La Constante de Reacción (La Ciencia del Deseo nº 2) El Veredicto del Amigo
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El Veredicto del Amigo

Daniel

Martes de fútbol y cerveza. El ritual sagrado.

Quedé con Javi en el bar de siempre. Necesitaba cerrar el círculo. Él había visto mi caída; necesitaba que certificara mi ascenso.

—Llegas tarde —dijo Javi, sin apartar la vista de la pantalla.

—Estaba con Olivia. Discutiendo sobre el color de una pared.

Javi se giró lentamente. Me miró.

—¿Discutiendo? —Alzó una ceja.

—Sí. Ella quiere verde selva. Yo quiero gris. Hemos llegado a un acuerdo: verde selva en el salón, gris en el pasillo.

Javi sonrió. Le dio un trago largo a su cerveza.

—¿Sabes? —dijo, dejando el vaso en la mesa—. Hacía mucho tiempo que no te veía así.

—¿Así cómo?

—Normal.

La palabra cayó entre nosotros. Simple. Devastadora.

—Cuando estabas con Marina... —Javi dudó, buscando las palabras—. Eras como un cable pelado. Daba calambre estar cerca de ti. Vibrabas. Era agotador verte, tío. Parecía que ibas a explotar en cualquier momento.

Se recostó en la silla.

—El otro día, cuando conocí a Olivia... vi otra cosa. No vi fuegos artificiales. Vi... cimientos.

Me miró a los ojos, serio.

—Esa chica no te está salvando, Daniel. Y tú no la estás salvando a ella. Os estáis acompañando. Y eso, amigo mío, es lo más difícil de encontrar.

Sentí un nudo en la garganta. La aprobación de Javi valía más que cualquier título universitario.

—¿Entonces? —pregunté, medio en broma, medio en serio—. ¿Pasa el control de calidad?

Javi se rio y me dio una palmada en el brazo.

—Pasa con nota. No la cagues, Daniel. Esta es de las que se quedan cuando se apaga la música.

Brindamos. Choque de vidrio barato.

—No pienso cagarla —dije.

Y por primera vez en mi vida, supe que era una promesa que podía cumplir. No porque fuera perfecto, sino porque ya no necesitaba que mi vida fuera una película de acción para sentirme el protagonista.