La cicatriz en el hueso (Fuego en el cielo 2) 13. Tamsyn #2
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13. Tamsyn #2

Anders arrugó el rostro de impaciencia, y una chispa de furia asomó a sus ojos negros e iridiscentes.

—Eso no impedirá que coja a su ejército y venga de caza a los Riscos, ¿verdad?

Buscándote a ti. Buscándonos a nosotros.

¿Y si nos encuentra, qué? Será una segunda Trilla.

Nos borrará de la faz de la tierra. —Inhaló con fuerza y dejó que los demás asimilaran sus palabras—.

Igual que ha aumentado las recompensas por las brujas.

Se dedicará a destruir todo aquello sobre lo que penda la más mínima sospecha de magia.

Cualquier cosa que no sea humana. Cualquier cosa que sea diferente. ¡Arrasará con todo!

Sus palabras resonaron, portentosas y oscuras. Yo me eché a temblar, pues sabía que tenía razón.

—Nos encargaremos del Terror —anunció Vetr—. Y entonces dejarán de hablar de dragones.

—¿Cómo? —Brenna frunció el ceño—. ¿Quién se va a encargar? ¿Tú?

Vetr asintió, una sola vez y con decisión.

—¿Y cómo lo vas a hacer? —preguntó Harald muy razonablemente, pues él no tenía un genio tan corto como su compañero—. Como humano, no podrás ni acercarte a él. Y como dragón…, en fin…

Harald no dijo más, pero todos comprendimos a qué se refería. Si Vetr iba a por Stig transformado en dragón, daría un espectáculo que contrarrestaría todos nuestros esfuerzos por mantener nuestra existencia en secreto. No sería un asunto discreto.

—Lo eliminaremos —respondió con voz tensa, con la tensión reflejada en la mandíbula—. Yo me encargaré.

Lo miré fijamente y supe entonces que lo decía en serio.

No pensaba dejar pasar ese asunto, esa amenaza.

No dije nada, pero yo también tenía mis miedos y mis dudas.

Sería una empresa peligrosa. No sería posible pillar a Stig desprevenido en un mundo que creía habitado por dragones.

Había sacado todo el armamento de dragón de palacio por una razón. Stig era muchas cosas, pero tonto no.

—Y, una vez que haya sido eliminado —prosiguió Vetr—, Penterra volverá a ser lo que era. Volverán a ocuparse de sus asuntos y mantendrán a sus soldados lejos de los Riscos.

Me mordí el labio inferior, nerviosa. Esperaba que tuviera razón, pero…

Pero «lo que era» era como había sido bajo el liderazgo de Fell. Sentí una punzada de dolor en el centro del pecho; haberlo perdido era como una vieja herida que se había vuelto a abrir. Y eso sí que no volvería a ser lo que era.

Aunque elimináramos a Stig, nombrarían a alguien igual de perverso, movido por la mano del señor regente.

Sin Fell, Penterra vivía bajo una sombra oscura, pero eso a Vetr no le preocupaba en absoluto.

Lo único que le importaba a la manada era el bienestar de los dragones.

No eran como yo, que estaba atrapada entre dos mundos, y a quien ambos le importaban.

Sin Stig, la manada prosperaría. Sin Stig, la humanidad seguiría sufriendo.

Contemplé cada uno de los rostros de la sala, consciente de que todos ellos me dirían que cuidar de la manada era suficiente —más que suficiente—, que no había lugar para preocuparnos por aquellos que nos habían dado caza hasta casi acabar con nosotros.

Y, sin embargo, igual que no se pueden controlar los latidos del corazón, yo no podía evitar preocuparme.

Pasé cinco noches más en la enfermería. Cada día me sentía mejor y más capaz de moverme, así que fue un tiempo innecesariamente largo, en mi opinión, aunque a mí nadie me preguntaba. Ni Brenna ni por supuesto Vetr, que se quedó conmigo, durmiendo en la cama de al lado.

En el amanecer del sexto día se decretó que esa misma noche por fin volvería a mi guarida, después del festín que se celebraría en mi honor.

—¿Todavía vamos a hacer eso? —pregunté con voz temblorosa—. Después de lo del otro día…

Brenna me dirigió una sonrisa tranquilizadora.

—Por supuesto. La celebración sigue en pie.

—¿Estás segura? Anders no…

—No lo decide Anders. Lo ha dictaminado Vetr. Es nuestro alfa, y ha decidido que el éxito de la rekon se ha de celebrar.

—¿Éxito? —repetí, escéptica.

—Por supuesto. Reunimos información muy valiosa gracias a ti.

Y no murió nadie. Te has recuperado. Cada vida dragona es un regalo.

Somos los únicos que quedan, si no contamos al skelm.

—Había cierta tristeza en su voz, y me pregunté si estaría pensando en su hermana, perdida hacía años, secuestrada por esos otros dragones.

Dudaba que Anders diera mucho valor a mi vida, pero no me molesté en recordárselo.

Vetr quería un festín, así que habría un festín.

Al menos, podría volver a mi guardia. No era poco.

Tenía ganas de recuperar mi privacidad y dormir en mis propias pieles.

Sería un alivio, y me sentiría mucho menos confusa que durmiendo a pocos metros de Vetr y escuchando por la noche la cadencia de su respiración, el ruido que hacía al darse la vuelta en sueños.

Que notando su olor, que me inundaba la nariz cada vez que inspiraba: a nieve y a viento y a cosas antiguas perdidas en los susurros del tiempo.

Antes del festín, me di un largo baño en las aguas termales, dejando que el agua calmase mis músculos y mis huesos cuando me acariciaba los hombros. Era una sensación divina, una mejora considerable de los baños con esponja delante de la jofaina.

Estaba en casa.

Jugué con esa idea para ver si lo pensaba de verdad, si me resultaba cómoda, si me parecía correcto. ¿Podría por fin ser cierto? ¿Había encontrado un hogar?