85
Max
En algún momento, dejo de prestarle la atención que debería a Mike porque mi mirada se desvía hacia Nora, que acaba de coger en brazos a Vera.
La observa con una mezcla de sorpresa y fascinación, como si no terminara de creerse lo que tiene entre las manos.
La niña se aferra a su camiseta y, poco a poco, Nora se relaja y se deja llevar.
Entonces me mira.
Y hay algo distinto en su expresión, una luz que no le había visto antes.
Yo no puedo dejar de sonreír, y algo se agita en mi interior. Algo nuevo. Algo que yo ni siquiera sabía que estaba ahí. Y, por extraño que parezca, me hace sentir bien. Demasiado bien…
Mike me pregunta a saber qué, y yo me limito a asentir con la cabeza sin apartar la vista, todavía anclado a esa imagen.
Pero detecto el momento exacto en que todo cambia.
Se lo noto a ella, que se tensa apenas un segundo; intuyo que han vuelto los pensamientos que tanto ruido le producen.
Los que le impiden ilusionarse o vivir en plenitud.
Devuelve la niña a Mayra; su expresión ya no es la misma. Algo se ha apagado en Nora.
Más tarde, en el coche, de camino a casa, apago la radio y decido indagar en el tema.
—Le has caído bien a Vera.
—¿La bebé? Sí, bueno…
Soy consciente de que me observa, pero sigo enfocado en la carretera.
—Se te daba bien, ¿no?
—En realidad no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Era la primera vez que sostenía a un bebé en brazos.
—¿Y qué pasó luego?
—¿Qué quieres decir?
—Pensaste algo, lo sé. Te vi.
—No fue nada. Solo eran cosas… demasiado bonitas para ser verdad.
—Yo también pensé cosas bonitas al mirarte.
—¿Ah, sí?
—Sí. Y no me dieron miedo.
Analiza mis palabras un instante, a sabiendas de que he dado en el clavo.
—Reconozco que también me dio envidia. —Baja la voz—. Pero de la buena. Quiero decir que… de poder tener algo así…
Resopla.
—No sé ni lo que digo —añade, antes de mirar por su ventanilla.
Aprieto el volante, pensando en cómo continuar la conversación, en tratar de que se sienta cómoda y segura.
—No pasa nada por querer algo así de bonito, Nora. No todo lo que deseas está condenado a romperse, te lo aseguro.
Vuelve a mirarme. Aunque no dice nada, sé que está rumiando mis palabras.