La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 74
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Max

Las reuniones de hoy en Zúrich marchan mejor de lo esperado, y estamos a punto de cerrar un contrato que elevará los beneficios en los próximos años. No obstante, una parte de mí no deja de pensar en Nora.

Esperaba dejarla descansando en la cama, pero se empeñó en acompañarme al recibidor para despedirse de mí a las cinco y media de la mañana.

Con los ojos semicerrados y el pelo revuelto, me deseó un buen día, como si fuera lo más importante del mundo.

Eso no lo hace cualquiera, y sonrío al recordarla así. Y la quiero aún más, si es posible.

No me apetecía nada dejarla sola en casa, pero el trabajo…

, en fin, es el trabajo. Antes de volver a Berlín esta tarde, le compraré chocolate.

Del bueno, así que pediré que me recomienden el mejor establecimiento de la ciudad.

Le encantarían esas tiendas que hay por todas partes, con decenas de planchas de chocolates que venden al peso, y un montón de bombones y tabletas exquisitas expuestas en estantes y escaparates.

Mientras pienso en esto y, al mismo tiempo, sigo el hilo de la reunión, veo que Otto frunce el ceño, preocupado.

Eso no es típico en él. Cuando sus ojos se topan con los míos desde el otro lado de la mesa, aparta la mirada demasiado rápido, por lo que le escribo un correo preguntándole qué ocurre, pero no responde.

Mi secretario me rehúye, y eso no me gusta nada.

Cuando la reunión termina y nos quedamos solos, se acerca a mí con el portátil abierto.

—Maximilian, debes ver esto.

No tardo ni dos segundos en entender que es un verdadero problema.

Otto tiene abiertas en el navegador tres ventanas, que se corresponden con artículos de diferentes revistas.

Aparecen en la sección de cotilleos. Los acompañan fotografías de Nora y mías en el evento del pasado viernes, algunas junto a Mike y Mayra, los cuatro sonrientes, y otra cuando nos marchábamos después del incidente con su padre.

«LA MUJER QUE HA CAZADO AL EMPRESARIO ALEMÁN MÁS DESEADO ESCRIBE PORNOGRAFÍA»

Aprieto la mandíbula, cabreándome más a cada segundo. Porque cada línea que leo es peor que la anterior.

Tildan a Nora de oportunista y hablan de sus novelas como si fueran panfletos pecaminosos que consumen en internet cuatro mujeres salidas.

—¿Quién ha filtrado que es Scarlett? —pregunto, sin dejar de leer.

—No lo sé. Pero entre la directiva esto ha corrido como la pólvora y no están muy… satisfechos.

—¿Y desde cuándo en la directiva creen que tienen derecho a opinar sobre mi vida personal o acerca de con quién salgo?

He leído y escuchado más que suficiente. Cierro el portátil, quizás con demasiada fuerza, y se lo entrego.

—Quiero saber quién ha filtrado esto.

—Estoy intentando averiguarlo. —Otto se recoloca las gafas.

—Bien. —Cojo aire—. Y que eliminen todos esos artículos inmediatamente.

—Eso no va a ser sencillo…

—Que pongan sobre la mesa las cifras que deseen y lo hablamos.

—Hoy han salido ediciones impresas, y esas ya no van a poder retirarse.

—Pero las de internet, sí. Negocia con ellos.

Trato de conservar la calma y pensar fríamente cómo manejar la situación. Sé lo que se siente cuando escriben bulos sobre ti, y a Nora esto podría destrozarla, algo que no pienso tolerar.

Otto se marcha, dejándome a solas en la sala de reuniones.

Respiro y saco el teléfono móvil del bolsillo.

Estoy a punto de llamar a Nora, pero rehúso. Lo más probable es que no lo haya visto, y no saberlo la mantendrá a salvo por el momento.