de la cama y empezaba a meter mis cosas en ella.

Me sentía mal. No solo por la situación en sí, sino porque mis amigas y Jack pensaban que les había ocultado algo. Me dolía que dudaran de mí. Por un momento, creía que iba a ponerme a llorar ahí mismo.

Jack pareció darse cuenta, porque se acercó y, sin decir nada, me abrazó fuerte. Me quedé inmóvil unos segundos antes de apoyar mi cara en su hombro y cerrar los ojos.

—Lo siento —susurró—. Sé que no harías algo así sin decirnos nada.

—Lo juro, Jack —respondí con la voz temblorosa—. Yo no puse ese papel.

Jack me besó en la mejilla y me apretó un poco más.

—Lo sé —dijo—. Así que vamos a averiguar quién lo hizo.

Levanté la mirada y vi que las chicas también parecían más relajadas.

—No queremos que te vayas a esa habitación sola con esta sensación —dijo Emily mientras venía a abrazarme también—. Y en cuanto a la copa, ¿quién sabe? Igual no es tan horrible como lo pintan.

—Sí —intervino Grace—. Seguro que la gente exagera. No puede ser tan difícil.

—Y Liberty lo va a bordar —añadió Brooke con una sonrisa—. Ya verás.

Sabía que solo lo decían para que no me agobiara, pero lo agradecí.

Después de un último abrazo grupal, terminé de cerrar mi maleta y salí de la habitación.

Me dirigí hacia el ala este, con la maleta arrastrando detrás de mí. Por un momento pensé que ya me había perdido, cuando una figura apareció delante de mí.

Era la chica con el pelo moreno recogido en una trenza y el uniforme azul oscuro de su academia perfectamente ajustado que había conocido hacía unas horas.

— Bonjour —dijo en francés—. Soy Marie Lafontaine.

Me quedé quieta un segundo antes de responder.

—Olivia Thorn.

—Belle Étoile y yo representamos a Francia —añadió con un inglés con acento francés y con una sonrisa nerviosa—. ¿Tú?

—Liberty y yo, Reino Unido.

Marie asintió y, por un momento, ninguna de las dos supo qué decir.

—¿Qué tal estás? —pregunté al final.

Marie suspiró.

—Ahora mismo siento muchísima presión. Con la presentación de esta noche, esta copa se ha vuelto real —admitió—. En mi academia esperan que lo haga perfecto. No me permiten cometer errores.

—Te entiendo —respondí—. Bueno, no del todo, porque yo ni siquiera debería estar aquí.

Marie me miró con curiosidad.

—¿Por qué lo dices?

—Porque yo no puse mi nombre en la urna —le expliqué—. Fue un error. Alguien lo hizo por mí.

Marie arqueó una ceja.

—Oh, mon dieu . Entonces, ¿no querías competir? —preguntó con curiosidad.

—Mmm, no —murmuré.

Marie asintió lentamente, como si estuviera procesando mis palabras.

—Bueno, sea como sea, estamos aquí —dijo al final—. Y tenemos que dar lo mejor de nosotras.

—Sí —coincidí—. Quizás podríamos apoyarnos mutuamente. A mí me vendría bien una amiga en esto.

Marie sonrió.

—A mí también.

Después de ese pequeño acuerdo, Marie sacó de su bolsillo la misteriosa pista, ambas miramos el papel de calcar que solo contenía unas líneas dibujadas y que habíamos encontrado en nuestras habitaciones.

—¿Alguna idea de qué significa? —pregunté.

—Ni idea —respondió Marie—. Pero si hoy es diez de mayo…, significa que solo nos quedan cinco días para averiguarlo antes de la primera prueba.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

Cinco días.