La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Aunque ya habíamos terminado de cenar, el comedor seguía lleno de conversaciones entremezcladas, risas y brindis con copas de zumos y refrescos, y es que, pese a que ya habíamos pasado a un cóctel de bienvenida, la academia mantenía sus estándares estrictos: nada de alcohol.

—Esto es increíble —comentó Emily, con los ojos brillando mientras observaba el enorme salón en el que se habían retirado las mesas y ahora se había convertido en una sala de baile—. Nunca había visto la academia tan llena de gente de tantos lugares distintos.

Jack, que estaba a mi lado, asintió con una leve sonrisa.

Yo también lo sentía así. Desde que había llegado a la Academia Rider, esta era la fiesta más grande en la que había estado, bailamos La Macarena , reguetón español, chanson , folclórica, y todos llevábamos banderas en las manos ondeando al ritmo de la música, mientras que los jinetes de las distintas academias ya se habían empezado a relajar e iban y venían por todo el comedor con sus uniformes impecables, comentando y riendo.

Decidimos acercarnos a un grupo de jinetes de Noruega, ya que Grace los conocía.

—¿Cómo es estudiar en vuestra academia? —preguntó Brooke con genuina curiosidad.

Uno de los chicos, de pelo rubio y largo recogido en una trenza, sonrió antes de responder.

—Muy distinto a lo que veo aquí. Nosotros trabajamos mucho con la doma natural, nos enfocamos en el vínculo con el caballo antes ni siquiera de pensar en competir.

Si competimos, lo hacemos con neckrope o con bitless , tenemos pruebas específicas y trabajamos mucho en doma en libertad pie a tierra —explicó el chico con un inglés casi perfecto.

—Son de tu equipo, Olivia —me dijo a la oreja Jack mientras recordaba el primer examen que hice con neckrope .

—Eso suena muy bonito —comenté, interesada.

—Lo es —asintió—. Creemos que la conexión con el caballo es lo primero. Muchos de nuestros entrenamientos se hacen sin montura ni brida, solo en libertad.

Me quedé pensando en eso. Quizás podría aprovechar la oportunidad con alguno de ellos para que nos ayudaran a mí y a Liberty a trabajar un poco más en libertad.

—¿Y dónde os habéis instalado? —preguntó Harper.

—Nos han asignado unas habitaciones en el ala sur del castillo —respondió una de las chicas noruegas—. Es impresionante vuestra academia, parece como de película Disney, aunque se pasa un poco de calor para nuestro gusto, no estamos acostumbrados.

Jack y yo intercambiamos una mirada. Ni siquiera sabíamos que había habitaciones habilitadas para los jinetes internacionales en alguna ala del castillo, aunque Jack conociera varios de los secretos de este sitio, porque de pequeño había estado correteando por varias salas y lugares del edificio principal.

Quedaba claro que la Academia Rider era un lugar lleno de secretos, incluso para él y para los que estudiábamos aquí.

De pronto, la voz de Mr. Charles resonó por todo el comedor.

—¡Silencio, por favor! —dijo—. Un minuto de atención, por favor.

El murmullo de la sala se apagó lentamente hasta que solo se escuchaban las respiraciones. Todos sabíamos lo que venía ahora.

El sorteo.

Mr. Charles se situó en el atril y dio unos golpes al micrófono, asegurándose de que se escuchaba bien. Al lado, tenía la urna llena con todos los nombres de los alumnos dispuestos a participar en la copa. El representante de nuestra academia saldría de ahí al azar.

Miré alrededor. Nadie parecía particularmente nervioso.

De hecho, todos mis amigos se encontraban bastante relajados, Jack estaba de brazos cruzados, con una leve sonrisa.

Emily y Brooke seguían haciendo apuestas en voz baja sobre quién sería elegido y Grace y Harper cuchicheaban sobre los chicos que encontraban más guapos de los diferentes países.

Entre medias, varias personas iban repartiendo caramelos de diferentes colores, como los de los estandartes de las academias, y todos cogimos algunos mientras comentábamos quien creíamos que iban a ser los seleccionados.

—Fijo que es Mike, he escuchado que en Instagram le tocan todos los sorteos. Seguro que aquí también le toca, lo está deseando —susurró Emily.

—Sí, yo también he oído lo de Mike —dije mientras jugueteaba de manera distraída con un caramelo que tenía en el bolsillo.

—O quizás está amañado y esto del sorteo es solo una tapadera y los profesores han elegido el nombre que quieren que salga antes de la cena —añadió Brooke pensativa.

Mr. Charles metió la mano en el interior de la urna, removiendo una y otra vez entre todos los nombres.

El silencio era absoluto.

Yo estaba realmente tranquila, al igual que mis amigos. Observé al director con curiosidad, preguntándome qué nombre leería, a la vez que palpaba en el bolsillo un envoltorio de un caramelo con el dedo pulgar e índice.

Sacó un papel. Lo desplegó lentamente.

Esperó varios segundos, algunos más de lo normal, creando aún más tensión. Fueron segundos que a todos se nos hicieron eternos mientras ponía cara de susto y de sorpresa, hasta que finalmente dijo:

— Olivia Thorn.