La Constante de Reacción (La Ciencia del Deseo nº 2) La Infiltración
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La Infiltración

Daniel

La calma que siguió a mi primer enfrentamiento con Marina en el laboratorio fue una calma tensa. Cumplí mi palabra al pie de la letra: correos con copia, frialdad profesional. Marina pareció aceptar las nuevas reglas, manteniendo las distancias.

Creí, ingenuamente, que la muralla había aguantado. Que habíamos ganado. Pero no conté con que, si no puedes derribar la puerta principal, buscas la ventana trasera.

Fue Olivia quien, sin saberlo, le abrió esa ventana.

Un martes por la noche, llegó a casa con una excitación que hacía tiempo que no le veía. Su piel de tono miel parecía más luminosa, sus ojos oscuros brillaban con un propósito.

—¡No te vas a creer quién se ha unido como voluntaria a la organización! —dijo, mientras dejaba su bolso—. ¡La nueva directora de genómica del CNIC!

Sentí un escalofrío. La palabra "coincidencia" murió en mi cerebro antes de nacer.

—¿Marina? —pregunté, mi voz apenas un susurro.

—¡Sí! Resulta que su madre era cooperante. Estuvimos hablando un rato hoy después de la reunión. Daniel... es encantadora. Ha propuesto ideas para la gala benéfica que nos van a salvar el presupuesto.

La palabra "encantadora" me sonó como una sirena de alarma. Miré a Olivia, vi su sinceridad, su bondad, y comprendí la brillantez diabólica de la estrategia. No podía atacarme a mí, así que había decidido infiltrarse en el mundo de ella.

—Cariño... —empecé, acercándome con cautela—. Sé lo que parece. Pero es una maniobra. Lo hace para acercarse a nosotros.

Olivia suspiró, una mezcla de paciencia y frustración.

—Sé que tienes miedo, Daniel. Pero no puedo rechazar a una voluntaria tan cualificada solo porque tenéis historia. Sería poco profesional. Además, apenas preguntó por ti. Se centró en el proyecto.

—Es una manipuladora experta —insistí, cogiéndola de los hombros—. Por favor, no te fíes.

—No te preocupes —dijo, dándome un beso suave en los labios para callarme—. Sé quién es. Y sé lo que tenemos tú y yo. No soy tan fácil de manipular. Confía en mi criterio.

Quise gritarle que su criterio era demasiado noble para una guerra tan sucia, pero me callé. Ella quería creer en la bondad. Y Marina iba a usar esa fe como un arma.