La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

Nos habían pedido que lleváramos la sudadera de nuestra casa para ir uniformados a la cena. A lo largo del día, la academia se había ido llenando de una mezcla de granate de la casa de doma, azul de la casa de salto y verde caqui de la casa de completo, los colores que nos representaban.

Cuando el reloj marcó las siete, me reuní con Emily y Brooke en la entrada del edificio principal. Jack apareció poco después, ajustándose la capucha de su sudadera azul.

—Bueno, parece que ya estamos todos —dijo Emily, echando un vistazo alrededor.

—¿Estamos preparados para descubrir quién nos va a representar en esta cena especial? —preguntó Jack con una mueca.

—No nos queda otra —dije—. Además, tengo curiosidad. Nunca hemos estado en el comedor del castillo.

El comedor era un misterio para la mayoría de los alumnos. Sabíamos que existía, pero nunca nos habían permitido entrar. Solo lo usaban en eventos importantes, lo que significaba que esta noche no era cualquier cosa.

Respetamos las indicaciones para llegar al comedor, siguiendo también a la marabunta de alumnos que se dirigían hacía ahí. Sus enormes puertas de madera estaban abiertas de par en par, dejando ver un interior iluminado con candelabros y lámparas antiguas.

El lugar era impresionante. El techo altísimo tenía vigas de madera oscura, y a lo largo de las paredes colgaban banderas de distintos países, que se movían ligeramente con la corriente de aire.

Las mesas de madera maciza estaban dispuestas en filas largas, con platos, cubiertos y vasos alineados perfectamente sobre ellas.

—Este sitio es enorme —murmuró Brooke, maravillada.

—Y pensar que hemos pasado dos trimestres en la academia sin ver ni un cuarto de lo que hay dentro del edificio principal —comenté, pensando que yo al menos había descubierto algunas salas, pero seguramente quedaban muchísimas más.

Varias mesas aún estaban vacías. El sonido de los pasos y las conversaciones animadas de los alumnos llenaban el espacio mientras todos buscaban rápidamente un sitio para sentarse con sus amigos.

Entonces, un sonido estridente resonó en la sala.

Las conversaciones se pararon al instante. Mr. Charles se puso de pie en la mesa principal, donde se encontraban varios profesores, y extendió los brazos.

—Bienvenidos —anunció con su voz grave— a La Noche de los Elegidos y a la presentación de la Copa de Naciones.

Hubo un aplauso generalizado, pero la mayoría de los alumnos estaban demasiado pendientes de lo que vendría después como para distraerse con ovaciones.

—Como sabéis, esta competición reúne a las mejores academias ecuestres del mundo. Esta noche, damos la bienvenida de manera oficial a nuestros invitados, los equipos de los siete países restantes que participan en la copa.

El sonido estridente sonó de nuevo y las puertas del comedor se abrieron.

Uno a uno, los representantes de la primera academia fueron entrando en formación. Emily, que estaba sentada a mi lado, se inclinó un poco hacia mí.

—El que va delante es el elegido de cada país —susurró—. En las otras academias ya han hecho su selección.

El primer grupo de diez jinetes y amazonas iban vestidos con trajes azul marino, con solapas decoradas con la bandera de su país. La imagen era impresionante, todos perfectamente uniformados.

—Desde Francia —anunció Mr. Charles—, damos la bienvenida a los jinetes de Cadre Noir de Saumur.

Los franceses avanzaban por el pasillo central con paso firme y elegante. La amazona al frente tenía una postura impecable, con una expresión concentrada y seria.

—El Cadre Noir de Saumur es una de las instituciones más emblemáticas de la equitación francesa —continuó el director—.

Fundada en el siglo XIX, combina la equitación militar con la doma clásica y es conocida por sus espectaculares exhibiciones.

Sus jinetes, considerados la élite de la equitación francesa, entrenan caballos con un alto nivel en doma clásica y monta militar.

El grupo se dirigió a su mesa entre una ronda de aplausos.

Se abrieron las puertas otra vez y los holandeses entraron, todos los ojos se dirigieron hacia ellos.

Sus trajes de un naranja brillante destacaban tanto que casi parecían antorchas encendidas.

Las chicas llevaban falda, mientras que los chicos vestían pantalones, todos con un parche con la bandera de Holanda en el pecho, en los calcetines y en la espalda, dejando claro a qué país pertenecían.

—¡Vaya! Eso sí que es un color llamativo —comentó Brooke con una sonrisa mientras observaba cómo los holandeses buscaban su mesa.

Emily se rio y asintió.

—Bueno, es su estilo. Creo que hasta compiten con fracs de este color en concursos internacionales.

Mr. Charles siguió con su discurso:

—Desde Holanda, la Academia Nacional de Equitación de los Países Bajos destaca por estar siempre a la vanguardia del entrenamiento en doma clásica y la formación de profesionales del mundo del caballo.

Gracias a su rigurosa enseñanza y modernas instalaciones, ha formado a algunos de los mejores jinetes de doma del mundo.

Los holandeses también se llevaron un gran aplauso, a lo que respondieron con una reverencia antes de sentarse en su zona.

La siguiente nacionalidad en entrar fue la alemana, y la diferencia respecto a las otras dos nacionalidades era manifiesta.

El ambiente en un momento se volvió mucho más serio y sobrio.

Los alemanes iban completamente vestidos de negro, con solo una pequeña bandera del país en el pecho, lo que daba un aire aún más serio.

Las chicas, casi todas rubias, llevaban el pelo recogido en una cola alta y pequeños tacones exactamente iguales.

Los chicos, por su parte, parecían clones, todos con el mismo corte de pelo.

Jack susurró mientras los observábamos:

—Estos parecen bastante… intimidantes, ¿no?

No pude evitar reírme. La rigidez con la que habían entrado los alemanes les confería un aire autoritario y daban a entender que no habían venido precisamente aquí para jugar.

Las presentaciones continuaron por boca de Charles:

—Y… ya tenemos aquí a los alemanes, directamente llegados de la Escuela Alemana de Warendorf, escuela de referencia absoluta en el entrenamiento de jinetes y caballos de alto rendimiento en la disciplina de completo principalmente, aunque cuentan con multitud de formaciones.

Son el centro oficial de la Federación Ecuestre Alemana, su método de enseñanza es la base del éxito de los jinetes alemanes.

La multitud aplaudió con entusiasmo, y los alemanes se dirigieron a sus asientos igual de serios que como habían llegado.

A continuación, entraron los españoles. En cuanto cruzaron el umbral, todos nos dimos cuenta de que la energía en el comedor había cambiado por completo.

Los españoles eran la antítesis de los alemanes: entraron riéndose, moviendo con las manos banderitas emocionados, y mostrando una energía que contagiaba al resto de la sala.

Emily comentó en voz baja:

—¡Mira la diferencia! ¡Los alemanes casi nos matan con la mirada, y los españoles lo están celebrando como si fuera una fiesta o como si ya hubieran ganado!

Jack, a mi lado, sonrió.

—Ya lo creo, la diferencia es abismal.

Los españoles llevaban un traje algo peculiar. Pantalones anchos hasta los tobillos, tres cuartos, con algunos adornos al final del pantalón, camisa blanca y una chaqueta que les llegaba por la mitad del torso con un estilo muy peculiar.

—Esto que llevan se llama traje corto —dijo Jack, mirando el outfit con una ligera sonrisa—. Es típico de España, y tiene mucho que ver con el tipo de monta que practican allí. Es el que llevan para hacer doma vaquera, que es una de las disciplinas más conocidas de su país.

Mientras tanto, Mr. Charles nos contaba sobre ellos:

—Llegados desde el sur de España, los jinetes pertenecientes a la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, ubicada en Jerez de la Frontera, es conocida internacionalmente por su espectáculo Cómo bailan los caballos andaluces , donde se exhibe la destreza de la gran tradición del caballo que hay, mezclando doma clásica, doma vaquera y alta escuela, con el majestuoso caballo andaluz como protagonista.

El aplauso fue ensordecedor, y los españoles se sentaron alegremente saludando con las manos a todo el mundo. Por el camino habían ido repartiendo banderitas con los colores de España y ahora todo el comedor era una explosión de color rojo y gualdo.

Las puertas se abrieron de nuevo, y una de las tres últimas nacionalidades, Irlanda, empezó a entrar con unas vibras muy tranquilas que contrastaba con la energía desbordante que habíamos visto de los españoles o la seriedad de los alemanes.

En cuanto los vi, su outfit me llamó la atención de inmediato.

Las chicas llevaban faldas largas, que llegaban hasta los pies, en un patrón de cuadros verdes y blancos.

Los chicos, también vestían con faldas bien orgullosos, lo que acentuaba aún más la diferencia de estilos.

Para completar el outfit , todos llevaban camisas blancas, impecables y bien planchadas.

Sin embargo, el jinete elegido, que iba en cabeza, lucía una americana negra que le quedaba perfecta, diferenciándose de los demás.

—Qué curioso los chicos con falda, ¿no? —comentó Brooke a mi lado, mientras observábamos con atención.

Yo solo asentí.

Mr. Charles, desde el escenario, comenzó a hablar sobre ellos.

—Ya tenemos aquí a nuestro querido país vecino: Irlanda.

El Irish National Stud & Equestrian School (INS) es una referencia mundial en la cría de caballos de carreras purasangre y connemaras .

Además de su programa de equitación especializado en salto, esta institución prepara a futuros entrenadores y jinetes para la exigente industria del turf .