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Nora
Apenas ha amanecido y ya estoy despidiendo a Max en la puerta de mi casa.
—¿Como voy a agradecerte que ayer arreglaras el fregadero?
Después de cenar, Max decidió enfrentarse otra vez al sifón y al trozo de tubería que había abandonado en la bolsa de basura, por seguridad. Lo limpió todo, lo encajó y ahora absorbe perfectamente.
—Me conformo con que luego vayamos a comer.
—Vale, pero invito yo.
—De acuerdo —acepta.
Nos besamos de nuevo; llevamos ya unos minutos alargando la despedida. Ninguno desea alejarse del otro.
—Más tarde te escribo —dice, y da un paso atrás, para salir.
—Vale.
Regresa a mí y volvemos a besarnos.
—Adiós —se despide, alejándose otra vez.
—Hasta luego.
—Hasta ahora.
Él baja las escaleras y yo cierro la puerta con una emoción nueva para mí. Me apoyo en ella y cierro los ojos, dejándome llevar.
¡Qué hombre…!
Ya que estoy levantada, debería aprovechar el día al máximo, así que pongo la cafetera a trabajar mientras ventilo y ordeno la casa. Siento una energía totalmente renovada, y se nota porque, cuando me acomodo frente al portátil y me pongo los auriculares, estoy ansiosa por continuar escribiendo.
Reviso la escaleta y tecleo en el Word como si las palabras me quemasen en los dedos. A media mañana ya he escrito mucho más de lo que suelo hacer en medio día.
¡Caray!
Decido tomarme un pequeño descanso navegando por internet: abro el periódico, bicheo en la web de una famosa cadena de librerías de Reino Unido y entonces veo el anuncio de una firma de libros.
El nuevo lanzamiento de su autor favorito.
¡A. N. Locker estará en Londres esta tarde!
Miro la pantalla con una sonrisa y el corazón acelerado.
Y es que tal vez no sepa aún qué hay exactamente entre nosotros, o cómo gestionar todo esto, pero lo que sí sé es que hoy quiero sorprenderle yo a él.