La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 35
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Nora

A diferencia de mí, que llevo el vestido de ayer, Max se ha puesto más cómodo, con una camisa blanca y unos vaqueros que le sientan increíblemente. Tampoco me sorprende, porque no sé cómo lo hace este hombre, que, se ponga lo que se ponga, le queda bien.

El regreso a casa de Markus y Elise no lo hacemos en el Batmóvil, sino en un SUV enorme en gris antracita, en cuyas ruedas destacan los frenos rojos.

En el regazo llevo mi bolsito y la rosa, pues no podría olvidarme de ella. Me parece un detalle demasiado bonito como para dejarlo por ahí. Y en el maletero va la bolsa de chocolate, de la que tampoco podría olvidarme, obviamente.

De nuevo, Max entrelaza su mano con la mía mientras conduce, y el momento se me hace perfecto. Tal vez demasiado, porque la vida real no debería ser así de sencilla, ¿no?

En cuanto llegamos al piso, Elise no tarda en arrastrarme hasta mi dormitorio con la excusa de que necesito ponerme cómoda, pero yo sé que quiere detalles, tal y como yo hacía con ella cuando empezó a salir con Markus.

—Al final no viniste temprano, como tú decías…

Finge aclararse la garganta y yo pongo los ojos en blanco mientras me agacho a inspeccionar lo que queda limpio en mi maleta. Soy tan desastre que no lo he colgado en las perchas del armario.

—Venga, no te quedes ahí aparentando que no ha pasado nada, hazme un resumen. Aunque sea cortito. —Se tira sobre mi cama mientras me observa.

—No sé, Elise. —Elijo una blusa no muy arrugada y una falda vaquera—. ¿Qué quieres saber exactamente?

—Pues, si fue bien. O sea, intuyo que sí, o de lo contrario no hubieras pasado toda la noche fuera…, pero ¿a dónde te llevó? ¿De qué hablasteis?

—Vale, vale. —La interrumpo con un gesto para que no siga bombardeándome a preguntas—. Solo te diré una cosa, y no quiero que me preguntes al respecto ni que comentes nada, pero… —Hago una pausa. Mi amiga se mantiene expectante—. Fue la mejor cita de mi vida.

Pega un gritito y hace la croqueta sobre mi cama. De pronto repara en que yo me esfuerzo por contener una emoción diferente.

—¿Nora? —Viene hacia mí—. ¿Qué pasa? ¿Por qué te pones… triste?

—Porque… es perfecto. Pero él está a otro nivel y yo…

—Nora —me agarra por los hombros, haciendo que la mire— Para. Ahora mismo.

—No hablo solo de dinero o de… todo, en realidad. Él tiene las cosas claras, su vida hecha… y en cambio yo todavía estoy averiguando qué camino tomar.

Mi amiga me observa, seria.

—Siento contradecirte, pero Max no es perfecto, y tú tampoco, y eso os hace humanos a ambos. Así de simple. No hay niveles, ¿entiendes? Y te aseguro que, si los hubiera, a él le da igual.

Trago saliva.

—De cualquier manera, sería muy complicado. Y no puedo volver a romperme.

—Quizás todo resulte más simple que lo que crees, y solo sea lo difícil que vosotros queráis que sea.

Mi amiga me deja para que termine de cambiarme y, una vez que lo hago, salgo con los demás. Max está junto a su hermano tomándose una cerveza, pero, en cuanto nuestras miradas se cruzan, muestra esa sonrisa que reserva para mí, y yo no puedo evitar esbozar otra.

Y, por un instante, todo vuelve a parecer sencillo. Tanto que mi corazón desea quedarse aquí.

Y mi razón me avisa de que eso es lo más peligroso que puedo hacer.