71 IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE KAZÁN
IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE KAZÁN
Todos miraron a su alrededor, pero no había ni rastro de Hellen.
—¿Sabes dónde está? —le susurró Cloutard a Tom.
—No —respondió Tom—. Solo espero que no esté haciendo ninguna tontería.
El padre Fiódor miró a su alrededor, confundido. Apuntó con el cañón del fusil hacia la iglesia.
—¡Vengan todos conmigo!
El pequeño grupo se dirigió al recinto sagrado. Tom, que llegó el primero, fue a abrir la puerta.
—Despacio y con cuidado —dijo el padre Fiódor. Tom abrió la puerta y entró el primero; después, el padre Fiódor metió a empujones a su padre ilegítimo y a Arthur, con Cloutard apoyado entre ellos. Miraron a su alrededor. La iglesia estaba vacía. Cloutard y Tom intercambiaron una mirada, perplejos.
—Señorita De Mey —llamó el padre Fiódor—. Salga, salga de donde esté. No tiene ninguna oportunidad. Sus amigos morirán si no aparece.
En un rincón de la iglesia, un candelabro alto se estrelló contra el suelo. Fiódor se giró bruscamente y disparó hacia el rincón, pero no había nada que ver. El padre Lazarev sonrió con picardía.
—Señorita De Mey, le advierto —dijo Fiódor—. Estoy dispuesto a llegar hasta donde haga falta. No he estado buscando el tesoro de los Nibelungos tanto tiempo para rendirme ahora. Si no sale…
Otro sonido, esta vez cerca de la entrada.
El padre Fiódor se revolvió y disparó varias veces.
Se estaba poniendo cada vez más nervioso.
Cloutard se había tumbado en un banco para descansar la pierna.
Arthur y Tom intercambiaron una mirada de sorpresa.
Lentamente, se separaron, dejando al sacerdote entre ellos.
De repente, una ventana sobre el pequeño altar se hizo añicos.
Tom y Arthur aprovecharon la oportunidad de inmediato.
Cloutard ya se había dado cuenta de lo que planeaban hacer y lanzó su gorra a través de la iglesia, pasando por la derecha de Fiódor.
Este vio el movimiento por el rabillo del ojo y se giró, tan confundido que a Tom le resultó la maniobra sumamente fácil.
Se abalanzó por la espalda sobre el sorprendido sacerdote y, en menos de un segundo, lo había desarmado e inmovilizado en el suelo.
Herido y luchando contra un soldado entrenado, el padre Fiódor no tenía ninguna posibilidad.
Tom le entregó el AK-47 a Arthur, quien inmediatamente apuntó a Fiódor.
Justo en ese momento, Hellen entró corriendo por la puerta principal.
—¿Me he perdido algo?
—¿Dónde te habías metido? —preguntó Tom.
—Me quedé inconsciente. ¿Qué ha pasado? No he visto nada.
Sonreía de oreja a oreja, y Tom supo que mentía como un farsante.
—Solo los puros de corazón… —murmuró el padre Lazarev mientras salían de la iglesia.
—Has usado la capa de invisibilidad y ahora lo niegas —le reprochó Cloutard a Hellen.
—No tengo ni idea de qué me estás hablando —dijo Hellen, guiñándole un ojo.
—Y mi maldito Louis XIII está vacío. ¿Dónde diablos voy a encontrar una botella decente de coñac en el quinto pino de Rusia? —blasfemó Cloutard con un suspiro.
—Quizá la caballería pueda ayudarte con eso —respondió Tom, y señaló el convoy de vehículos militares rusos que acababa de desviarse de la carretera principal y se dirigía hacia ellos.
—Mamá nos sacará del apuro —afirmó Hellen, sonriendo a Tom.
—Para algo tiene que servir —concluyó él. Luego atrajo a Hellen hacia sí y le dio un beso en la frente.