5. Papel
Los otros tres no tienen viuda, ni compañera de claustro, ni caja de zapatos con una goma.
Los otros tres son papel.
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Tardo cuatro noches en encontrarlos y las cuatro noches son iguales: turno de nueve a dos, el escáner a mi derecha con su ritmo de cuarenta segundos por folio, y en la pantalla de la izquierda el buscador del índice digital, al que le voy dando cuerda entre legajo y legajo.
La consulta la afino tres veces. Primero por la expresión exacta, «certificación literal de nacimiento», que devuelve mucho ruido.
Después añado el filtro de procedimiento y el de resolución.
Después quito el filtro de años, que era lo que me estaba tapando la mitad de la serie, porque yo había empezado buscando en la ventana de Ucedo y Choren y la ventana estaba mal desde el principio.
La ventana era veinte años.
Hay un problema técnico y conviene decirlo, porque es el que explica por qué esto no lo ha visto nadie antes que yo.
El reconocimiento de texto de los bloques antiguos es malo.
En papel de máquina de escribir con carbón, «certificación» sale «certiflcación», «certificacion» o directamente «cerlificaciún», y el buscador es un buscador, no un adivino.
Así que las cuatro noches no las paso buscando: las paso probando erratas.
Escribo mal a propósito las palabras y miro lo que sale.
Es un trabajo idiota. Es exactamente mi trabajo.
Y a partir de la segunda noche dejo de escanear el bloque 2008 y no lo apunto en el parte.
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Diligencias previas 883/2004. Juzgado de Instrucción número uno de Cuenca.
Elvira Mansilla Turégano. Cincuenta y siete años. Auxiliar de clínica, jubilada por incapacidad desde 1998. Natural de un pueblo de Zamora, vecina de otro del sur de esta provincia desde 1979.
Fallecida el siete de octubre de 2004 en su domicilio. Sin nota. Sobreseimiento provisional y archivo el veinticuatro de noviembre.
Folio sesenta y dos: solicitud de certificación literal de nacimiento. Registro Civil de Zamora, sección primera. Sello de entrada del dos de septiembre de 2004. Motivo: asunto propio.
Treinta y cinco días.
En el índice de efectos personales, entre el reloj y las llaves, consta lo siguiente: un archivador tipo acordeón conteniendo, aproximadamente, seiscientas entradas de cine, ordenadas.
Ordenadas.
Una mujer que guardó seiscientas entradas de cine en veinticinco años, cada una con su fecha y su sala, y que las tenía ordenadas, y que no dejó nota.
El cine más cercano a su pueblo estaba a cuarenta y un kilómetros y cerró en 2009.
Padre y madre fallecidos en 1971. Hermana en Valencia, dos años sin subir. Sin más familia consignada.
En la declaración de la hermana, dos folios, hay una frase que el funcionario transcribe sin comentario: que en las últimas llamadas Elvira le preguntaba si se acordaba de una casa con parra, y que ella no se acordaba de ninguna casa con parra.
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Diligencias previas 1044/2011. Juzgado de Instrucción número dos de Cuenca.
Óscar Peón Villabrille. Cuarenta y cuatro años. Operario en una planta de áridos. Natural de un pueblo de León, vecino de la Serranía desde los diecinueve.
Fallecido el veintiuno de marzo de 2011. Sin nota. Sobreseimiento provisional el nueve de mayo.
Folio treinta y ocho: solicitud de certificación literal de nacimiento. Registro Civil de León. Sello de entrada del once de febrero de 2011. Motivo: asunto propio.
Treinta y ocho días.
El acta de inspección ocular incluye una diligencia que no había visto nunca en un expediente de este tipo.
Los agentes hacen constar que no pudieron acceder al inmueble durante los primeros cuarenta minutos porque un perro de gran tamaño, propiedad del finado, impedía la entrada , y que hubo que avisar a un vecino para retirarlo.
Cuarenta minutos.
Cuando era pequeña teníamos un mastín, Rin, que hacía exactamente eso: se ponía en el hueco de la cancela con las cuatro patas plantadas y ni se movía ni ladraba, y había que llamar a mi padre para que lo apartara. Con nosotros era un pan.
Sigo.
En la comparecencia de un compañero de la planta consta que Peón llevaba unas semanas «con el tema de sus papeles» y que había pedido dos días libres en febrero para ir a León.
Que volvió antes de tiempo. Que no contó nada y que estuvo la semana siguiente sin bajar al bar, cosa que en una planta de áridos de veinte trabajadores se nota.
En la casilla de familiares del atestado, una raya.
El perro se lo quedó el vecino. Eso también consta, en la última diligencia, en una línea, porque alguien tuvo la decencia de escribirlo.
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Diligencias previas 1719/2016. Juzgado de Instrucción número tres de Cuenca.
Damián Lledó Ferrandis. Cincuenta y dos años. Transportista autónomo. Natural de un pueblo de Castellón, vecino de la Alcarria conquense desde 1993.
Fallecido el nueve de septiembre de 2016.
Salida de vía en la CM-2100, kilómetro cuarenta y uno, a las 06:14 de la mañana, sin implicación de otros vehículos.
El informe de la Guardia Civil de Tráfico habla de firme seco, visibilidad buena y ausencia de huella de frenada.
Alcoholemia negativa. Sobreseimiento provisional el catorce de noviembre.
Este no encaja. Este es un accidente de tráfico y los otros no lo son, y estuve a punto de descartarlo dos veces.
Está aquí por el folio ciento cuatro.
Folio ciento cuatro: solicitud de certificación literal de nacimiento. Registro Civil de Castellón. Motivo: asunto propio.
Sello de entrada: once de septiembre de 2016.
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Me quedo un rato con eso.
Damián Lledó murió el nueve de septiembre a las seis y catorce de la mañana. La solicitud de su certificación literal de nacimiento entró en el Registro Civil de Castellón el día once.
Dos días después.
Hay tres explicaciones y las tres son aburridas.
Una: el sello lo puso un funcionario el lunes con la fecha del lunes, porque el papel llegó por correo el viernes y nadie sella los sábados.
Dos: alguien se equivocó al girar la rueda del fechador, cosa que pasa las primeras semanas de septiembre más que en todo el resto del año, porque el fechador se queda en agosto.
Tres: el impreso lo cursó la familia después del fallecimiento, para el papeleo de la herencia, y acabó cosido con lo demás.
La tercera es la buena. Lo sé porque he visto trescientas veces la tercera.
Solo hay un detalle que no cuadra del todo con la tercera, y es que en la casilla de solicitante no está el nombre de ningún familiar. Está marcada la casilla de representación, y en el hueco de la firma hay una rúbrica que no se lee: un lazo bajo, tinta oscura, y lo que podría ser una inicial.
Amplío el escaneo al cuatrocientos por ciento. La resolución de 2016 es la que es. Podría ser una be. Podría ser cualquier cosa.
Escribo en la libreta: Lledó — sello 11/09, fallec. 09/09. Error de oficina o solicitud póstuma por representante. No cuenta como caso.
Y luego, debajo, con la letra más pequeña, porque una cosa es lo que uno concluye y otra lo que uno tacha:
Comprobar quién firma.
Y no lo comprobé aquella noche. Eso conviene dejarlo escrito.
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El sexto lo encuentro la cuarta noche, en el bloque de 2024, que está escaneado apenas hasta la mitad.
Diligencias previas 602/2024. Juzgado de Instrucción número uno de Cuenca.
Julián Beites Somoza. Sesenta y seis años. Jubilado, antiguo empleado de una serrería. Natural de un pueblo de Ourense, vecino de la Serranía desde los cuatro años.
Fallecido el treinta de abril de 2024. Sin nota. Sobreseimiento provisional el veintiuno de junio.
Folio cincuenta y uno: solicitud de certificación literal de nacimiento. Registro Civil de Ourense. Sello de entrada del tres de abril de 2024. Motivo: asunto propio.
Veintisiete días.
Declara una hermana, María Dolores Beites Somoza, vecina del mismo pueblo. Cuatro folios, que para un sobreseído es mucho: los cuatro folios de alguien a quien dejaron hablar porque no había prisa.
En el primero cuenta que Julián llegó al pueblo con cuatro años, «con unos parientes», y que la familia lo crio como uno más sin que mediara papel ninguno, «que entonces esas cosas se hacían así». Ella nació después. Se han criado juntos sesenta y dos años.
En el tercero, el funcionario transcribe una frase que ni pregunta ni encaja en ninguna casilla y que se le coló entera:
«Discutimos por un río.»
No hay pregunta antes ni respuesta después. La declaración sigue con el horario del día de autos.
Y en la carpeta de anexos, un recorte de prensa de la edición provincial del cinco de mayo de 2024. Ochenta líneas, tres párrafos de contexto y una frase de la hermana entre comillas. Firma: A. Sáenz.
Es el único de los seis expedientes que tiene un recorte de periódico dentro. Los otros cinco no dieron ni una columna.
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Son las dos y diez de la madrugada y llevo cuatro noches sin escanear ni un folio de más.
Apago la pantalla del buscador. Enciendo el flexo. Saco la libreta y escribo la lista, que es lo que hago cuando lo que tengo delante deja de ser un montón de cosas y empieza a ser una sola.
Elvira Mansilla. Zamora. Pueblo de doscientos habitantes. Padres muertos en 1971. Una hermana lejos. Nadie.
Tomás Ucedo. Guadalajara. Pueblo de ciento ocho. Padres muertos con dieciséis. Una tía muerta. Nadie.
Óscar Peón. León. Pueblo de setenta y uno. Familiares consignados: raya. Nadie.
Marina Choren. Palencia. Pueblo de ciento sesenta. Padres muertos con veintipocos. Hija única. Una prima segunda en Valladolid. Nadie.
Damián Lledó. Castellón. Pueblo de noventa. Nadie.
Julián Beites. Ourense. Llegó aquí a los cuatro años. Una hermana. Casi nadie.
Seis frases con la misma forma. Seis personas nacidas en seis provincias distintas, criadas en seis pueblos que hoy caben todos juntos en un autobús, venidas a parar a esta provincia y muertas en ella a lo largo de veinte años.
Seis personas a las que nadie reclamó.
Eso es lo que las une, antes que el papel: que cuando se murieron, no hubo quien preguntara dos veces.
Hubo quien lloró, sí. Maruja llora todavía.
Pero llorar no es preguntar. Para preguntar hacen falta un hermano tozudo, un hijo cerca, una madre viva, alguien que llame al juzgado tres veces y a la cuarta se plante en el mostrador.
Ninguno de los seis tenía a nadie que se plantara en un mostrador.
Y durante un segundo —lo escribo porque es verdad y porque después no voy a poder decir que no lo pensé— me parece razonable.
Un segundo. Me parece la clase de cosa que un sistema hace sin querer: la gente sin nadie detrás se muere más barata, y el papeleo de su muerte es más corto, y nadie vuelve a abrir la caja.
No hace falta que nadie decida nada. Basta con que todo el mundo cumpla.
Después se me pasa y vuelvo a ser una persona.
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A las dos y veinte cierro la libreta y me quedo mirando la lista con el flexo encendido y el depósito a oscuras detrás de mí.
Seis en veinte años, en una provincia con doscientos mil habitantes.
Uno cada tres años y pico.
Suficientemente pocos para no salir en ninguna estadística. Suficientemente repartidos para no cruzarse jamás en la mesa del mismo juez, del mismo forense, del mismo guardia civil.
Todos aquí. Todos en mis nueve mil cuatrocientos legajos.
Y hay una cosa más que apunto antes de subir a por el abrigo, y que aquella noche me pareció solo una curiosidad administrativa:
Ninguno nació en esta provincia. Los seis registros de nacimiento están fuera.
Lo cual quiere decir que en ningún archivo de España, salvo en este, están los seis juntos.
Y que en este archivo, a las dos y veinte de la madrugada, no hay nadie más que yo.