La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 102
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Nora

Hace un rato que oscureció, pero yo continúo en el dormitorio, como si salir de aquí supusiera abandonar un lugar seguro.

Max habló por teléfono con el médico delante de mí.

Nos ha dado cita para dentro de un par de semanas, alegando que todavía es pronto.

También me ha tranquilizado saber que no habrá consecuencias por haberme chutado durante un mes una dosis doble de hierro.

No obstante, sí ha reajustado mis vitaminas, e iba a pasarnos por correo unas recetas nuevas, que seguramente Klaus o Mary ya habrán comprado en la farmacia.

Enciendo el móvil y encuentro siete llamadas perdidas y varios mensajes de Elise preguntándome cómo estoy y pidiéndome que la llame.

Lo hago; tal vez me venga bien escuchar a mi amiga.

—¿Nora?

—Hola… ¿Qué tal? —Trato de aparentar normalidad, pero mi voz me falla.

—Bien. —Elise habla con cautela—. ¿Cómo te encuentras tú?

Se instala un silencio en la línea mientras medito la respuesta.

—No lo sé.

—Pues deberíamos pensar en ello, ¿no crees?

—Yo… —Me formulo la pregunta a mí misma—. Tengo miedo.

—Es normal —dice Elise, comprensiva.

—Y siento como si me hubieran dado una sacudida.

—Sin duda es un cambio importante.

—Sí, supongo que sí.

Le cuento a mi amiga el error que cometí con las pastillas, lo mal que me siento por ello, y rumio una y otra vez cómo no me di cuenta antes.

—No te tortures más, en serio. No has pasado por una buena época y, además, creías que lo estabas haciendo bien. A veces no tenemos la cabeza donde deberíamos.

—Pero…

—Has gestionado las circunstancias lo mejor que has podido. Vale, te has equivocado, pero no puedes retroceder en el tiempo.

—No sé si estoy preparada para algo así. No estaba planificado. No…

—Las cosas no siempre llegan cuando lo esperamos. Y a veces las mejores son las que ocurren cuando menos pensamos, ¿no crees?

No respondo, pero me quedo dando vueltas a sus palabras.

—¿Cómo se lo ha tomado Max? —pregunta entonces.

Al pensar en él y en cómo ha reaccionado, algo se caldea en mi corazón.

—Pues… bien. Muy bien. No se ha enfadado, no me ha hecho sentir mal… Todo lo contario.

—Eso es estupendo, ¿no te parece?

—Sí.

—Escúchame, Nora. Escúchame atentamente porque, aunque no me lo digas, sé lo que se te pasa por la cabeza, ¿vale? Y no estás repitiendo ninguna historia. Estás con un buen hombre, que te apoya, te respeta y que no va a dejarte en la estacada, ¿lo has entendido?

—Eso ya lo sé.

—Una cosa es saberlo y otra, grabártelo a fuego en esa cabecita tuya. Y sí, intuyo que es difícil procesar algo tan gordo, que no esperabas para nada, pero disfruta del momento. Te he visto con Max y sé que estáis construyendo juntos la vida bonita con la que te daba miedo soñar.

—Eso no quita que me sienta superada.

—Si dentro de unos días sigues igual, avísame y te secuestro un fin de semana. Solo nosotras. Nos vendría bien.

—No creo que nadie te permita cometer un secuestro, y dudo mucho que Markus te dejase desaparecer así de fácil…

—Pues lo convertimos en nuestro cómplice y que nos lleve a donde le pidamos.

Sonrío, por fin.

—Estás loca, pero gracias, Elise. En serio.

—No tienes que dármelas. Somos amigas, y estaré aquí siempre, para lo que necesites.