La ciudad invisible (Una aventura de Tom Wagner 3) 48 PASADIZO SECRETO ENTRE LA IGLESIA DEL ARCÁNGEL MIGUEL Y EL CASTILLO DE SHEREMETEV
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48 PASADIZO SECRETO ENTRE LA IGLESIA DEL ARCÁNGEL MIGUEL Y EL CASTILLO DE SHEREMETEV

PASADIZO SECRETO ENTRE LA IGLESIA DEL ARCÁNGEL MIGUEL Y EL CASTILLO DE SHEREMETEV

El pasadizo era bajo, estrecho y estaba infestado de ratas.

Hellen arrugó la nariz cuando el hedor a humedad y a podrido del túnel le inundó las fosas nasales.

El resplandor de las linternas hizo que la mayoría de las ratas huyeran despavoridas, pero un chirrido ocasional indicaba que habían pisado la cola de alguna por accidente.

Tras unos cincuenta metros, llegaron a una intersección.

—Tenemos que girar a la derecha —le dijo Hellen a Arthur, que la seguía de cerca—. Luego son unos doscientos cincuenta metros hacia el sur. Siguiendo ese camino deberíamos pasar por debajo de los edificios anexos y las ruinas de la antigua muralla.

Giraron a la derecha y siguieron en silencio por el pasadizo durante un minuto. El suelo estaba cada vez más mojado a medida que se acercaban al castillo y, por consiguiente, al Volga. Por lo visto, esa parte del túnel se inundaba cuando el río crecía lo suficiente.

—Oye, ¿por qué…?

Pero Arthur no pudo terminar la frase. Hellen levantó el dedo índice y negó enérgicamente con la cabeza para interrumpirlo.

—Arti, lo siento, pero no es ni el momento ni el lugar.

Volvieron a guardar silencio y siguieron avanzando.

Dos minutos después, se encontraban justo debajo de la entrada principal del castillo.

Hellen sintió que la tensión iba en aumento.

Se estaban acercando a la boca del lobo.

Podría haber un guardia acechando tras cualquier piedra o esquina.

Hellen comprobó si la pistola tenía quitado el seguro y si había una bala en la recámara.

Cerca de la siguiente intersección encontraron una escalera de caracol en una esquina, que subía. Hellen apuntó con la linterna hacia los escalones; tras media vuelta, la escalera terminaba en una puerta de hierro oxidado, asegurada con una pesada cadena también de hierro.

—Hace años que nadie sube o baja por aquí —le susurró a Arthur.

—Eso es bueno —respondió Arthur—. Significa que probablemente ninguno de ellos sabe de la existencia de estos pasadizos.

Hellen asintió y siguió avanzando por el túnel en dirección al castillo. Cuando llegaron al final, se detuvieron e intercambiaron una mirada de preocupación.