48
Nora
Desde hace dos días tengo la maleta abierta encima de mi mesita de café.
Y estorba. Sí, ya sé que solo me voy un fin de semana, pero hacía tanto tiempo que no estaba tan ilusionada por algo que incluso me he permitido despegar un poco los pies del suelo.
Como quiero que todo sea perfecto, dentro de lo que esté en mi mano, he planchado meticulosamente la ropa que voy a llevarme, a sabiendas de que cargo con más de la que usaré, y la he doblado con sumo cuidado, para que las arrugas sean las mínimas posibles al llegar a Berlín.
Todavía no me lo creo.
¡Me voy a casa de Max!
El móvil capta mi atención al vibrar sobre un cojín del sofá.
Max:
¿Cómo vas, cariño?
Nora:
Ultimando los detalles. En media hora me recoge un Uber para ir al aeropuerto.
Max:
Genial. Estoy deseando verte.
Nora:
Y yo también.
Me siento, sonrío y doy patadas al aire, porque creo que voy a morir de felicidad.
Los últimos minutos pasan volando y, cuando recibo una notificación de la app , avisándome de que el coche ya me espera abajo, cojo la maleta, echo un vistazo rápido a mi casa para comprobar que todo queda en orden y, justo cuando voy a alcanzar la puerta, suena el timbre.
Qué raro.
Uber no tiene mi dirección completa. ¿O acaso ahora disponen de un nuevo servicio de recogida de equipaje en casa? Me río por mi ocurrencia, abro y…
—¡Cielito! —Mi madre se arroja a mis brazos con cierto aire dramático antes de que yo pueda decir cualquier cosa.
—¿Qué haces aquí, madre?
Consigo zafarme de ella y pongo algo de distancia entre las dos. Está más delgada y ojerosa que la última vez que la vi, durante una visita exprés de un día y medio en Navidad.
—Necesitaba estar al lado de mi querida hija. Como tú casi no vienes a visitarme…
—Madre… —digo, con cierto tono de reproche—, ¿qué ha pasado?
—He dejado a Paddy. Le he dado cuatro días para que recoja todas sus cosas del apartamento y desaparezca.
—Pero… ¿te han dado libre en el trabajo? Si empezaste hace nada.
Ella entra, tirando de una bolsa con ruedas que ha vivido tiempos mejores.
—Bueno, eso no ha ido muy bien… Estoy ya mayor para pegarme semejantes madrugones y trabajar tantas horas, ¿sabes? Mi cuerpo y mi espíritu ya no son lo que eran, pero claro, tú eres demasiado joven para entenderlo.
Siento que todo a mi alrededor empieza a derrumbarse como un castillo de naipes. Por un lado, mi ilusión se desquebraja, y por otro, un sentimiento un tanto irracional me insta a llorar y a gritar.
Mi móvil vibra de nuevo. Presto atención al mensaje del conductor: me advierte de que, si en tres minutos no estoy abajo, se irá y me cobrará el trayecto igualmente.
—¿Te ibas a alguna parte? —Mi madre se percata de la enorme maleta que hay detrás de mí.
—Pues, ya que lo preguntas: sí, tenía planes este fin de semana.
—Oh, cuánto lo siento. Te lo compensaré preparándote unos buenos macarrones con extra de queso, ¿te parece?
No, no me parece, pero… eso no soy capaz de decírselo.
Sabe que ha ganado antes siquiera de que yo lo exprese en voz alta, pero ¿qué otra cosa puedo hacer?
Es mi madre. Mi única familia. Arrastra su equipaje hasta mi dormitorio y después sale rumbo al armarito donde sabe que guardo sábanas limpias.
Las escasas veces que ha venido a Londres, siempre le he cedido mi cama.
—¿Te importa si antes de nada me doy un baño? Estoy muy cansada; han sido días muy duros y me vendría genial relajarme un rato.
—Claro, no hay problema, pero nada de fumar dentro de la bañera, por favor. La última vez quemaste la cortinilla del baño, y esta es nueva.
—No seas aguafiestas. Y ¿en serio has malgastado dinero en algo así? Era una quemadura ínfima, Nora, por favor. —Vuelve a mi habitación riendo.
El conductor de Uber me envía un nuevo mensaje para informarme de que cancela mi viaje; acto seguido recibo la notificación de la aplicación y me quedo sumida en mis pensamientos.
El frío comienza a invadir mi apartamento; lejos de sentirlo un lugar luminoso, como hasta hace unos minutos, ahora me parece triste y oscuro, con una maleta lista para un viaje que no realizaré.
Me dejo caer en el sofá mientras mi fuerza interior se esfuma.
Esto me pasa por ilusionarme.
Me llevo las manos a la cara.
¡Seré estúpida!