69 SUITE EN EL HOTEL ASTORIA
SUITE EN EL HOTEL ASTORIA
Berlin Bryce abrió los ojos justo cuando la mujer salía del cuarto de baño.
Él era ateo, pero, al verla, casi podía creer que Dios existía de verdad.
Un cuerpo tan impecable, tan deslumbrantemente hermoso, que unía elegancia y carisma en un solo ser perfecto…
aquello solo podía ser obra del Todopoderoso.
Llevaban casi tres meses viviendo en la suite, disfrutando de la vida que ofrecía Leningrado. Los turbios negocios de Bryce le habían proporcionado excelentes contactos en el Partido Comunista. Como resultado, gozaban de innumerables privilegios y podían vivir a todo lujo.
—¿Por qué me miras así, solnishka? —le preguntó ella, mientras se deslizaba de nuevo en la cama.
—Porque eres perfecta. Nunca he sido tan feliz como lo soy contigo. Ya me conoces. No soy de sentimentalismos y el amor, para mí, no es más que una palabra extraña. Pero contigo…
Se besaron con pasión. Y, aunque habían hecho el amor hacía apenas media hora, su deseo se encendió de nuevo al instante.
«Qué pena que esta mujer esté casada», pensó Bryce. «Un verdadero desperdicio, sobre todo cuando pienso con quién está casada».
Pero sus abrazos borraron todo pensamiento de su mente. Ella hizo que se tumbara bocarriba y se colocó sobre él. Cada vez que la penetraba, deseaba que fuera para siempre. Si existiera una forma perfecta de morir, sería en los brazos de esta mujer.
Ella se inclinó hacia él y le susurró al oído:
—Tengo malas noticias. Tengo que irme mañana. —Sus palabras cayeron sobre Bryce como un rayo—. Mi marido vuelve de su viaje… —Titubeó, y Bryce vio de inmediato que estaba librando una batalla interna.
—¿Qué ocurre? ¿Qué pasa? —preguntó él, acariciándole la mejilla.
—Tengo que acostarme con mi marido en cuanto pueda —dijo ella, con voz llena de pesar.
—¿Por qué demonios tendrías que hacer eso?
—Para que se crea que el hijo que llevo en el vientre es suyo.
De repente, la furia se apoderó de Bryce. Si de verdad iba a volver con el cura, se arrepentiría. Nadie rechazaba a Berlin Bryce.