La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 41
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Nora

Hoy me he levantado relativamente temprano, lo que considero una pequeña victoria.

Mi humor ha mejorado, o al menos yo me siento con más fuerza y ganas que los días anteriores.

Me he duchado sin prisas, me he lavado el pelo y hasta me ha apetecido usar el skincare , que llevaba semanas acumulando polvo en la estantería del baño.

Después he preparado café y me lo he tomado mientras repasaba el contrato. La verdad es que todo concuerda bastante con mis expectativas y lo que cabría esperar de una editorial tan famosa. No van a andarse con triquiñuelas, está claro. Finalmente, lo firmo.

Eso me hace esbozar una sonrisa de oreja a oreja, y siento que mi energía se multiplica, de forma que me dedico a mis otras tareas pendientes.

La primera, poner la lavadora, porque la ropa sucia se desbordaba del cesto y amenazaba con conquistar el suelo del dormitorio.

Todavía me quedan prendas por lavar, pero… algo es algo.

Recojo la casa, cambio las sábanas de mi cama, ventilo mientras limpio todo, incluido el baño, y luego salgo a hacer la compra, como si recuperara poco a poco el control de mi (nueva) vida.

Dejo para el final pelearme con el fregadero, que sigue sin desaguar, pero incluso eso se me antoja menos frustrante que hace unos días.

Porque hoy… me siento distinta.

Menos aletargada, muchísimo más animada y, de alguna manera, en paz conmigo misma.

La vida me ha empujado a seguir un camino que me daba miedo pero también deseaba, y ahora estoy convencida de que es el correcto.

El timbre me saca de mi ensimismamiento, y casi voy dando saltitos hasta la puerta. Lo que no esperaba era encontrar al otro lado a un mensajero con un ramo de flores en tonos claros, elegante sin ser ostentoso.

—¿Nora O’Connor?

—Sí, soy yo. —Me entrega el ramo, dejándome estupefacta—. ¿Seguro que son para mí?

—Dudo que en esta dirección haya otra Nora O’Connor, ¿no crees?

Me extiende una tableta para que firme con el dedo y después sale pitando escalera abajo.

Por supuesto, las flores llevan una tarjeta, que rápidamente retiro para salir de dudas, aunque mi corazón ya aletea cual colibrí, pensando en un remitente muy concreto.

Siéntete muy orgullosa de ti misma. Siempre.

Max

Una enorme sonrisa se me dibuja en el rostro mientras releo la nota y vuelvo a mirar el ramo que sostengo entre los brazos, y que, por supuesto, no tiene ni una sola espina.

Pienso cómo ponerlo en agua, ya que… ¡no tengo un jarrón! No estoy acostumbrada a este tipo de detalles. Improviso uno con los botes de conserva y lo miro embobada un rato. Huele tan bien que mi casa, de pronto, resulta más acogedora gracias a la fragancia que desprende.

Me hago con el móvil y abro el chat con Max.

Nora:

Gracias por las flores.

Son preciosas.