14. Sádico
No sabía cuándo había nacido esa necesidad de hacer sufrir a los demás, en especial a las mujeres.
Se recordaba muy niño torturando a sus amiguitos y sus primos, abusando de ellos y haciéndolos llorar.
Su familia era normal, de clase media, acomodada, religiosa, decente, intachable.
Su madre era cariñosa, su padre justo, pero siempre le mostró su afecto.
Sus tres hermanos mayores, dos chicas y un chico, eran personas magníficas, pero él desde pequeño había sentido un profundo vacío que solo había sabido llenar con dolor y sadismo.
Todas sus relaciones habían sido iguales.
Era un abogado brillante y atractivo, que siempre había despertado interés entre las mujeres.
No había estado casado ni tenía hijos, aunque se lo estaba planteando, no porque quisiera, sino más bien porque sabía que aquella era la coartada perfecta para que nadie sospechase de él.
Después de torturar y matar a la primera mujer se le había ocurrido subirlo a la Red Oscura, pensó que no tendría mucho éxito, pero desde hacía un par de años sus vídeos eran los más visto de ese tipo en la red.
Ahora, ya no podía parar, era como una especie de adicción, lo único que le mantenía con vida y le permitía sentir algo.
Aunque cada vez tenía que hacer cosas más fuertes, más brutales, para que le hicieran efecto.
También necesitaba hacerlo cada vez más asiduamente, casi cada dos o tres semanas, y era consciente de que si comenzaba a aparecer cadáveres por Barcelona, aunque fuera de prostitutas extranjeras, la policía comenzaría la cacería, aunque eso también le atraía mucho.