La Constante de Reacción (La Ciencia del Deseo nº 2) La Primera Ecografía
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La Primera Ecografía

Olivia

Meses después, en la penumbra de la sala de ecografías, mi mano buscó la de Daniel. Su agarre fue instantáneo. Mis ojos se clavaron en la pantalla granulada. Y entonces, surgió la señal.

No era una mancha. Era una forma. Una cabeza. Un cuerpo arqueado. Un ser humano en miniatura flotando en su propia galaxia.

—Ahí lo tienen —dijo el ginecólogo—. El corazón. ¿Quieren oírlo?

Asentimos. El sonido llenó la habitación. Pum-Pum-Pum. Un galope salvaje y atronador. La banda sonora de nuestra nueva vida.

Miré a Daniel. Tenía los ojos anegados. Su boca entreabierta en una expresión de maravilla absoluta. Ya no era el científico. Era un padre.

—Hola, pequeña constante —susurró.

En ese instante, mis miedos se disolvieron. Esto no era un salto al vacío. Era el ancla.

—Es una niña —anunció el doctor.

Gabriela. Gabi.

Al salir de la clínica, la luz de Madrid era diferente. Daniel me rodeó con su brazo. —Tenemos que celebrarlo. ¿Un japonés?

Solté una carcajada. —¿Pescado crudo? Estás loco. Quiero una hamburguesa con queso. La más grande que encuentres. Y patatas.

Él sonrió. —Validado. Operación hamburguesa.

Caminamos abrazados. No me estaba disolviendo. Me estaba expandiendo. Éramos una familia a punto de empezar.

Daniel

La hamburguesería era ruidosa y olía a grasa. Pero ver a Olivia devorar esa hamburguesa doble fue la imagen más hermosa que había visto en mi vida.

Había una honestidad brutal en su apetito, una celebración de la vida sin artificios.

—¿Qué? —preguntó ella con la boca llena.

—Nada —dije—. Solo observo un fenómeno de la naturaleza.

—Pues el fenómeno necesita otra ración de patatas. El motor de Gabi consume mucho.

El motor de Gabi. La frase me golpeó. De repente, no la vi solo como Olivia. La vi como la Madre, una fuerza creadora. Y esa visión fue el catalizador de un deseo profundo, casi reverencial.