La Colección 33. El expediente de origen
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33. El expediente de origen

Cartón de dos milímetros, gomas negras, con un tejuelo pegado en la esquina y rotulado a mano con la misma letra de los lomos.

La deja delante de mí en la mesa de trabajo, debajo de la lámpara. No la abre.

—Documentación de origen —dice—. Está foliada. Empiece por el uno.

Y se aparta dos pasos.

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Folio 1

Certificación literal de nacimiento.

Registro Civil de Mieres, provincia de Oviedo. Sección primera. Tomo 76, folio 121.

En Mieres, siendo las trece horas del día quince de junio de mil novecientos noventa y tres, ante don [...], se procede a inscribir el nacimiento de una niña ocurrido el día doce de junio de mil novecientos noventa y tres, a la que se impone el nombre de AÍDA.

Es hija de doña Dolores Riesgo Cadenas, natural de Mieres, de veintiocho años, soltera. No consta el padre.

Aída Noval Riesgo.

El margen inferior izquierdo está limpio. No hay nota de referencia. No hay guion, ni punto medio, ni legajo.

Es una partida de nacimiento normal.

Es la única de las siete que he visto en dos meses que no lleva nada escrito al margen.

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Doce de junio.

Mi cumpleaños es el nueve de marzo. Lo he celebrado treinta y tres veces. Rosa lo tenía apuntado en la agenda con un signo de admiración.

Doce de junio.

Tengo treinta y tres años y no los tengo. Tengo treinta y tres años y medio. Nací en verano y llevo toda la vida naciendo en invierno.

Sigo.

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Folio 4

ACTA DE ADQUISICIÓN.

Media cuartilla. Mecanografiada. Sin membrete.

Pieza n.º 214. Fecha: 29 de octubre de 1996. Lugar: [nombre de una localidad de las cuencas].

Traslado sin incidencias. La pieza durmió.

Se hace constar la existencia de una cicatriz reciente en rodilla izquierda, de dos centímetros, producida durante la extracción. Deberá dársele explicación en fase de arraigo.

Estado de la pieza a la entrega: bueno.

Y una firma que no es la de Elías.

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Leo tres veces «la pieza durmió».

Y después me subo el pantalón y me miro la rodilla izquierda, en una habitación a doce grados de un pueblo de veintinueve habitantes, con una lámpara de mesa encendida y un hombre de ochenta y dos años de pie a dos metros de mí.

Dos centímetros y medio. Borde irregular hacia arriba.

Me la hice con la bici, a los siete años, bajando la cuesta de la fuente, y me la curó mi madre en la cocina con agua oxigenada y me dio un terrón de azúcar.

Lo he contado cuarenta veces.

Me la hicieron a los tres años, el veintinueve de octubre de 1996, sacándome de algún sitio.

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Folios 7 a 19

Siete denuncias.

No copias: originales, con su sello de entrada, su número de registro y el papel amarilleado por trece años en un cajón.

Comisaría de [...], 3 de noviembre de 1996. Comparece doña Dolores Riesgo Cadenas, de 28 años, quien manifiesta que su hija de tres años, Aída Noval Riesgo, le ha sido entregada a un tercero durante su ingreso hospitalario sin su consentimiento...

14 de enero de 1997. Ampliación.

2 de junio de 1997. Escrito dirigido al Juzgado.

19 de marzo de 1999.

8 de octubre de 2000.

11 de febrero de 2001.

23 de noviembre de 2003.

Siete asientos en siete años. Sellos de siete oficinas distintas. En dos de ellos, al pie, una diligencia de la propia oficina: se hace constar que la compareciente ha presentado escrito de idéntico contenido en fechas anteriores .

Y en el último, el de 2003, en el reverso, con bolígrafo, la letra de un funcionario cualquiera de un día cualquiera:

Archívese con los anteriores.

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Levanto la cabeza.

—¿Cómo están aquí los originales?

—Porque los originales se retiran.

—Eso no es posible.

—Es lo más fácil de todo. —Elías no se ha movido de donde estaba—.

Una denuncia que no abre procedimiento se queda en un expediente administrativo.

Un expediente administrativo se archiva.

Y un archivo se depura cada cierto número de años, y lo depura una empresa, y la empresa cobra por retirar papel.

—Y usted paga a la empresa.

—Yo no pago a nadie desde hace treinta años. —Y no hay soberbia en cómo lo dice—. Yo pido las cosas por escrito y con membrete.

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Folio 22

Una fotografía.

Diez por quince, borde blanco, papel de laboratorio, con la datación en el borde inferior: 05 96 .

Un mercado. Puestos de fruta, un toldo, el suelo mojado. Al fondo, borroso, un cartel de una pescadería.

En primer plano hay una mujer joven, con una cazadora vaquera y el pelo recogido, con una niña en la cadera.

La mujer se está riendo de algo que hay fuera de la fotografía. Se ríe con la cabeza echada hacia atrás, con la boca abierta, sin ninguna elegancia, como se ríe la gente que no sabe que la están fotografiando.

Y la niña, en la cadera, mira a la cámara.

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Es una foto vulgar.

Está mal encuadrada, tiene un dedo en el ángulo superior derecho y le sobra suelo. La habría tirado cualquiera.

Es la única fotografía de este archivo, de este pueblo y de mi vida en la que hay alguien riéndose de algo que no se ve.

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Folio 23

Un folio manuscrito. Cuadriculado, arrancado de una libreta, con dos agujeros de grapa arriba.

Es la letra del que firmó el acta de adquisición. Letra rápida, de trabajo, de alguien que escribe para otro que va a pasarlo a limpio.

PROTOCOLO DE INSERCIÓN — pieza 214.

Familia: hermana materna de la donante, viuda, sin hijos, residencia rural en despoblación. Contactada. Conforme.

Cobertura parental: pareja disponible, con documentación en curso. Incorporación prevista enero.

Localidad: valle cerrado, sin línea regular, con niebla frecuente en otoño-invierno.

Y debajo, un apartado que ocupa media hoja:

ELEMENTOS DE ARRAIGO

1. Perro (setter). Adquirido en la localidad. Documentar con fotografía en el primer verano.

2. Cocina. Azulejos verdes con cenefa. Ventana a corral. Radio en balda alta.

3. Vestido de cuadros, bolsillo en forma de corazón. La pieza responde bien al tacto de la tela.

4. Receta local (gazpachos). Enseñar despacio y en varias fases, atribuida a la madre.

Y luego, en un recuadro trazado a mano, aparte, con la letra más apretada:

PERSISTENCIAS A ERRADICAR

a) Rechazo marcado al olor de eucalipto (desinfectante hospitalario). Evitar exposición. No dará problema en medio rural.

b) Canto. La pieza reproduce, con fonética correcta, un cantar de cuna en la lengua de la zona de origen. No se corrige con sustitución.

Y a continuación, transcrita a mano, con las tildes puestas y los signos raros escritos con cuidado por alguien que no sabía lo que estaba escribiendo:

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Ea la la, ea la ló,

duerme, ñeñín, que el ḷḷobu marchó.

Marchó pel monte y nun volverá,

ea la la, ea la lá.

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Y debajo, con otra tinta, en un renglón añadido después:

No erradicada. La pieza la retuvo.

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Antes de la canción están las otras cuatro entradas, y las cuatro las he leído antes de darme cuenta de que las estaba leyendo.

El perro que hay que comprar en el pueblo y fotografiar el primer verano. La foto está fechada en julio de 1998 por un laboratorio de la calle Carretería que cerró en 2011, y Charo me la mandó al móvil en catorce minutos y con su sombra en la esquina.

Los azulejos verdes con cenefa. La cocina que le describí a Andrés cenando gazpachos, la ventana al corral, la radio en la balda de arriba porque abajo se mojaba con la pila.

El vestido de cuadros con el bolsillo en forma de corazón, con la nota de que la pieza responde bien al tacto de la tela.

Y la receta, que hay que enseñar despacio y en varias fases, atribuida a la madre.

Cuatro elementos numerados en un folio cuadriculado de 1996.

Y treinta años de vida encima.

Yo he pochado esa cebolla tapada y despacio doscientas veces en esta vida, y la última fue en noviembre, para un hombre que estaba sentado en la silla de mi cocina, y le expliqué que la torta se parte con las manos porque con cuchillo salen cuadrados y los cuadrados no chupan igual.

Eso lo aprendí yo sola. Eso no está en ningún folio.

Es lo que hace la gente con lo que le dan: lo usa.

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No lloro.

Leo los cuatro versos.

Los leo despacio, uno a uno, con el dedo debajo de cada línea, como se lee un documento que va a haber que citar después.

Los leo otra vez.

A la tercera me doy cuenta de que los estoy leyendo con la música, y de que la música es la que yo canto, y de que cabe exacta: tres notas que bajan y se quedan planas, dos veces, y luego la palabra rara.

Ḷḷobu.

Treinta años cantando en un idioma que no entiendo una canción sobre un lobo que se fue al monte y no va a volver.

Y aquí está, escrita a mano en un folio cuadriculado, en un cajón de un armario de doce cajones, en un pueblo de Soria, dentro del apartado de las cosas que había que quitarme y no supieron.

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Elías Bermejo se levanta.

—Voy a hacer más café.

No dice nada más. No me pregunta nada, no me toca el hombro, no se disculpa, no me da tiempo, no me pide que me tome mi tiempo.

Coge la cafetera de la bandeja, sale de la habitación y cierra la puerta detrás de él con las dos manos, sin ruido.

Y me deja sola con el legajo doscientos catorce.

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Me quedo.

Cuento los cajones del armario, que son doce, y las etiquetas, que van de la uno-cien a la mil cien y pico.

Cuento los folios de la carpeta, que son veintiséis.

Vuelvo al folio veintidós y me quedo con la mujer del mercado, que se llamaba Dolores Riesgo Cadenas, que tenía veintiocho años cuando me tuvo y cincuenta y seis cuando se murió, que estuvo siete años presentando el mismo escrito en siete oficinas distintas hasta que un funcionario escribió archívese con los anteriores en un reverso, y que en esta foto se está riendo de algo que hay fuera del encuadre y que ya no se va a saber nunca.

No me acuerdo de ella.

Miro la foto once minutos y no me acuerdo de ella, y no me voy a acordar nunca, y eso es lo único de todo este archivo que no tiene arreglo.

Lo que sí tengo es la canción.

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La puerta se abre a las doce y cuarto.

Elías vuelve con el café.

No pregunta.

Los conservadores no preguntan: registran.