CAPÍTULO 5 #2
Emily nos contó un poco más sobre esta escuela, que al parecer era superfamosa en el mundo ecuestre.
Su historia nos dejó alucinadas. El Irish National Stud & Equestrian School no solo se dedicaba a enseñar a montar como otras academias, sino que se había especializado en algo muy concreto: la cría de caballos purasangre para carreras y de ponis connemara , una raza típica de Irlanda.
Puede parecer una mezcla un poco rara, carreras de purasangre por un lado y ponis por otro. Pero justo ahí estaba lo interesante.
Los caballos de carreras, por ejemplo, normalmente compiten hasta los tres o cuatro años.
Después de eso, si no son destinados directamente a la cría, muchos de ellos son redomados en la propia escuela y convertidos en caballos de salto, lo que no era nada fácil.
Pero con el trabajo de los jinetes de la INS, algunos de esos excaballos corredores habían llegado a competir al más alto nivel en pruebas de salto.
Con los connemaras pasaba algo parecido.
Criaban solo con las mejores líneas, cuidaban cada cruce al detalle y eso hacía que los ponis salieran no solo increíblemente bonitos, sino también supercompetitivos.
De hecho, ir a comprar un poni al INS era señal de calidad y de que tenías un ganador entre manos.
Además, los alumnos no solo montaban. Estudiaban principalmente genética, reproducción y selección de líneas, casi como si fueran científicos del mundo del caballo.
Eran verdaderos expertos. En la parte práctica se organizaban por especialidades: estaban los jinetes de salto y ponis, que eran más versátiles, y luego los que querían ser jockeys , que solían ser más bajitos y delgados, ya que el peso es superimportante en las carreras.
Todo el plan de estudios giraba en torno a ese doble enfoque: competición y cría.
El siguiente turno fue para Noruega. Grace estaba emocionada de ver a sus compatriotas, hasta nos había dicho que nos iba a presentar a alguno de los jinetes que conocía.
Las chicas llevaban unas faldas gordísimas que parecían de lana pura.
Estas eran de diferentes tonos, desde azules oscuros hasta beige y marrón oscuro, todos colores muy otoñales.
Este equipo daba unas vibras de mucha tranquilidad y paz, como si estuvieran en perfecta armonía con la naturaleza.
Brooke se giró hacia mí con una mirada curiosa.
—Seguro que esas faldas tan gruesas de lana tienen que ver con el frío que hace allí. No parecen nada cómodas para montar.
—Pues sí —intervino Grace, sonriendo—. Allí montamos mucho así, sobre todo cuando salimos al campo. Hace un frío que pela, y esas faldas protegen un montón, especialmente las piernas cuando paseamos entre nieve.
—¿Y no se os enganchan con la silla o algo? —preguntó Emily, frunciendo el ceño.
—Para nada. Están diseñadas justo para eso. Algunas tienen una especie de apertura o pliegue especial para que se ajusten bien cuando montas. Y debajo solemos llevar mallas térmicas, claro —añadió Grace, como si fuera lo más normal del mundo.
—Pues yo me congelaría igual —dije, riéndome—. Ya me cuesta salir a montar en invierno aquí, como para hacerlo en medio de la nieve.
Grace se encogió de hombros.
—Cuando te crías entre montañas nevadas y ponis peludos, el frío se vuelve parte del plan.
Nos reímos todas mientras observábamos al equipo noruego desfilar con tranquilidad.
Mr. Charles, como ya venía siendo costumbre en la noche, aprovechó la ocasión para darnos una pequeña introducción sobre ellos.
—El Norsk Hestesenter (NHS), con un enfoque total en la doma natural, es el centro de referencia para la equitación en Noruega. Se especializan en el entrenamiento de caballos en libertad y en el trabajo con la raza autóctona de caballos fjord .
Para los noruegos y esa escuela, la equitación no se trataba casi de montar a los caballos, sino de formar un vínculo con ellos.
Finalmente, llegó el turno de los portugueses.
El comedor se iluminó con una energía parecida a la de los españoles, aunque sin tanta fiesta.
Los portugueses no solo entraron con elegancia, sino que se notaba que su participación en este tipo de eventos les emocionaba profundamente. Su entusiasmo era contagioso.
Llevaban trajes de gala, con fracs de color granate, todos uniformados, y detalles en oro que brillaban bajo las luces del comedor. Su desfile fue alegre y lleno de vida.
—¡Mira esos trajes! —dijo Harper, mientras observaba con admiración—. Son impresionantes. Son los típicos trajes de los espectáculos ecuestres que hacen en su escuela. ¡Hace unos años fui a Portugal y los vi en vivo! Hacían ejercicios de alta escuela, como levadas y corvetas, fue increíble.
—¡Qué suerte! —respondió Emily—. Debe ser un espectáculo impresionante.
Mr. Charles compartió toda la información.
—Desde la península ibérica, tenemos con nosotros a Portugal.
Jinetes que entrenan en la Escuela Portuguesa de Arte Ecuestre, ubicada en Lisboa, es famosa por su trabajo con caballos lusitanos y su dedicación a la doma clásica al estilo tradicional portugués.
Esta escuela se inspiró en la Real Escuela de Equitación de Viena, y sus jinetes realizan exhibiciones espectaculares a riendas largas.
Sabía que Portugal tenía una rica tradición ecuestre, especialmente con sus caballos lusitanos. Ojalá hubieran traído alguno, porque nunca los había visto en directo y tenía el presentimiento de que me iban a encantar.
El comedor ahora ya estaba lleno de jinetes y de una mezcla de colores, rasgos y tradiciones ecuestres.
Obviamente, de la última nacionalidad y academia, que era la nuestra, se contaron unas pequeñas pinceladas para los asistentes de otras nacionalidades. Pero como ya sabíamos bastante sobre ello, tocaba empezar a comer.
Era curioso cómo la academia también había pensado en la comida, diferentes cocineros llegaban con platos y platos de comida llenos de sabores típicos de cada nacionalidad, desde los cruasanes franceses hasta el estofado irlandés, pasando por el jamón de bellota pata negra español.
Los jinetes de cada país comían tranquilamente, interactuando entre ellos, intercambiando risas y bromas. Pero entre todas las conversaciones y los platos que poco a poco se iban quedando vacíos, quedaba lo más importante: seleccionar a un jinete de nuestra academia que representaría a Reino Unido.
Sabíamos que los seleccionados de los otros países eran dos chicas y cinco chicos, había una ligera esperanza de que tal vez nosotros equilibráramos más la balanza, para que fuésemos tres chicas y cinco chicos.
Brooke y Emily estaban enfrascadas en una conversación sobre las selecciones de los otros países.
—Sabéis, hoy me han contado que el proceso de selección para la mayoría de países es diferente al nuestro —dijo Emily, mirando su plato—.
En Francia, por ejemplo, siempre eligen a los dos mejores jinetes de la escuela de último curso, y es el mismo sistema en Holanda y Alemania.
Aunque los alemanes tienen un método más riguroso de evaluación y no es tan sencillo colocarte entre los mejores.
No se trata solo de tus habilidades como jinete, sino también de tu capacidad de lógica, saber soportar la presión, cuáles son tus notas, etc.
Asentí. Me pareció increíble que por sacar las mejores notas después te hicieran participar en esta locura, aunque seguramente la mayoría de ellos estaban locos por participar y dejar a su país en lo más alto, para ellos debía ser un orgullo.
—Y entonces, ¿el resto de selecciones cómo lo hacen? —preguntó Jack, siguiendo con el tema.
—Por lo que me han contado, los otros equipos no lo dejan al azar como nosotros —respondió Emily, cruzándose de brazos—.
Ellos hacen una especie de examen específico para elegir a los jinetes que compiten.
Un proceso con varias pruebas, tanto de montar como teóricas y, claro… , eso les da cierta ventaja.
—¿Ventaja en qué sentido? —preguntó Brooke, inclinándose un poco hacia adelante.
—Pues que sus entrenamientos están más enfocados a ese tipo de prueba de selección. Es decir, pueden preparar a sus candidatos justo para eso, entrenando pruebas que ya han salido en otros años. Y probablemente esas pruebas se parezcan bastante a las que veremos este año —explicó Emily.
Jack soltó un bufido, medio en broma.
—Pues vaya, nosotros somos los únicos que lo dejamos al azar con un sorteo, somos un poco…
—¿Espontáneos tirando a imprudentes? —solté yo, riendo. No sé si me la jugaría con Liberty.
—Más bien optimistas —añadió Grace—. O muy confiados en las habilidades de los alumnos. Aunque hay que admitir que también tiene su encanto, ¿no? Le da emoción.
—Sí, emoción y un ataque de nervios si te eligen sin esperártelo —murmuró Brooke, poniendo los ojos en blanco.
—Aunque, bueno, al menos aquí todos tenemos una oportunidad —dije yo, intentando ver el lado positivo—. No importa si llevas montando desde que tenías cinco años o si eres un poco más nuevo, puedes intentarlo igual. Y eso… mola —dije pensativa.