32. Marco
Marco Casals no era un hombre que se asustara con facilidad, pero estaba comenzando a preocuparse. Lo de la periodista ya no era un mero accidente, aunque la policía podía interpretarlo como un suicidio y tampoco había conexiones claras con las otras dos muertes.
Lo que realmente le preocupaba era Jorge Vila. Aquel periodista había demostrado muchas agallas y ser un hueso duro de roer.
El político estaba a punto de dormirse cuando recibió una llamada. A aquellas horas solo podía ser una persona.
— President, ¿cómo se encuentra?
—Bueno, con todo esto algo nervioso. Ahora que hemos logrado superar tantos obstáculos, todo se va a ir al traste por lo de los rusos y los venezolanos.
—Tenemos todo controlado.
—¿Seguro? Si dejamos algún cabo suelto, no podrá regresar jamás, eso si no acaba en alguna cárcel aquí o en el Estado español.
—Lo vamos a solucionar.
—Los rusos están nerviosos y ellos son quienes ponen la logística. Pero ya me han dicho que, si no se sienten seguros, nosotros seremos los siguientes.
Marco notó cómo se le hacía un nudo en la garganta.
—Mañana estará todo resuelto, president.
— Bona nit.
— Bona nit, president.
En cuanto colgó el teléfono, le mandó un mensaje al ruso:
—¡Encuentra cuanto antes a Jorge Vila y acaba con él! No importa la forma, pero que no pase de mañana por la noche.