La Colección Ficha n.º 7
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Ficha n.º 7

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A partir de aquí esta ficha deja de registrar lo ocurrido y consigna lo que va a ocurrir, que es el uso propio de un protocolo.

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Vendrás.

Vendrás porque llevas dos meses viniendo y porque en dos meses no has dejado ni un expediente a medias.

No vendrás sola. Traerás al periodista y lo dejarás en el coche a cien metros con una hora pactada, porque no eres imprudente y porque él no se va a marchar aunque se lo pidas.

Vendrás por la carretera del puerto y llegarás con luz.

Traerás la carpeta. Traerás las siete certificaciones, la muestra de control, la tabla de plazos y las cuatro citaciones que sacaste de cuatro legajos de tu propio archivo. Traerás también la media hoja de agenda que arrancaste el día 15, aunque esa no la vas a poner encima de la mesa.

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Aparcarás en el ensanche.

Y no llamarás al timbre enseguida.

Observarás la casa antes de tocar. Contarás las ventanas, que son siete, y las que están abiertas, que son dos.

Mirarás el canalón y calcularás el año del tejado.

Buscarás la caja de la luz y la de la fibra y no encontrarás ninguna de las dos.

Mirarás si hay coche. Mirarás el buzón, que no tiene nombre.

Mirarás la gravilla delante de la verja, que está hundida en dos sitios.

Tardarás cuatro minutos.

Los tardarás porque describes los sitios antes de entrar en ellos, igual que describes una caja antes de abrirla y un legajo antes de descoserlo, y porque llevas haciéndolo desde los veintitantos años y crees que es una manía tuya.

No es una manía tuya. Es lo que se le pega a una persona que se ha pasado la vida delante de documentos que podrían no ser lo que dicen.

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Después llamarás.

Tardaré cuarenta segundos en llegar desde dentro, que es lo que se tarda a mi edad y en esta casa. Cruzaré el jardín por el camino de losas y abriré la verja yo mismo, con la llave que llevo en el bolsillo del chaleco.

No te preguntaré si eres quien eres. No miraré el reloj.

Te diré que llegas con luz.

Y te diré que hay café, porque lo habrá.

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Se anticipan las cosas que preguntarás y no importan: quién soy, qué es esto, de quién es el archivo, cuántas hay, desde cuándo, por qué el punto.

Se anticipa la que importa y que no vas a preguntar hasta el segundo día: dónde está tu madre.

Se anticipa lo que no vas a poder hacer: llevarte el folio veintidós.

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Se hace constar, para quien lea este tomo cuando yo ya no esté, que el protocolo de sucesión no se cumple ni se incumple.

Solo hay dos maneras de contestar a una carta.

Cinco contestaron que no y esta casa las honró y las cerró. Si tú contestas que no, se hará lo mismo contigo, con la misma letra y sin ningún rencor, porque no es un castigo: es lo que hay que hacer con lo que ya no se puede regar.

Y si contestas que sí, este tomo cambia de mano y yo dejo de escribir.

Las dos respuestas valen. Las dos han estado previstas desde 1947.

Lo único que no estaba previsto es que la número doscientos catorce llegara con carpeta.

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Autoconciencia confirmada. Iniciar protocolo de sucesión.

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Prepararé café.