El Color de la Pared
Daniel
La primera discusión seria no fue por celos, ni por dinero. Fue por un bote de pintura de cuatro litros.
Estábamos en el salón. Olivia miraba la pared blanca con los brazos en jarra.
—Es demasiado clínica —dijo—. Parece la sala de espera de un dentista. Necesita vida. Verde selva. O terracota.
Sentí un reflejo condicionado. Mi cerebro de "marido de Sofía" se activó: No discutas. Cede. Mantén la paz.
—Lo que tú quieras —dije rápido—. Terracota está bien.
Olivia se giró. Me miró con los ojos entrecerrados.
—¿Te gusta el terracota?
—Me da igual. Si a ti te gusta, a mí también.
—No —dijo ella. Su voz subió un tono—. No hagas eso.
—¿El qué?
—Eso. El "sí, bwana". El "lo que tú digas, cariño". —Se acercó a mí, invadiendo mi espacio—. Daniel, no soy una clienta a la que tienes que complacer. Soy tu pareja. Si odias el terracota, dímelo.
—No lo odio. Es solo un color. No merece la pena discutir.
—¡Sí merece la pena! —gritó. El estallido me pilló desprevenido—. ¡Alejandro elegía todo! ¡Yo decía que sí a todo para que no se enfadara, para que no me dejara! ¡Y me convertí en un mueble!
Se le quebró la voz.
—No quiero vivir con un hombre que me da la razón para que me calle. Quiero saber quién eres. Quiero saber si tienes gustos propios o si solo eres un espejo que refleja lo que yo quiero ver.
Me quedé helado. Tenía razón. Estaba usando la sumisión como escudo. Me daba tanto miedo que se rompiera lo nuestro que estaba dispuesto a ser invisible.
Respiré hondo. Miré la pared.
—Odio el terracota —dije. Mi voz sonó firme—. Me parece un color de casa rural barata. Y el verde selva me va a dar claustrofobia en este salón tan pequeño.
Olivia me miró. Se quedó quieta un segundo. Y luego, sonrió. Una sonrisa fiera.
—Vale. ¿Entonces?
—Gris —dije—. Un gris piedra. Cálido, pero limpio. Y ponemos tus cuadros encima para que le den color.
Ella asintió, evaluando la propuesta.
—Gris piedra. Me gusta.
Se acercó y me besó. No fue un beso dulce; fue un beso de alivio.
Ese fin de semana pintamos. Acabamos manchados, cansados y oliendo a pintura plástica. El gris quedó perfecto.