La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

No tenía sentido. Yo no había metido mi nombre en la urna. Mi mente y mi cuerpo se quedaron en blanco. Inmóvil. Incapaz de reaccionar o pensar.

Escuché mi nombre resonar en el comedor y, de repente, sentí como si el mundo se hubiera detenido. Todas las miradas se clavaron en mí. Un calor repentino me subió desde el cuello hasta las mejillas. No sabía ni cómo reaccionar.

Jack, Emily, Brooke, Harper, Alexander y Grace me miraban con los ojos abiertos como platos, sus expresiones oscilaban entre la sorpresa y la incredulidad. Era como si hubieran descubierto que les había ocultado un gran secreto. Pero yo estaba igual de atónita que ellos.

Miré a Mr. Charles, esperando que dijera que había cometido un error, que tal vez se había confundido al leer el papel, que mi nombre no debería estar allí.

Pero no lo hizo. En cambio, uno de los profesores se dirigió con paso firme hacia el gran tablero que colgaba en una de las paredes del comedor.

En él, estaban los nombres de todos los jinetes seleccionados junto a sus caballos.

El único espacio vacío era el de Reino Unido.

El profesor cogió una tiza y, con letra clara y segura, escribió:

Reino Unido - Olivia Thorn - KWPN - Liberty

Francia - Marie Lafontaine - silla francés - Belle Étoile

Holanda - Roos van den Berg - KWPN - Rembrandt

Alemania - Hans Müller - hannoveriano - Valkyrie

España - Nil Fernández - PRE - Soñador de Vida

Irlanda - Patrick O’connor - connemara - Shamrock

Noruega - Magnus Olsen - fjord - Skadi

Portugal - João Moreira - PSL - Trovão

Reino Unido - Olivia Thorn - KWPN - Liberty

Ver mi nombre allí, en el mismo tablero que los otros siete jinetes internacionales, me hizo volver de golpe a la realidad, pero aún sin procesarlo. Tragué saliva, sintiendo un nudo en la garganta.

Liberty. Mi Liberty.

No tenía sentido. Yo no había puesto mi nombre.

—¡Olivia! —dijo Emily con un tono de enfado a mi lado—. ¿Por qué no nos habías dicho nada?

—Yo no he escrito mi nombre —contesté con un hilo de voz apenas perceptible.

Mr. Charles alzó la voz nuevamente.

—Los seleccionados, por favor, acompáñenme. Al resto, os pido que volváis a vuestras habitaciones y residencias. Es tarde y debéis descansar.

Pude ver la mezcla de emociones en las caras de mis amigos antes de que se dieran media vuelta y empezaran a salir del comedor junto con el resto de alumnos. Jack me dedicó una última mirada antes de irse. No estaba molesto, pero su confusión era evidente.

Yo, en cambio, no tuve oportunidad de volver a mi habitación, cambio de planes sorprendente.

Sentí mi cuerpo pesado mientras seguía a los demás jinetes elegidos.

A mi alrededor, todos estaban emocionados, intercambiando sonrisas y miradas cargadas de ambición.

Yo, en cambio, caminaba como si estuviera atrapada en un sueño extraño del que no podía despertar.

Quería ir a hablar de manera inmediata con el responsable para aclarar todo, pero ni tan solo sabía quién era ¿acaso Mr. Charles?

, nos llevaron a una sala amplia con techos altos y una gran chimenea.

Me hundí en una de las sillas, intentando asimilar todo mientras los demás empezaban a presentarse en distintos idiomas.

—Marie Lafontaine, le France. C’est un plaisir —dijo la chica morena que había entrado en el comedor la primera en La Noche de los Elegidos.

—Roos van den Berg, Holanda. Aangenaam .

—Hans Müller, Alemania —dijo, frío como el hielo.

—Nil Fernández, España.

Uno a uno, fueron diciendo sus nombres con seguridad. Se notaba que todos tenían claro por qué estaban ahí y habían procesado e integrado que iban a competir en esta locura. Yo, en cambio, sentía cómo me temblaban las manos cuando llegó mi turno.

—Olivia Thorn… —dije con un hilo de voz—, Reino Unido.

Algunos de los jinetes me sonrieron. Otros simplemente asintieron. Todos hablaban inglés con más o menos fluidez, lo cual facilitó la conversación entre nosotros. Todos menos yo parecían estar disfrutando del momento.

Poco después, fui hacia la puerta para ver si podía hablar con el responsable, pero de pronto, alguien apareció por detrás.

—¿Se puede saber qué demonios haces aquí? —dijo una voz dirigiéndose a mí.

Me giré rápidamente y me encontré cara a cara con Mr. Charles. Su expresión era una mezcla de enfado y desconcierto.

—¿Metiste tu nombre en la selección? —preguntó, cruzándose de brazos.

—No —respondí inmediatamente.

—Olivia, esto debía ser solo para alumnos de tercer año —continuó, sin ocultar su frustración—. No debía estar tu nombre ahí. ¿Cómo ha ocurrido esto?

—No lo sé —dije, con un hilo de voz—. No puse mi nombre. Se lo juro.

Me miró fijamente, como si intentara detectar alguna mentira en mi rostro. Pero no la había. Yo estaba tan sorprendida como él.

Suspiró, pasándose una mano por el pelo.

—Esto es un problema.

—¿No se puede cambiar? —pregunté, con un atisbo de esperanza.

—No —respondió Mr. Charles—. Una vez que el nombre ha sido anunciado y escrito en el tablero, es oficial. No se puede revocar.

Hundí los hombros. No sabía si sentirme aliviada o aterrada.

En ese momento, uno de los organizadores entró en la sala y pidió nuestra atención.

—Ahora que todos han sido seleccionados, hay algunas normas que debéis conocer.

Nos explicó que tendríamos habitaciones especiales en una de las alas del castillo.

Eso significaba que tendría que recoger mis cosas y trasladarme allí.

En mis noches secretas con Jack en el castillo, nunca me había llevado a las habitaciones, así que no tenía ni idea de cómo serían.

Perfecto…, encima lejos de mis amigas, pensé, todo está siendo increíble esta noche.

—Vuestra rutina va a cambiar —prosiguió—. Tendréis más horas de preparación física. Los alumnos de tercer año tienen ventaja, ya que llevan más años de entrenamiento físico severo —dijo mientras me miraba específicamente a mí—. Así que los demás tendréis que alcanzarlos sin perder tiempo.

Magnífico, esto solo mejoraba por momentos.

—Además —continuó—, está prohibido traer a nadie a vuestras habitaciones. Este trimestre será intenso. Entre clases, entrenamientos y la presión de la copa, apenas tendréis tiempo libre. Debéis estar completamente concentrados.

Sentí una punzada de ansiedad en el pecho. No tenía idea de lo que me esperaba.