La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 89
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Nora

Hoy he acudido a una reunión con Linda en las oficinas de la editorial. Insistió en que así podríamos hablar más tranquilamente mientras tomamos un café, pero algo me dice que es su forma de trasladarme que quiere sugerir cambios.

Mis sospechas se confirman cuando abre el portátil y me enseña mi propio dosier de ideas. Una de ellas está lo bastante avanzada para ser publicada en primavera, como pretenden, y eso aliviaría mi carga de trabajo, teniendo en cuenta todo lo que me han preparado para promocionar la nueva novela.

—A ver, esto está genial, pero creo que deberías probar el young adult . Es lo que más vende ahora.

—Pero mis lectoras…

—¡Olvídate de eso! —me interrumpe—. Ellas seguirían leyéndote y, además, expandiríamos el mercado. ¡Sería la bomba!

—No me siento cómoda escribiendo young adult ; no sé si podría identificarme con la gente joven.

—Yo te guiaré, querida, no te preocupes por eso.

—No sé, Linda. Me sentiría mejor con algo más… mío. Ya sabes.

—Sé que esto puede sonar a escritura a la carta, pero podemos ganar mucho dinero si sale bien.

No sé ni qué responder. Está claro que no estamos en el mismo punto. Yo quiero vivir de mis libros, sí, pero ¿hasta qué punto es necesario traicionarme para conseguirlo?

—Entiendo tu punto de vista, y que te exigen resultados, Linda, pero me gustaría mantener mi identidad como autora.

—Ay, querida, no me lo pongas tan difícil… Mira, ¿te he dicho ya que vamos a trabajar en una edición especial adicional?

—¿A qué te refieres?

—Verás como escucharlo te anima para darle una vuelta al dosier. Vamos a lanzar una edición navideña de tu novela, así como otra más de cara al verano. ¿Qué te parece?

—¿No es… excesivo?

—Créeme, el mercado funciona así. Además, la edición especial se comercializa a un precio… especial, y el nueve por ciento que recibes como autora te rinde mucho más que con la edición básica.

Me mira, esperando a que diga algo que por fin le encaje, lo sé.

—Veo por dónde vas, y que forma parte del negocio.

Estoy demasiado acostumbrada a la autopublicación, donde todo funciona…

diferente, supongo. Echaré un vistazo a las ideas del dosier y veré si puedo adaptar alguna al young adult …

—acepto finalmente al ver que no va a ceder ni un ápice, a pesar de que no estoy convencida en absoluto.

—Genial. Eso es todo lo que pido, querida. Por el momento.

Se hace un pequeño silencio. Y sé que, si no lo digo ahora, no lo diré, así que me aventuro.

—Antes de que terminemos, hay algo que quería preguntarte.

—Lo que necesites.

Dudo un segundo. No porque no quiera decirlo, sino porque hacerlo lo vuelve real.

—¿Habría algún problema si… paso más tiempo fuera de Londres?

Linda se queda pensativa.

—¿A qué te refieres con pasar más tiempo fuera de la ciudad?

Trago saliva, lista para expresarlo en voz alta.

—Estoy pensando en mudarme a Alemania.

—¡Anda! —Parece sorprendida—. ¿Vas a irte a vivir con tu novio?

—Esa es la idea…, sí.

No añado más. No le explico que todavía no le he dado una respuesta definitiva a Max. Que necesito ordenar todas mis ideas antes de dar ese paso. Que una parte de mí aún tiene miedo.

Linda me escruta durante unos segundos.

—Nora, mientras cumplas con entregas, promociones y disponibilidad para eventos, puedes escribir desde donde quieras.

Suelto el aire poco a poco.

—Entonces no habría problema.

—Ninguno —confirma—. Aunque, desde luego, es un gran paso. ¿Crees que encajarás allí, querida?

Decido ir más allá.

—No quiero encajar… —respondo, más seria— quiero seguir siendo yo. Y que mis historias también lo sean.