La Constante de Reacción (La Ciencia del Deseo nº 2) Película y Palomitas
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Película y Palomitas

Olivia

Era mi turno de elegir. Notting Hill.

Daniel puso los ojos en blanco.

—Esto viola las leyes de la probabilidad —refunfuñó, mientras yo le llenaba el bol de palomitas.

—Cállate y come, científico.

Se acomodó a mi lado. Al principio, soltaba comentarios cínicos sobre el guion. Yo le daba codazos.

A los cuarenta minutos, los comentarios cesaron.

Sentí un peso en mi hombro. Su cabeza había caído. Su respiración se volvió profunda, rítmica.

Lo miré.

Tenía la boca un poco abierta. Un hilo de baba amenazaba con caer. Parecía mucho más joven. Sin las arrugas de tensión en la frente. Sin la guardia alta.

El hombre que siempre estaba analizando, midiendo, controlando... se había apagado.

Se sentía seguro. Conmigo.

Le quité el bol de palomitas de las manos con cuidado. Le tapé con la manta.

Dejé que durmiera toda la película. Ni siquiera vi el final. Me quedé mirándole a él.

Cuando se despertó, desorientado, en los créditos finales, me miró con pánico.

—Mierda. Me he dormido. Lo siento.

Le sonreí y le besé la frente.

—No lo sientas. El científico necesitaba recargar baterías.

—Me he perdido el final.

—El chico se queda con la chica —le espoileé—. Y son felices.

Él me rodeó con el brazo y me apretó fuerte.

—Me gusta ese final.

—A mí también.

Nos quedamos así, en el sofá, con la tele en negro y el olor a mantequilla en el aire. No era una escena de película. Era mejor. Era real.