La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 77
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Nora

Es un hecho que, cuando menos te lo esperas, las cosas se truncan. Que el pasado, al final, siempre te atrapa, de una forma u otra. Y que, cuando crees que las cosas no pueden ir a peor, irán a peor sí o sí.

Al traspasar la puerta de mi casa en Londres, el dolor en mi pecho se acentúa. Siento que lo vivido en los últimos días no ha sido real, que pertenece a otra vida, a otra Nora, una que habita en un universo paralelo.

Dejo la maleta en la entrada, me quito los zapatos y tiro el bolso al suelo.

Ya todo me da igual. He dejado en otro país al hombre del que estoy enamorada, con una mísera nota, porque no he tenido la valentía suficiente como para decírselo a la cara.

Principalmente, porque sé que él no lo aceptaría.

Me siento en el sofá y me abrazo las piernas, recogiéndome sobre mí misma para que duela menos.

El silencio que me envuelve derriba mis barreras y vuelvo a llorar; como si así pudiera aliviar algo… Todo sigue igual que cuando me marché, y, sin embargo, fuera de estas paredes, mi vida ha cambiado por completo.

Las lágrimas siguen cayendo, y el nudo en la garganta no se afloja. Mi entorno se difumina poco a poco, hasta que me quedo dormida… o tal vez solo he acabado agotada por el llanto.

Sea como sea, pierdo la noción del tiempo. De pronto, un timbre me sobresalta.

¿Tanto he molestado a los vecinos con mis sollozos?

Me acerco con cautela a la entrada, y entonces escucho su voz:

—¿Nora? —pregunta del otro lado de la puerta.

Me quedo paralizada.

—Sé que estás ahí. He escuchado el crujido del suelo al acercarte. Abre, por favor.

Sigo sin responder. El peso que se ha instalado en mi garganta apenas me permite respirar.

—Nora…