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Nora
Hemos comprado los billetes casi de inmediato.
Elise me ha ayudado a preparar la maleta y después Klaus nos ha llevado a su casa para que mi amiga pudiera coger también algo de equipaje.
De camino al aeropuerto, no paro de escribir y borrar mensajes que quiero hacerle llegar a Max, sabiendo que en estos momentos él está a bordo de un vuelo de trece horas de Narita a Doha, donde hará escala para continuar, otras tantas más tarde, a Berlín, a donde llegará ya mañana.
Si ahora le digo yo que me voy a Dublín…
—No lo pienses tanto y díselo ya —me insta Elise.
—Pero se va a preocupar.
—Es inevitable que lo haga, ¿no te parece? ¿Por qué crees que te acompaño yo?
Resoplo. Escribo. Borro. Y repito.
—Nora…
Nora:
Max, mi madre ha tenido un accidente. Me han llamado del hospital en Dublín; la están operando de la cadera. Voy a ir a verla con Elise.
Max:
¿Qué? Nora, por favor, espera a que llegue mañana y voy contigo.
Nora:
No puedo esperar. Está en el hospital… sola. Y no se encuentra bien.
Max:
Lo sé, pero tú tampoco estás bien ahora mismo. Nora, tienes que cuidarte más que nunca, no solo por ti, también por el bebé.
Cierro los ojos; sabía que iba a decir eso. Tiene razón: ahora ya no soy solo yo.
Nora:
Lo sé. De verdad que lo sé, pero es mi madre, Max. No puedo esperar a mañana. Ya voy de camino al aeropuerto con Elise.
Percibo su silencio a través de la pantalla, como si midiera cada palabra antes de escribir. Y me duele, porque sé que acabará cediendo.
Por fin, aparece el mensaje.
Max:
Está bien, pero prométeme algo.
Nora:
¿Qué?
Max:
Que te vas a cuidar. Que no vas a forzarte. Y que, si en algún momento te encuentras mal, buscarás ayuda, ¿vale?
Nora:
Te lo prometo.
Max:
Y avísame en cuanto aterrices.
Nora:
Eso siempre.
Max:
Te quiero mucho, Nora.
Nora:
Yo también te quiero, cariño.