101
Max
Mientras espero a que Klaus pase a recogerme, llamo a Nora.
El teléfono está apagado, lo cual no me sorprende. Conociéndola, debe de estar sola con sus pensamientos, imaginando mil escenarios catastróficos en los que me lo cuenta y yo reacciono mal.
Suspiro y llamo a Mary, que me confirma que llegó hace un rato y se encerró en el dormitorio porque «le dolía la cabeza».
En cuanto me planto en casa, subo a nuestro dormitorio, que está en penumbra. Nora me mira.
Está tumbada de lado, abrazada a un cojín, y yo me acerco en silencio y me acuesto frente a ella. Tiene la mirada enrojecida, y eso me rompe por dentro.
—¿Cómo te encuentras? —pregunto en voz baja.
Cierra los ojos y se le escapa una lágrima.
—Max, tengo que contarte una cosa.
Le limpio la mejilla con el pulgar.
—Sé lo que vas a decirme.
Me mira, sorprendida.
—¿En serio?
—Sí. —Se me escapa una media sonrisa—. Se ha montado un pequeño circo en casa de mi hermano. Cuando Fiona mencionó lo que encontró en la papelera, y luego lo del pendiente, até cabos.
Se queda inmóvil.
—Lo siento —susurra—. No quería que te enteraras así. Yo solo… estaba nerviosa y necesitaba averiguarlo cuanto antes. Está claro que siempre lo estropeo todo.
—No has estropeado nada.
—Max…
—Nada —repito, mirándola a los ojos.
Se muerde el labio.
—Me equivoqué.
—¿A qué te refieres, cariño?
—Confundí las pastillas. Pensaba que estaba tomando una cosa… y era otra. Y no me di cuenta hasta hoy. No sé cómo he podido ser tan estúpida…
—Nora, por favor, no eres estúpida. No digas esas cosas de ti misma.
—Pero, Max —su voz tiembla—, no he tomado anticonceptivos en todo el mes.
Asiento despacio.
—Vale. Lo entiendo.
Traga saliva.
—Y… ahora estoy embarazada.
Apoyo mi frente en la suya.
—No voy a dejarte sola en esto.
Emite un tenue sollozo.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo.
La abrazo. Noto la tensión en su cuerpo, el miedo.
—Max…, estoy muy asustada.
—Lo sé.
—Tengo miedo de repetir la historia.
Le sostengo la cara entre las manos y hago que me mire fijamente a los ojos.
—No eres tu madre, y yo tampoco soy él. No estamos condenados a repetir nada.
Guarda silencio.
—Vamos a ir al médico. Le explicaremos lo que ha ocurrido y comprobaremos que todo está bien. Y después… decidiremos lo que sea. Pero juntos.
—Juntos —repite, como si necesitara agarrarse a esa palabra.
—Siempre juntos. Te lo prometo.
La beso, y siento como se aferra a mí, como si en ese gesto encontrara el aire y la calma que necesita.