La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 23
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Nora

Bebo un sorbo del café que ha preparado Max, agradecida de sentirme un poco más humana con solo probarlo.

—¿Haces esto a menudo? —pregunta él.

—¿Escribir en papel de cocina?

—No —ríe—. Quedarte hasta las tantas con tus historias.

—A veces —reconozco—. Ya sea con escenas que se me ocurren o cuando pillo una buena novela y soy incapaz de soltarla. Las letras son mi perdición, y tienen el poder de atraparme… por un lado o por el otro.

Max asiente sin dejar de sonreír.

—A mí me pasa con los libros. Me quedo leyendo hasta las tantas más veces de las que debería, así que te entiendo.

—Pues escribir es un poco lo mismo, pero añadiendo desesperación al asunto. Esa puede ser una forma bastante realista de describirlo.

—Me resulta muy atractivo ver cómo alguien se sumerge tanto en lo que ama.

Nos miramos en un silencio peligroso. Todo depende de cómo reaccione yo a continuación. ¿Hasta dónde estoy dispuesta a llegar?

—No digas esas cosas, que me… —Busco las palabras, pero no las encuentro. Al menos, no las que quiero transmitir—. Ya sabes…

—¿Que te qué, Nora? —Su sonrisa se vuelve más pícara.

Resoplo, frustrada conmigo misma.

—Que me hacen… pensar.

—Ya estás pensando —añade, sin apartar la mirada—. Y me gusta verte así.

El calor me sube a las mejillas, y bajo la vista a mi taza como si fuese lo más interesante del mundo. Bebo de nuevo, pensando en si el café podría salvarme de mí misma y de cuanto pasa por mi cabeza. Pero el «efecto Max» es demasiado potente.

—En fin… —Él desvía la vista hacia la ventana—. Voy a preguntarle a Markus qué planes tiene para lo que queda de domingo y a qué hora pretende que regresemos a casa.

Me percato de lo rápido que se me han pasado los días aquí. Tal vez debería aceptar la propuesta de Elise de quedarme más tiempo en Alemania.

Tal vez…

—Por cierto —agrega, señalándose con el dedo la mejilla derecha—. Tienes palabras calcadas en tinta azul por toda esta zona.

Max sale de la cocina y yo casi me caigo del taburete al procesar sus palabras.

Tierra, trágame…