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Vale. Vale. Entendido .
Di diez cuatro. Repíteme la información. Que eres piloto, cojones.
Joder, Bangley .
Estoy intentando que te calmes. Céntrate en los detalles, uno a uno.
¡Por el amor de Dios! ¿Pero de dónde ha salido este hombre?
Pausa.
Diez cuatro, me cago en todo. Medio kilómetro. Estoy centrado .
Muy bien. Date la vuelta. Ahora. ¡Date la vuelta! Mira hacia mí. Coge una botella de agua. Estírate como si hicieses una pausa. ¡ VENGA !
Vale, vale, ya voy .
Es imposible que nos oigan, Hig. El viento sopla hacia ti. Están a barlovento. Que se te vea natural. Estírate. Bebe. Cuando pulses el botón del micro haz como que te rascas el pecho. Estás completamente solo en el mundo. Al menos para ellos. Una presa aislada.
De puta madre.
¿Dónde anda tu colega?
¿Mi colega? ¡Ah, Jasper! Ya te contaré .
Breve pausa. Casi se oían los clics, los leves ajustes en la estrategia.
Nueve. ¿Me recibes? El número es nueve. Tienes nueve perseguidores .
¿Nueve? ¡Me cago en la leche!
Saben que vas armado, Hig. Quieren la carne y quieren el arma. Ellos no tienen ninguna, al menos no de fuego, que yo haya visto. Si las tuvieran ya estarías muerto. ¿Recibido?
Recibido, ¡coño! ¿Nueve?
Escucha, Hig. Tienen machetes. Parecen machetes o espadas.
¿Espadas? ¡Me cago en la puta!
Cálmate, Hig. Están dispuestos a sufrir bajas, creo. Quieren tu arma y la quieren de verdad.
Puto Bangley . Todo esto lo adivinaba desde tres kilómetros de distancia. Allí en su torre, inclinado sobre la mira del catalejo.
Genial.
Dispuestos a sufrir bajas. Y cada cual se imagina que no será él. Quieren comer venado y quieren el fusil. ¿Me recibes?
Sí.
Dilo, Hig. No te desconcentres.
Se me salía el corazón por la boca. Casi me echo a reír. Allí mismo, con el sol a la espalda, mirando hacia el sendero entre los altos arbustos con una puta división, casi una puta división de visitantes siguiéndome a menos de quinientos metros.
Dilo.
Diez cuatro.
Muy bien. Recupera el aliento.
Bangley, dime qué coño quieres que haga. ¿Qué hago?
Respirar. Quiero que respires. Te están acechando, Hig. Tienen todo el día, o eso creen. No tienen ninguna prisa. Tú te mueves despacio, acabarán alcanzándote. Se acercarán poco a poco y entonces atacarán. Ya lo han hecho antes. Por cómo se mueven diría que lo han hecho otras veces. ¿Me recibes?
Sí, joder, sí que te recibo. Diez cuatro.
Vale. Tú tienes la ventaja. La ventaja, Hig. Ahora mismo llevas las de ganar.
¿Ah, sí?
Te lo digo yo, Hig. Escúchame.
En aquel momento me pareció un poco preocupado, lo cual no me tranquilizó precisamente. Nueve eran la hostia de visitantes con ganas de matarte. De matarme.
Escúchame. Más adelante, al este, como a setenta y cinco metros, el sendero desciende hacia una especie de barranco. No es muy profundo, pero bastará. Estírate y recoge la cuerda como si estuvieras hecho polvo y sigue caminando hacia esa hondonada.
Bangley, estoy hecho polvo que te cagas.
Perfecto, Hig. Así estarás más calmado. Hoy no hay café para Hig, al menos de momento.
Mano firme. No te puede temblar el pulso.
Ahora echa a andar. Hay un arbusto grande y espeso al lado norte del sendero en la parte más profunda de la cañada.
Un par de ellos. Son ideales. Arrastra el trineo detrás y ocúltalo, corta unas ramas si hace falta.
Llevas dos animales ahí, por lo que veo, ¿correcto?
Eres bueno, Bruce. Eres increíble.
Una pausa para rumiarlo. No estaba seguro de si yo pretendía ser sarcástico o no, y tampoco importaba.
Me alegro de que por fin caigas, Hig, de verdad. El trineo y la carne te protegerán en caso de que me equivoque en lo de las armas. En caso de que las lleven. Una ballesta o alguna otra cosa que yo no vea. No tienen nada, pero mejor no arriesgarse. Toda precaución es poca .
Le encantaba decir eso. Toda precaución es poca. Bueno, eso es lo que le había salvado el puto pellejo hasta entonces. Tenía que reconocerle el mérito. A Bangley .
Esconde el trineo y sitúate detrás. ¿Me recibes?
Afirmativo . Pausa. ¿ Bangley ?
Adelante, Hig.
Mi cargador es de cinco balas. Otra en la recámara. Son seis.
Pausa. Se oía el golpeteo de la cola de conejo agitada por la brisa. De pronto se había hecho un gran, gran silencio.
¿Cómo me voy a cargar a los nueve si me atacan? ¿Con seis balas?
Interferencias en la radio. Creo que nunca me he alegrado tanto de oírlas. El sonido de la intervención, de la calma en un tiroteo, el sonido de la maestría táctica. Bangley .
Vale, escucha, Hig. Respira y escúchame. Vuelve a estirarte. No tienes ni idea, ni la más remota idea de que te siguen esos cabrones. No estaría de más que cantases.
¿Que cantase?
Sí, que cantes. O que silbes . Es la cosa más tranquilizadora del mundo. Pero ahora escucha, escúchame, Hig. Cuando aparezcan por el borde del barranco espera. Planifica los disparos. Bárrelos de derecha a izquierda, te será más fácil. ¿Recibido?
Sí.
Dilo.
De derecha a izquierda. Diez cuatro.
Vale. Aunque no tengas la mejor mañana de tu vida te cargarás a dos, posiblemente a tres.
Al menos. Además, disparas desde un lugar oculto, esos primeros tiros serán una sorpresa del copón, te lo digo yo.
Se quedarán de piedra. Creían que ya te tenían.
Creían que eras un pobre capullo agotado de cazar ciervos que vuelve a casa en la puta inopia.
No saben que se han metido en nuestro puto perímetro .
Me estaba largando un discursito motivador. Y estaba funcionando. El puto Bangley.
¿Hig?
¿Sí?
¿Me sigues?
Sí. ¿Qué coño están haciendo ahora?
Tú no te preocupes por ellos. ¿No te acuerdas de que tienen todo el día?
Mientras estés ahí parado descansando no se van a mover.
Vale, Hig, te cargas a dos o tres de una tacada.
Igual hasta cuatro, si es tu día de suerte.
Entonces los demás se ponen a cubierto e intentan localizarte.
No les ha dado tiempo de encontrarte. Ten la munición a mano.
En la mano no, se te pueden caer las balas.
Colócalas en línea undostrescuatrocinco.
Coloca diez, mejor doce si te sientes generoso. En el mismo trineo. Diez.
Diez.
Bien. Tienes un cargador lateral. Nunca he comprendido el rollo nostálgico que te traes con ese puto .308 tuyo con acción de palanca. ¿Qué es, un Savage 99?
Sabía exactamente cuál era.
Un puto Savage 99. ¡Ay, este Hig! Bueno, pues me alegro. Ahora me alegro.
¿Ah, sí?
¡Ya te digo! El cargador lateral será mucho más rápido que darle la vuelta.
Mételas con el pulgar. De una en una, sin prisas.
Si tienes tiempo, amartíllalo despacio y sin hacer ruido y mete la sexta.
Sin hacer ruido, para que no te localicen si no lo han hecho aún. Y no te han localizado. ¿Recibido?
Respiré hondo. Estaba agotado. De pronto me alegraba mucho, pero mucho, de contar con el respaldo de Bangley. Nunca me había alegrado tanto.
Recibido. Puto diez, puto cuatro.
¡Ese es mi Hig! Ahora quedarán entre siete y cinco.
Estás a cubierto, oculto, y si creen que merece la pena salir de sus escondites de mierda aunque acabes de cargarte a sus colegas, entonces van más en serio de lo que yo creo.
Y estoy seguro de que no. Pero igual se cabrean.
El factor cabreo está ahí, hay que tenerlo en cuenta.
El factor has-matado-a-mi-gemelo-subnormal-yo-tereviento.
En cualquier caso sigues llevando las de ganar.
Me eché a reír. Allí mismo, con el sol en la cara y la brisa que bajaba de las montañas, seguramente cargada del perfume eau de acechadeur , y con mi perro muerto, me eché a reír.
¿Te ríes o lloras?
La preocupación parecía sincera.
Me río, me río. Jasper ha muerto. Mientras dormía.
Lo siento, Hig. De verdad. Ahora contrólate. ¡Hig!
Vale, vale. El factor has-matado-a-mi-gemelo-subnormalyo-te-reviento. Te escucho, Bangley.
A lo que estamos, Hig. Céntrate en lo que estamos.
Te quedan entre cuatro y siete. Si al final te atacan por venganza te cargas a un par más y listo, asunto concluido.
Los demás se retirarán, te lo garantizo.
Si son más listos de lo que parecen, primero se dispersarán.
Intentarán rodearte. Eso sería grave, pero tengo buen ángulo.
¿Te acuerdas de que querías construir la torre de seis metros, quedarte en los seis metros?
¿Y que yo te dije que nueve y estuviste de mala leche dos semanas?
¿Te acuerdas? ¿Y del porche? ¿Mi porche reforzado con vigas dobles?
Pues era por eso: para verlos a todos. Ahora se han echado al suelo, pero cuando se mueven, aunque sea agachados, los veo.
Así que tú quédate en tu sitio. Si se dispersan, tú recarga y yo te los iré cantando.
Encara la aguja de roca, hacia el oeste, será la que marque las doce, y yo te cantaré sus posiciones: dirección y distancia. Será como tiro al plato.
Hig, ¿me recibes?
Como tiro al plato. Las doce están en la aguja de roca.
Muy bien. Se te ve muy entero, Hig. Acabo de acordarme de una cosa: ¿llevas el arma de repuesto, la Glock?
Sí.
De puta madre. Vamos a hacerlo todo tal cual te acabo de decir. Si falla todo lo demás, si uno se te acerca demasiado, saca la pipa y cárgatelo. Comprueba que esté amartillada. Espera a estar fuera de su campo de visión y compruébalo. ¿Recibido?
Recib... Diez cuatro.
Ahora guarda el agua, empieza a silbar, recoge la cuerda y echa a andar.