53
Max
Nora se ha quedado dormida apoyada contra mi pecho, con la respiración tranquila y el gesto por fin relajado.
Esta noche no le he hecho el amor. Y no porque no lo deseara, sino porque hoy lo más importante era ofrecerle otro tipo de seguridad: que pudiera sentirse a salvo a mi lado, sin que las dudas la asaltaran, como sé que hacen.
Después de escucharla, entiendo que tenga tantos miedos, ya que, aunque por fuera se muestre fuerte, amparándose en la ironía y las sonrisas, por dentro carga con demasiado dolor desde hace años.
Rememoro nuestra conversación durante la cena y me enfurece imaginar cuánto daño le han hecho. Porque ahora sé que no han sido solo los hombres con los que intentó sentirse querida, sino también su propia sangre la que la ha herido poco a poco, de forma insistente, hasta dejarla en este estado.
Su historia no es sencilla, pero no me asusta.
Tampoco puedo decir que me haya dejado tranquilo, más aún sabiendo que no me la ha contado al completo, pero no necesito descubrirlo todo de golpe.
Suspiro, preguntándome cómo lograré que deje de pensar que voy a traicionarla a la primera de cambio, como parece haber aprendido a esperar de todo el maldito mundo.
Sería fácil para mí intentar arreglar la situación con su madre, imponer límites y llegar a un acuerdo económico, pero no soy el príncipe azul que viene a salvarla. No. Yo no puedo ni debo decidir por ella. Y tampoco quiero.
Yo deseo ser la persona que esté junto a ella cuando se sienta preparada para enfrentarse a sus demonios, porque solo así podrá superarlos de una vez por todas. Solo así podrá volver a confiar en sí misma y en lo que venga después.
Porque sé que no es débil.
Que ansía ser libre.
Que es valiente, aunque a veces se le olvide.
Con cuidado, subo un poco la manta para taparle los hombros y le doy un beso en la sien, procurando no despertarla.
—Te prometo que no volverás a estar sola —susurro, aunque no me escuche.
Cierro los ojos, consciente de que el verdadero reto no es haber superado esta noche, sino afrontar todo lo que vendrá después.
Pero Nora es una mujer increíble y vale mucho más de lo que cree.
Es la que cocina pasta con salsa de tomate casera sin buscar impresionarme.
La que escribe historias hasta en papel de cocina.
La que lucha con un fregadero atascado y busca repararlo por sus propios medios.
La que se emociona con los libros ya escritos y con los que están por escribir.
La que guarda, como si fuera un tesoro, una piedra normal y corriente que le di en un lago.
La que, aun con ese miedo que la acompaña a todas partes, se atreve a mirar a la cara a su pasado y plantearse acabar con él.
Y aun con todo eso, ha elegido darme la oportunidad de acercarme a ella, de acceder a su mundo y mostrarme su historia.
La que me deja quedarme, aunque eso también le dé miedo.
Me acomodo a su lado, sin soltarla, y la estrecho un poco más fuerte, pensando que mañana será un nuevo día.