La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 79
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Nora

Cuando Max se marcha al día siguiente, la casa queda en un silencio insoportable.

Lo veo alejarse desde la puerta, con esa mezcla de prisa pero, al mismo tiempo, desgana, y durante unos segundos me quedo quieta, como si alargar el instante entre los dos impidiera que se marchara del todo. Pero, al final, lógicamente, lo hace.

El sábado ha quedado para jugar al golf con el hombre con el que cenamos semanas atrás, el que tiene el poder de cerrar el contrato con el que Max lleva meses soñando, y, como Linda ya me ha enviado las galeradas del manuscrito, decidimos que lo mejor es que yo me quede en Londres en esta ocasión.

Aun así, promete volver el jueves. Su agenda le permite teletrabajar unos días, y después pasaremos el fin de semana juntos. Hemos planeado hacer algo especial, como ir al cine o salir de la ciudad y visitar algún pueblecito cercano.

Me aferro al calendario como si fuera una cuenta atrás, y trabajo sin descanso para cumplir con las correcciones de Linda en el escaso plazo que me ha dado.

Por no hablar de que me estoy alimentando a base de chocolatinas, café y demás comida cuestionable, fruto de la ansiedad que me genera toda la información que mi editora me manda a diario por correo…

y de la necesidad constante de mantener la mente ocupada.

Porque, en cuanto dejo de hacerlo, todo lo vivido hace unos días regresa…

y siento que necesito a Max mucho más de lo que me gustaría reconocer.

—Sinceramente, no me siento cómoda atropellando al perro al final de la historia —le explico a mi editora por teléfono—. ¿No te parece un poco cruel? Para entonces, las lectoras ya le habrán cogido cariño.

—No te estreses, querida. Sí, en el informe de lectura han marcado ese detalle como una «posibilidad».

Recuerda que todas las anotaciones son «posibilidades».

Es tu historia; no tienes por qué cambiar ni una coma si no te parece bien, pero es altamente recomendable…

y, de cara a futuras publicaciones, estas cosas también se tienen en cuenta. ¿Comprendes por dónde voy?

—Linda, he aceptado todos y cada uno de los cambios, que no han sido pocos, pero, en una novela romántica con final feliz garantizado, me niego a atropellar a un perrito en el epílogo.

La escucho suspirar.

—Está bien, está bien… No atropellaremos a nadie y la novela será la bomba igualmente.

—Gracias —resoplo—. Y perdona, creo que estoy un poco estresada.

—¿Es por el plan de marketing ?

—En parte, sí. Me lo han enviado hace un rato.

—Tranquila, ya verás que no es para tanto. Y, por supuesto, puedes negarte, ya lo sabes.

—No, está bien. Es solo que parece intenso.

—Querida, te he conseguido algo inédito: una publicación en diciembre. ¿Sabes lo difícil que resulta eso?

—Y unas cuantas ciudades en las que firmar, entrevistas, eventos…

—Sí, pero no te preocupes. Esa es la parte divertida.

—Vale…, sí, tienes razón… Perdona. Esto es nuevo para mí y no me gusta mucho exponerme, así que debo acostumbrarme.

—Sin problema, querida. Cualquier cosa, me dices y lo hablamos. Para eso estoy aquí.

—Gracias, de verdad, Linda.

—De nada. Y respira tranquila. Ahora tengo que dejarte, pero necesito que me envíes para el lunes un dosier con ideas en las que trabajar para una publicación en primavera. ¿Qué te parece? ¿Te ves capaz?

—Pues…, genial. Tengo algunos proyectos archivados que tal vez encajen.

—¡Estupendo! Envíamelos cuanto antes y lo hablamos.

—De acuerdo.

—Que pases un buen día, querida. No dejes de darle a la tecla.

—No, descuida.

—Adiós.

—Adiós, Linda.

Cuelgo y me llevo las manos a la cara, notando un cansancio que va más allá de lo físico. Demasiadas cosas en poco tiempo… y demasiados pensamientos que intento mantener a raya.

Respiro hondo y me dirijo a la cocina. Saco unas vitaminas que compré en el supermercado, con la vaga esperanza de que surtan algún efecto, y me prometo, una vez más, que mañana empezaré a comer mejor.

Spoiler : no me lo creo ni yo.

Regreso al portátil para repasar los ejemplares pedidos y las páginas leídas en el programa de Kindle Unlimited de Amazon, y me sorprendo, otra vez, al comprobar que las ventas de mis novelas en alemán se han disparado como nunca pensé que lo harían.

Está claro que hasta lo peor puede servir de buena publicidad, y eso me produce un asco terrible.

El timbre interrumpe mis divagaciones.

Frunzo el ceño, extrañada, y voy a abrir. Al otro lado encuentro un mensajero con el ramo de rosas rojas más grande que he visto en mi vida. Perfectas y… sin espinas.

—¿Nora?

—Sí.

—Son para ti.

—Gracias.

Lo cojo por inercia, firmo en la tableta y cierro la puerta con el corazón latiendo un poco más rápido de lo normal.

No necesito leer la tarjeta para saber de quién son, pero, aun así, lo hago, sujetando el ramo como puedo.

Nora:

Te he elegido a ti, y voy a hacer que lo recuerdes todos los días.

Max

Permanezco inmóvil, con el peso de las flores entre los brazos, leyendo sus palabras una y otra vez.

Una parte de mí sonríe, no puede evitarlo, y la otra se queda pensando… Nadie me había elegido nunca. Y no sé si estoy preparada para lo que significa que alguien lo haga de verdad.

Cierro los ojos un segundo, sonrío y me permito sentir esa felicidad tan bonita. Porque lo único que deseo ahora mismo es volver a encontrarme entre sus brazos.