La ciudad del mar (Crímenes de Barcelona 3) 38. Desesperado
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38. Desesperado

Adewale notaba cómo el coche iba perdiendo velocidad y le costaba mantener la dirección.

Los vehículos de la policía le estaban dando alcance. Miró a uno de los lados y vio una de las salidas de emergencia. Giró el volante, frenó y salió corriendo.

De joven había competido en las Olimpiadas por Nigeria. Estaba seguro de que, a pesar de su barriga, aquellos policías no podrían alcanzarlo.

El nigeriano corrió escaleras arriba y escuchó cómo los coches policiales frenaban y comenzaban a seguirlo.

Adewale estaba saliendo por la puerta cuando el policía que corría en cabeza logró agarrarlo por un brazo. Este se dio la vuelta y lo golpeó con todas sus fuerzas. El agente cayó rodando por las escaleras.

El nigeriano salió a la calle y comenzó a correr sin saber adónde se dirigía. Entonces escuchó una voz:

—¡Alto o disparo!

Sabía que la policía en España era demasiado prudente para matarlo y no hizo caso.

—¡Alto! —escuchó. Después sonó un disparo al aire.

No se detuvo y el segundo disparo lo oyó mucho más cerca. Sintió una punzada en la pierna y se derrumbó.

Se agarró el muslo. La sangre comenzó a brotar de la herida. Le dolía mucho.

Intentó ponerse en pie, pero era imposible.

El policía continuó apuntándole.

—¡Date la vuelta!

El nigeriano levantó las manos, pero en lugar de obedecer sacó su arma.

No le dio tiempo a disparar.

El policía vació el cargador sobre el cuerpo del africano hasta que este dejó de moverse. Adewale estaba muerto.