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Max
Nora:
Max, tengo que cancelar el viaje por un tema familiar.
Siento mucho avisarte así, y entenderé si esto te molesta.
Prometo explicártelo en persona la próxima vez, porque de verdad que quiero verte.
El mensaje me pilla desprevenido. En el despacho de mi casa, donde intentaba avanzar con unos trámites, pierdo por completo el hilo de lo que estaba haciendo y siento que algo en mi pecho se desinfla, como un globo al que se le escapa el aire.
¿Qué habrá ocurrido?
Algo me dice que es mejor no indagar, al menos no inmediatamente. Si Nora no viene debe de ser por un motivo de peso. No se trata de una excusa.
Aun así, no puedo evitar una punzada de desilusión.
Lo que también tengo claro es que esta otra capa de Nora va a ser más complicada de descubrir y de manejar, y que requerirá paciencia. Mucha.
No debería afectarme tanto, me repito. Esto no cambia lo que hay entre nosotros, pero… no puedo no sentirme decepcionado. No con ella, sino con la distancia que se interpone entre los dos.
Tomo aire y observo unos segundos la pantalla del móvil.
Max:
Lo entiendo, tranquila.
Cuando quieras hablar, aquí estaré.
Me resigno a la triste realidad de que todos los planes que había hecho para el fin de semana se ven reducidos a cenizas.
Cancelo la reserva para cenar esta noche y, como intuyo que ya no podré concentrarme, decido ir a nadar a la piscina climatizada.
Por el camino me encuentro con Klaus, que anda arreglando un radiador, y que me mira confuso al verme con el bañador puesto.
—¿No vamos al aeropuerto, señor?
—No, Klaus. Cambio de planes.
Asiente sin preguntar nada. Sabe cuándo es mejor no hacerlo.
Un par de horas después, ya en la biblioteca, intento enfrascarme en la lectura, pero no lo consigo. Mary toca suavemente la puerta, que dejé entreabierta.
—Señor, su hermano está aquí.
Alzo las cejas.
—De acuerdo, ahora bajo.
Cierro el libro y me froto los párpados con los dedos. No estoy seguro de tener ánimo para compañía.
—Imaginaba que te encerrarías con tus libros.
Ni siquiera me ha dado tiempo de moverme: Markus entra y echa un vistazo a la estancia antes de detenerse a mi lado. Coge la fotografía, todavía sin enmarcar, con Nora y A. N. Locker en Londres.
—No se lo tengas en cuenta —dice, devolviéndola a su sitio.
Sé perfectamente a qué se refiere.
—No se lo tengo en cuenta. Y estoy bien. No hacía falta que vinieras.
Me observa unos segundos, sopesando si mi respuesta lo convence.
—Elise me ha contado por encima lo que ha sucedido. No me ha dado detalles, pero dice que Nora tiene un marrón importante con su madre.
No digo nada. Solo proceso la información.
—No sabía que era huérfana de padre —añade—. Elise tampoco ha querido decirme mucho más, aunque lo he intentado… por ti.
—Prefiero que sea Nora quien me lo cuente cuando se sienta preparada. Quiero hacer las cosas bien, Markus, sin traicionar su confianza.
—Lo sé. Desde que te vi hablando con ella en Londres supe que no se trataba de una más, pero no imaginé que te lo tomarías tan en serio.
No se lo niego. Tampoco lo confirmo.
—Esa chica es complicada —prosigue.
—Elise tampoco fue fácil cuando la conociste.
—La situación era diferente.
—Nosotros también lo somos.
Markus sonríe, negando con la cabeza.
—En fin, ya que estoy aquí, te invito a comer y luego nos tomamos algo, ¿qué te parece?
—Creo que es un buen plan —respondo mientras me levanto de la silla.
—Lo sabía, así que luego no digas que no me necesitabas.
—Ya estás tú para decirlo por los dos.
Mi hermano me extiende un brazo por los hombros y me siento algo más reconfortado.
—Gracias por venir, Markus.
—Para eso está la familia, ¿no? Aunque a veces yo sea un poco egoísta…
No le replico. Hoy, no.