La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 56
52%

56

Nora

Cuando aterrizo en Berlín y desactivo el modo avión, lo primero que aparece en la pantalla es un mensaje de mi editora.

Quiere que acuda a un evento que tendrá lugar dentro de doce días en Londres: una bookstagrammer con miles de seguidores va a entrevistar a tres autoras en directo, y entre ellas estaré yo.

El encuentro será en una cafetería coqueta, de esas con bandejitas de varios pisos, tazas de porcelana delicadas y flores por todas partes.

Habrá unas cincuenta invitadas, muchas influencers también, y tendré que llevar ejemplares de mi última novela autopublicada, para firmarlos y regalarlos entre las asistentes.

El vértigo me golpea de lleno.

Nunca he hecho nada parecido. Sé que es un favor enorme el que me está haciendo Linda, que se queja de que, aunque tengo una comunidad bastante sólida en internet, no me expongo lo suficiente, y que además supondrá una oportunidad perfecta para darme a conocer un poco más antes de anunciar oficialmente que publicaré con The Pink Hedgehog Publishing.

No obstante, la perspectiva de estar allí como Scarlett, hablando en público, delante de tanta gente… Sí, vale, puedo hacerlo, pero… ufff…

Divagando sobre el e-mail , camino casi en automático, arrastrando la maleta de cabina por la terminal. Atravieso las puertas correderas de la zona de llegadas, y no tardo ni tres segundos en localizarlo.

Max.

Lleva un traje azul marino impecable, camisa blanca y corbata, lo que indica que ha tenido una jornada llena de reuniones formales. Lo que no me esperaba es que sostuviese un enorme ramo de flores entre las manos, igual que en las películas románticas.

El impacto en mi pecho es tan fuerte que se me olvida todo lo demás.

Echo a correr hacia él.

—Por fin estás aquí —susurra. Me envuelve con el brazo libre y yo enlazo los míos en su cuello.

—Te he echado tanto de menos… —respondo.

Me pongo de puntillas y busco sus labios, sin que me importe lo más mínimo que estemos rodeados de gente. Ahora mismo el mundo puede esperar, o incluso irse a la porra.

—Te cambio la maleta por el ramo —dice contra mi boca, cuando nos separamos apenas un centímetro.

—Acepto —contesto riendo.

Al coger las flores, flexiono una pierna hacia atrás sin darme cuenta y me las acerco para apreciar su aroma. Huelen increíblemente bien… Son flores variadas de temporada, en colores claros, elegantes, y, por supuesto, sin una sola espina. Como él.

—¿Sabes? Podría acostumbrarme a esto —le confieso, feliz.

Max sonríe.

—Ve acostumbrándote, entonces. —Me pasa un brazo por la cintura y ponemos rumbo a la salida, donde una berlina negra, que reconozco de su garaje, nos espera. Junto a ella, un hombre de rostro amable nos hace un ademán con la cabeza.

—Buenas tardes, señora.

Por un instante, me quedo patidifusa.

—Nora, este es Klaus —me presenta Max—. Es mi chófer, y también quien se encarga de la propiedad junto con Mary, a quien conocerás más tarde.

Asiento, intentando procesar todo, mientras Klaus abre con una sonrisa la portezuela, para que yo entre.

¿En qué momento hemos pasado del «no nos molestará nadie en casa» a presentarme a la gente que trabaja para él?

Una sensación extraña se me instala en el pecho, porque esta es una pequeña muestra de que Max me está integrando en su mundo.

Una vez dentro del vehículo, me abrocho el cinturón y coloco el ramo sobre mis piernas con extremo cuidado, para no estropearlo. Max accede por la otra puerta.

—¿Crees que me dejarán subirlas al avión de regreso?

Reflexiona sobre mis palabras y me acaricia la mejilla.

—No te preocupes —dice—. En Londres habrá más flores.

Cuando nos ponemos en marcha, lo tomo de la mano sobre el asiento.

—¿Qué tal tu día? —le pregunto.

—Tedioso y productivo, aunque desde hace unos diez minutos ha mejorado considerablemente.

Mi sonrisa se agranda.

—¿Y el tuyo?

—Pude escribir algo por la mañana, y ¡ah!

, tengo que contarte una cosa. —Recuerdo el correo de mi editora y dejo que lo lea mientras le explico todo—.

Es el miércoles, no de la semana que viene, sino de la siguiente.

Y sé que debería participar, aunque eso requerirá que vaya pidiendo copias de autor a Amazon, para que lleguen a tiempo, y…

suena bien, pero nunca me he expuesto a una experiencia como esa y me da un vértigo horrible.

—A mí me parece una oportunidad fantástica, Nora. Esta tal Linda parece simpática y competente.

Lo miro con extrañeza por cómo la ha definido. Supongo que es una buena forma de verlo.

—¿Tú crees que…? Quiero decir… —Las palabras se me quedan enganchadas en la lengua.

—Venga, dilo —me apremia él.

—¿Crees que podrías venir? Me encantaría tener una cara conocida por allí, que no sea solo la de Linda, y así poder contar con un aliado si lo necesito.

Doy todos esos rodeos como si me sirvieran de escudo ante la posibilidad de una negativa.

—Déjame ver… —Saca el móvil del bolsillo—. Veamos… Tengo la agenda bastante complicada.

Me muestra en la pantalla la semana en cuestión, con decenas de compromisos y colores.

Mi ilusión se hace añicos, pero intento esconderlo. Es un hombre ocupado, lo sé de sobra.

—Bueno, no pasa nada si no puedes —me apresuro a decir—. De verdad que lo entiendo. Solo con ver tu calendario, dan ganas de salir corriendo…

—Oye, que no he dicho que no pueda, aunque reconozco que va a estar difícil. Vamos a intentarlo, ¿vale? Sé que esto es importante para ti, así que hablaré con Otto, mi secretario, aun a riesgo de que quiera asesinarme porque le pida mover algunas reuniones.

—No es tan importante como tu trabajo…

—No le restes valor, no hagas eso. —Me da un apretón en la mano—. No puedo prometerte nada, pero haré lo posible por estar allí.

—Vale. Gracias, de verdad.

Apoyo la cabeza en el respaldo del asiento mientras circulamos por carreteras que me resultan desconocidas, y eso da alas a mis pensamientos.

Porque me da miedo ilusionarme, y también desear algo como lo que estoy viviendo, cuando siempre me he conformado con muchísimo menos.

Pero, sin duda, estoy dispuesta a disfrutar de todo lo que me depare el destino.

¿Quién sabe? Tal vez es una forma de compensarme por todos los años pasados.