La ciudad del mar (Crímenes de Barcelona 3) 27. Fuga
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27. Fuga

En cuanto cambió de sentido la tercera vez, fue consciente de que lo seguían. Primero aceleró para intentar despistarlos, pero cuando vio que el coche lograba dar con él, intentó escapar a toda velocidad.

Sabía que era una huida inútil; debían haber apuntado la matrícula, por lo que se dio cuenta de que lo único que podía salvarle era acabar con el coche de la policía.

Aprovechó una curva muy cerrada para meterse en un callejón y esperar a que le rebasase el de la policía.

En cuanto vio pasar al vehículo, pisó el acelerador y le embistió justo en el lateral.

El vehículo recibió el impacto y salió despedido varios metros antes de dar varias vueltas de campana.

Finalmente se estrelló contra un coche aparcado y terminó incrustado en la fachada de un local.

El impacto había sido muy fuerte, La Bestia pensó que era muy difícil que los ocupantes hubieran sobrevivido.

Su coche apenas había recibido daños, su parachoques de hierro estaba algo arañado, pero nadie se daría cuenta de la diferencia.

Por fin enfiló a su casa. Sentía la adrenalina que le recorría todo el cuerpo, no había droga más dura que esa.

Media hora más tarde aparcaba el coche, sacaba a su víctima y la introducía por la puerta secreta que conducía al sótano, convertido en su sala privada de grabación y tortura.

La mujer se dejó hacer, la ató a la pared, al lado del camastro y se dirigió a su cuarto.

Por aquella noche había sido suficiente. Esperaba que los dos policías estuvieran muertos, si alguno había sobrevivido, su vida estaba a punto de cambiar para siempre.