90
Max
Nora lleva un rato andando de un lado a otro del jardín, con los auriculares puestos y agitando una libreta en la que no parece escribir nada.
Y no me gusta. Sé que la están presionando mucho en la editorial, pero temo que esto le pase factura y, al final, lo que era una pasión se convierta en un castigo.
Decido bajar y hablar con ella, pero parece ajena a mi presencia. Como no quiero sobresaltarla, me siento en una de las butacas y espero a que repare en mí, cosa que hace a los pocos minutos.
—¿Qué pasa? —me pregunta, poniéndose los auriculares en el cuello.
—Eso mismo quiero saber yo.
Viene a sentarse a mi lado.
—No me sale ni una palabra desde hace días… —comenta, abatida.
—Eso es raro en ti.
—Nunca había estado tan bloqueada, y me frustra.
—¿Y a qué crees que se debe?
—Linda quiere que escriba algo que no va conmigo y que me cuesta imaginar como merece.
—¿Se lo has explicado a ella?
—Sí, pero en la editorial quieren que siga las tendencias, que piense en números, en ventas… Y no sé si soy capaz de hacer eso sin perderme por el camino.
—Pues no lo hagas.
Me mira casi como si hubiera dicho una sandez.
—No es tan fácil, Max.
—¿Por qué no? Solo has firmado un contrato para un libro, de momento. Si con el siguiente quieren encasillarte en algo que no eres, niégate. —Reflexiona acerca de mis palabras—. Mira, Nora, si algo te hace sentir así, no es el camino correcto.
—Pero es mi trabajo… —compone un gesto contradictorio— y quiero que funcione.
—Ya funcionaba antes de que Linda apareciera, ¿no?
—Sí, pero… —No continúa.
—Puedes volver a cuando escribías lo que te daba la gana y subías tus libros sin pedirle permiso a nadie.
—Tienes razón.
—Claro que la tengo.
Pone los ojos en blanco y luego sonríe.
—Tal vez podría dar igualmente una oportunidad a lo que quieren que haga y, si de verdad no funciona, volver a ser autora indie .
—Como te sientas más cómoda. Yo te apoyaré en lo que decidas, y entiendo que la editorial es importante para ti.
Guarda silencio unos segundos, mirando al frente, sumida de nuevo en sus pensamientos.
—No es solo la editorial, ¿verdad? —pregunto, y ella se muerde el labio inferior.
—Bueno… He estado pensando en lo de vivir juntos.
Eso sí que no me lo esperaba.
—¿Y…?
—Quiero hacerlo, Max. —Me mira a los ojos—. Quiero mudarme contigo.
—Vale. —Sonrío.
Ella parece extrañada por mi respuesta.
—¿«Vale»?
—Sí, vale.
Suelto una pequeña risa.
—Entonces ya está —añado—. No hay más que hablar.
—¿Así de fácil?
—Así de fácil.
Le cojo la mano y ambos nos colgamos de la mirada del otro.
—Supongo que vamos a vivir juntos.
—«Supongo», no. Seguro.
—Vale… —Sonríe y acerca su rostro al mío.
La beso con ternura para sellar el acuerdo con nuestros labios, pero enseguida sus manos se deslizan hasta mi cuello, acercándome todavía más a ella.
Me levanto sin romper el contacto, y tiro suavemente para que venga conmigo. Entonces la cojo en brazos.
—¡Max! —ríe.
—Vamos arriba —le propongo.
Una vez en el dormitorio, nos miramos, como si este momento fuera aún más especial, y, en parte, lo es, porque hemos decidido comenzar una nueva era juntos. Dar un paso importante en nuestra relación.
Deslizo la mano por su mejilla, y ella cierra los ojos
—Te quiero tanto… —susurra, volviendo a mirarme.
—Yo también te quiero, cariño.
Esta vez la pasión entre los dos se desata con más ganas todavía.
Sus manos se cuelan por debajo de mi camiseta, iniciando lo que ambos deseamos. Dejo que Nora marque el ritmo mientras nos perdemos el uno en el otro, sintiéndonos piel con piel.
La brisa de mediados de septiembre mece las cortinas, dejando entrar los últimos rayos de sol del día.
Y todo lo demás… deja de importar.