17. La rampa
Jordi Manzanas era el hombre más valiente de Barcelona. Nunca se había plegado al chantaje ni a la corrupción de muchos de sus compañeros de escaño o de partido, pero la muerte de Pasqual Mira le había dejado muy tocado.
Las noticias aseguraban que todo se había debido a un trágico accidente, pero él conocía la verdad. La orden había llegado de muy arriba y esa gente sabía perfectamente cómo deshacerse de las personas molestas.
Jordi tomó su Audi con la intención de marcharse una temporada de la ciudad. Mientras no lograra que la gente comprendiera que lo de Pasqual no había sido ningún accidente, nada impediría que hicieran algo parecido con él.
Su mujer se encontraba en Baqueira, los hijos llevaban tiempo independizados y dudaba que la «Trama» fuera a hacerles daño.
El hombre abrió con el mando la vieja puerta del garaje y esta comenzó a chirriar como siempre. Parecía que no iba a abrirse nunca.
Al final logró entrar con el coche, pero este resbaló en la rampa y retrocedió de improviso. La puerta comenzó a descender. El detector no llegó a detectar el vehículo y siguió bajando hasta aplastar el parabrisas.
El hombre intentó escapar, pero la puerta ya lo había atrapado. Se agachó todo lo que pudo, aunque siguió descendiendo sin detenerse.
Su mente estaba bloqueada, pero justo antes de morir pensó en lo astutos que habían sido al eliminarlo de aquella manera.
Dos accidentes casi consecutivos podían hacer que la policía sospechara, pero otra cosa muy distinta era que lograran que se investigara el caso y se llegara hasta los responsables.
Una vez más, la verdad tendría que esperar para dejar paso a la fuerza bruta y despiadada del poder.