La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 59
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Max

Hoy me toca a mí encargarme de la barbacoa.

Markus me trae un botellín de cerveza y le doy un trago mientras observo a lo lejos a Elise y Nora, tumbadas en sendas hamacas. Ya llevan un buen rato charlando y, por los gestos, diría que comentan lo de esta mañana… y también lo de esta noche.

—Te veo más feliz que de costumbre —comenta mi hermano.

—Tengo motivos para estarlo, ¿no crees?

—Estás follando mucho, de modo que supongo que sí.

Le lanzo una mirada de advertencia.

—Tranquilo, era broma. —Markus me da una palmada en el hombro, sonriendo.

—Pues a mí no me ha hecho ni puta gracia.

—Ay, Max, últimamente estás insoportable. Entre el estrés que llevas encima y esto… Deberías estar más relajado y disfrutar de lo que la vida te ofrece.

—Tal vez si de vez en cuando colaborases…

—¿Ya empezamos con eso?

Resoplo. Sé que no me conviene tirar por ahí, por lo que me centro en el tema en cuestión.

—Hoy mamá se presentó en casa por sorpresa… y vio a Nora.

—Ouch.

—Sí, ouch.

Mi hermano deja de contemplar las brasas y me presta toda su atención.

—Deberías ponerle normas estrictas. Yo lo hice.

—Ya. Pero no soy así. Es mamá… y, si somos sinceros, tampoco suele venir tanto por aquí.

—Allá tú.

Le da un trago a su cerveza.

—El caso es que quiere que lleve a Nora a cenar esta noche. A las siete y media.

—Déjame adivinar: le has dicho que sí.

—Claro que le he dicho que sí.

—Max, perdona que me meta, pero ¿no es muy pronto? ¿Cuánto lleváis saliendo? ¿Un mes?

—Markus: voy muy en serio con ella.

Medito un segundo antes de seguir. Es la segunda persona a la que se lo digo hoy.

—Max…

—Qué.

—Hablo en serio. ¿No crees que vas muy rápido?

—¿Por llevarla a cenar?

—Me has entendido perfectamente. —Hace una pausa—. Es una cena. Con mamá.

—También estará nuestro padre.

—Que, con suerte, hablará del tiempo y ya está.

Me mira, a la espera de que yo diga algo más, pero no lo hago.

—¿Qué opina Nora de todo esto?

—Se agobió un poco —admito—. Pero le he dicho que también vendréis Elise y tú, por lo que así tendrá un par de caras conocidas con las que sentirse más tranquila.

—Ni hablar.

—Markus, no me jodas.

—No, Max, no me jodas tú a mí. Sabes que no soporto esas cenas que organiza mamá como si fueran una gala, y tampoco me gusta exponer a Elise. Lo pasa mal.

—Te recuerdo que es tu familia —respondo—. Y que Elise está yendo a terapia precisamente para manejar mejor su ansiedad social. Además, solo estaremos nosotros. Otras veces no ha tenido problema en venir.

Me mira con los brazos cruzados.

—Solo te pido que vengas a cenar con nuestros padres —añado—. Y, teniendo en cuenta que soy yo quien se ocupa prácticamente de todos los eventos que mamá organiza para la fundación, creo que me debes una. Y bastante grande, por cierto.

—Tenías que echármelo en cara, claro.

—Obviamente. Tú vives en tu mundo y yo tengo que tirar del carro.

Sé que estoy perdiendo la paciencia, así que tomo aire y le doy otro trago a la cerveza antes de decir algo de lo que me arrepienta. Markus es mi hermano gemelo, y eso está por encima de todo.

Él me observa en silencio unos segundos.

—Mira… —Parece pensativo—. Sé cómo es mamá. Y cómo es Elise. A veces no terminan de entenderse. Aunque lo intentan.

—Y yo sé cómo es Nora —respondo—. Y justo por eso os necesito allí. Solo esta noche. Por favor.

Markus suspira y se frota la cicatriz de la frente.

—Vale… Pero, si mamá empieza a agobiar a Elise, nos iremos.

—No lo hará.

—Max, hablo en serio.

—Y yo también. No lo hará —repito—. Yo me encargaré.

Reflexiona unos segundos antes de tomar la decisión definitiva.

—Está bien. Iremos.

—Gracias.

Extiendo el botellín y él choca el suyo contra el mío.

—Pero que conste que lo hago por Nora.

Da un sorbo.

—Me parece perfecto.

Doy yo otro.

—Y porque hacía años que no te veía así.

—¿Así cómo?

Markus sonríe.

—Enamorado perdido.

Niego con la cabeza, pero no se lo rebato.